Inmenso Bastardo N°6: «Espartaco» (1960), de Stanley Kubrick

Inmenso Bastardo N°6: "Espartaco" (1960), de Stanley Kubrick

Bienvenido a Inmenso Bastardo, la sección semanal en la que nos encargamos de explorar la historia del cine, pero con un detalle. Todas las películas que hablaremos en la sección duran 3 horas o más. En esta semana, continuaremos nuestro paso por las épicas de la edad dorada de Hollywood. Nos toca la enorme “Espartaco” (1960), protagonizada por Kirk Douglas y dirigida por nada más ni nada menos que Stanley Kubrick. Síganme, que no los voy a defraudar.

Por @nicobarak

El contexto, si vienen leyendo las notas, está más que claro. Un Hollywood imponente, que con miedo a la llegada de la televisión comienza a producir las películas más grandes de toda la historia. Todo eso, obviamente acompañado de una leve sensación de escapismo y de entretenimiento puro. En ese contexto, se lanzó “Ben-Hur” (1959), una de las superproducciones más grandes de toda la historia. Para esa película se hizo, obviamente, un casting a la altura del proyecto, por lo que una enorme cantidad de actores de gran renombre pasaron y probaron el personaje.

Inmenso Bastardo N°6: "Espartaco" (1960), de Stanley Kubrick

Para dar ejemplos, tipos como Marlon Brando, Paul Newman o Rock Hudson se presentaron al mismo. De entre todos ellos, quedó el no tan gran actor Charlton Heston, que se encontraba en su momento más alto de estrellato. Pero pará, podrás decir. ¿Por qué me estás hablando de “Ben-Hur” si dijiste que íbamos a hablar de “Espartaco”? Porque uno de los que se presentó al casting fue justamente Kirk Douglas, otra gran estrella de la época y padre de Michael Douglas, para los más alejados del mundillo. Kirk quedó realmente frustrado por la situación, y en consecuencia, se decidió por montar su propia “Ben-Hur”, pero sin religión y con él como protagonista.

Con su productora “Bryna Productions” compró los derechos de una novela similar y finalmente convenció a Universal Pictures de que le financiara y distribuyera el film. Universal, quien todavía no había tenido un gran éxito en esta moda de las superproducciones históricas, lo dejó a Kirk Douglas de productor ejecutivo para que tome decisiones, además de darle obviamente el papel protagónico de la historia. Pero, ya que hablamos de la historia, permítanme que hablemos de un detalle; La historia que cuenta y la persona que la escribió.

La novela homónima cuenta la historia de un esclavo llamado Espartaco en el año 71 A.C, que luego de una serie de circunstancias termina liderando una revolución para liberar a todos los esclavos de la antigua Roma. Espartaco era un gladiador, y entrenaba junto a otros gladiadores esclavos, hasta que un día se terminó dando cuenta de que juntos, eran mucho más fuertes que sus jefes esclavistas. La novela, lanzada en 1951, fue escrita por una persona llamada Howard Fast, quien, por si no se dieron cuenta con la sinopsis, tenía alguna que otra idea de izquierda. Esto, en 1951, era prácticamente ilegal.

Inmenso Bastardo N°6: "Espartaco" (1960), de Stanley Kubrick

Howard Fast, quien se había unido en 1943 al Partido Comunista de los Estados Unidos, fue enviado a la cárcel por negarse a declarar sobre sus ideales, a pesar de que intentara defenderse con una enmienda de la constitución estadounidense, que decía y dice que el gobierno no puede hacer leyes que prohíban religiones, ideologías o la libertad de expresión. Con el comienzo de la guerra fría, se podría decir que esta enmienda no fue muy tomada en cuenta. El novelista fue uno de los centenares de artistas llevados a declarar en una de las situaciones más bochornosas de toda la historia de la democracia estadounidense.

A veces, hasta se daba el caso de que ni siquiera eran comunistas. Muchos solo luchaban por el mero respeto de la constitución y la libertad de expresión, pero el gobierno perseguía y encarcelaba sin miedo a la opinión pública. Estrellas del renombre de Humphrey Bogart o Katharine Hepburn fueron también puestos en la lista por sus declaraciones en defensa de la libertad, y ningún estudio los contrataba a menos de que declaren en el congreso y den nombres de otros comunistas o cercanos a eso. Esto generó una grieta enorme en Hollywood, que rápidamente quedó dividida entre los soplones que mandaban a la cárcel a sus amigos, y los idealistas que iban a cumplir su condena en defensa de la libertad de expresión.

Cuando salían, todo estaba lejos de terminar. Desde la perspectiva de los actores, estos quedaban relegados a papeles menores o ni siquiera se los contrataba. En el caso de los guionistas, el proceso era un poco más complejo. En muchas ocasiones, estos guionistas continuaban escribiendo para los estudios, pero bajo seudónimos inexistentes, cosa que los grupos anticomunistas no los descubrieran y las películas pudieran continuar contando con guiones de calidad. Se les pagaba monedas en comparación a los sueldos reales, pero continuaban trabajando y pudiendo conseguir lo suficiente para sobrevivir todos los meses.

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En todo este contexto, Universal acepta la historia de “Espartaco”, y le envía el proyecto a un guionista también bastante rojo, llamado Dalton Trumbo, para que adapte la novela y la convierta en guion, aunque, eso sí, firmando bajo seudónimo y cobrando muy pocos dólares. Trumbo fue uno de los líderes de esta revolución por la libertad de expresión, quien cumplió su condena en la cárcel y luego escribió decenas de guiones con seudónimos varios, ya sea para películas de clase B como para superproducciones ganadoras del Óscar. Un dato curioso es que el señor Trumbo ganó dos de estos premios a mejor guion que no pudo ir a recibir, ya que estaban firmados bajo nombres inventados como Robert Rich o Ricky Martin. Bueno, ese último no.

Trumbo le entregó a Douglas una historia muy cuidada y con la cual ambos quedaron contentos. Luego de idas y vueltas el director contratado fue Anthony Mann, quien no duró ni una semana antes de ser echado por el propio Kirk. La dinámica de trabajo estaba planteada de una manera muy extraña, ya que a pesar de tener la necesidad de una cabeza que dirija el film y tome las decisiones creativas, terminaba sucediendo que lo que pasaba en el set de rodaje era comandado por el actor protagonista, que a su vez era el productor del film. Es después de todo ese rejunte de peleas, personas echadas y duelos de egos que a Kirk Douglas se le ocurre contratar a un joven director de cine, no tan conocido en esa época, pero que luego se convertiría en uno de los mejores directores de cine de toda la historia.

Stanley Kubrick ya había trabajado con Douglas en una película que él mismo produjo llamada “Senderos de gloria” (1957), en la cual, dicho sea de paso, ya habían tenido algunos encuentros poco gratos. Todavía Kubrick no era el director casi fascista que iba a hacer llorar a Shelley Duvall en “El Resplandor” (1980), pero su carácter comenzaba a tomar forma rodaje tras rodaje. Todo eso explotó en la producción de “Espartaco”. El problema era que se estaba gastando una increíble cantidad de plata en la producción del film, mucha de ella proveniente directamente de los bolsillos de Douglas, mientras que las obsesiones de Kubrick por hacer una película profunda e interesante daban más y más problemas. Y si, también le gustaba filmar muchas tomas. Muchas.

Inmenso Bastardo N°6: "Espartaco" (1960), de Stanley Kubrick

Otra de las peleas que se tuvo fue en torno a el guionista del film. Kirk Douglas estaba seguro de querer terminar con la lista negra y poner en los títulos del film el nombre real de Dalton Trumbo, mientras que Kubrick no lo veía muy claro. Finalmente, Trumbo fue oficialmente acreditado y se conoció a Kirk Douglas como “el que terminó con la lista negra de Hollywood”. Aun así, en la afirmación que acabo de decir, hay que poner un asterisco.

La familia de Trumbo nunca estuvo muy agradecida con Douglas, y en todas las declaraciones que han hecho dicen que básicamente, se colgó de una causa que nunca fue suya y de que en realidad Douglas lo acreditó porque Trumbo ya había firmado un contrato para la película “Éxodo” (1960) que iba a ser lanzada a posteriori y ya con su nombre real en los títulos. Entendiendo eso, todo lo relacionado a su heroica historia de cómo derrocó a la industria debería ser tomado con pinzas, y honrar con mayor nombre a tipos como Dalton Trumbo que literalmente fueron a la cárcel en defensa de la libertad de expresión, y no actores que se cuelgan de causas ajenas cuando la causa ya estaba ganada. Mucha política, ¿no? Aflojemos.

Sería correcto pensar que la película terminó siendo un desastre, pero el resultado está muchísimo más lejos de la palabra desastre que lo que se podría pensar. Siendo de una liga menor en comparación a las obras maestras como “Ben-Hur” o “Los diez mandamientos” (1956), la calidad final de “Espartaco” fue increíblemente alta. Recordemos que el presupuesto fue continuó siendo enorme, y las interpretaciones de lujo en actorazos como Tony Curtis, Laurence Olivier, Charles Laughton o el mismo Kirk Douglas son probablemente uno de los puntos más destacables. Las ideas revolucionarias dentro del film también ayudaron a dotarlo de un tono épico muy distinto al de sus contemporáneas, que fue de agradecer. El público terminó yendo muy emocionado a las salas, a pesar de toda la presión política que hubo de parte de algunos sectores conservadores que intentaron boicotear el film. El presidente electo del momento, John F. Kennedy (Jack para sus amigos) fue al estreno de la película y su apoyo al mismo ayudó mucho a apaciguar las presiones anticomunistas.

También, la película era efectivamente enorme. Los decorados estaban a la altura, el guion de Trumbo era algo muy bien cuidado y la dirección de el joven Kubrick terminó dotando de un dinamismo a la película que ayudó mucho a que sea este éxito en la crítica y en la taquilla, algo bastante infrecuente hasta nuestros días. A pesar de eso, ni Stanley Kubrick ni Kirk Douglas terminaron contentos con lo que quedó, y en entrevistas posteriores han renegado continuamente sobre la calidad del film. Desde mi punto de vista personal, difiero con la opinión del maestro, ya que “Espartaco” es al fin de cuentas una obra entretenida e interesante, entendiendo el contexto. En el caso de Kubrick, tomó todo el proceso como aprendizaje para nunca más dirigir una película en la cual no tenga el completo control creativo de la misma. Su posterior carrera le terminará dando la razón.

Inmenso Bastardo N°6: "Espartaco" (1960), de Stanley Kubrick

En conclusión, “Espartaco” resultó en una película rodeada de política, pero que en su interior era mucho más entretenimiento que arte. Hoy quizás sea más valioso recordarla como una de las piezas fundamentales de la caída del macartismo y la persecución política en Hollywood, pero este título no le quita su valor como película y obra artística, gracias a sus personajes y su dirección. Aun así, poco a poco vamos viendo que el hacer películas grandes comienza a tener consecuencias importantes en la producción de las mismas, y estamos cada vez más cerca del fin de esta época tan alta presupuestalmente hablando. Porque si, todo lo que brilla puede ser oro. Pero el oro a veces es demasiado caro.


Título original: SpartacusInmenso Bastardo N°6: "Espartaco" (1960), de Stanley Kubrick (1960)

Duración: 196 minutos

País: Estados Unidos

Dirección: Stanley Kubrick

Guion: Dalton Trumbo (Novela: Howard Fast)

Música: Alex North

Fotografía: Russell Metty

Reparto: Kirk Douglas, Tony Curtis, Laurence Olivier, Peter Ustinov, Charles Laughton, Jean Simmons, John Gavin, Nina Foch, Herbert Lom, John Ireland, John Dall, Charles McGraw, Joanna Barnes, Harold J. Stone, Woody Strode, Peter Brocco, Paul Lambert y Nick Dennis

Productora: Bryna Productions y Universal Pictures

Género: Aventuras. Acción

Sinopsis: Espartaco era un esclavo tracio que fue vendido como gladiador a Léntulo Batiato. En Italia promovió y dirigió la rebelión de los esclavos (73-71 a.C.) contra la República romana. A medida que recorrían el país, innumerables esclavos se iban sumando a la rebelión. Espartaco intentará llegar con su ejército al sur de Italia para poner rumbo a sus hogares.

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