[REVIEW] El maestro del yin yang: El sueño de la eternidad

QingMing, el maestro del Yin-Yang, cumple la promesa que hizo a su mentor y acude a la ciudad de Tiandu para asistir a la ceremonia celestial.

Por @mauvais1

Ya desde el comienzo, la figura del director y escritor del film, Guo Jingming, es bastante controversial en su país de origen, China, puesto que varios de sus escritos fueron denunciados como plagios de otros autores, cosa que quizás aquí no sea más que una anécdota, pero que no deja de hacer un sordo ruido bajo la superficie de «El maestro del yin yang: El sueño de la eternidad». Cuando surgieron las acusaciones en torno a su figura, la discusión enfrentó a quienes lo describen como un excepcional escritor incomprendido contra aquellos que solo lo consideran como un mero «producto de la sociedad comercializada».

Es allí donde más se refuerza la sensación que el largometraje deja en nosotros una vez terminado. La historia de por sí, no dista mucho de lo visto o leído en la celebre leyenda de la serpiente blanca, mito de la cultura china que ha sido una y otra vez adaptada a lo largo de la historia. De hecho, la «alta fantasía» de las cinematográficas modernas o «Xianxia», como se le describe en su propia lengua, basadas en novelas recientes, no son más que relecturas de muchos de los mitos y aspectos de las religiones que se profesan en esas tierras. La «Religión popular china» y su multiplicidad de dioses, el Taoísmo, el Budismo, han dado una infinidad de relatos que se atesoran y transfieren, dotados de nuevos rostros y  transfigurados con nuevos elementos. Se nos viene a la cabeza «Dragon Ball» y las historias de «Viaje al Oeste» y el mítico mono «Sun Wukong» por dar un ejemplo.

Pero hay algo que el género desarrollado en el cine parece haber olvidado en el camino,  o por lo menos minimizado, con respecto a las publicaciones literarias que tanto frecuentan hoy en día. Y eso es la historia emocional/sentimental que sus personajes atraviesan en el relato. Los protagonistas son, por utilizar el término que usan los anglosajones a la traducción de «xiūxiānzhě», cultivadores; una suerte de estudiantes de las artes mágicas con las que lograrán su trascendencia espiritual para llegar a la siguiente fase de maduración mística. De demonios a dioses, de dioses a hombres, de dioses a nada y el Nirvana final. Las historias, complejas y de varios protagonistas, son en realidad lecciones de superación personales e introspectivas y un aprendizaje a través de disciplinas como la meditación, las artes marciales y las experiencias afectivas con otros, amor, venganza, hermandad, etc.

Pero entonces, qué nos molesta de producciones como esta? o, porque no,«Three Lives, Three Worlds, The Pillow Book» (película – 2020), «Double World» (2020), «Feng shen bang» o Liga de dioses (2016)?. Pues dada la celebridad con están contando hoy en día tales producciones,  gracias también a los dramas televisivos del mismo género como «Eternal Love», Ashes Love» y «The Untamed», las películas se piensan también para el mercado internacional, y debido a los abultados presupuestos y a la ingente cantidad de FX y CGI, se las vende como films de acción. De espadas y brujerías, de acción fantástica que apela al revuelo de espadas y arcos para atrapar, desluciendo el acervo espiritual que subyace. «The Yin-Yang Master: Dream of Eternity» está tan abarrotado de lugares comunes, de escenas chillonas y sobre explicaciones que desbalancea hasta marear.

Iniciada como un interesante thriller de misterio, donde todos los protagonistas son los posibles antagonistas de la historia, se diluye en un arrebato colorido de idas y vueltas que confunden, que abruptamente explican para dar paso al siguiente acto, y que olvida a su paso el desarrollo no solo de los personajes, sino también el de sus relaciones. Las amistades y amores descritos son anécdotas titubeantes que se insinúan en algunos casos y refuerzan sin sentido en otros. Ciertamente, a partir del segundo acto, las posibilidades de conocer los por qué de las perspicacias entre los protagonistas o sus diferencias morales y éticas son supeditadas a escenas que malamente cuentan, más que mostrar.

El amigo de los demonios, la víctima de estos, la historia de amor que se remonta a siglos y los enrevesados litigios palaciegos ahogan a su vez la trama principal, la tan mentada serpiente bellaca y su liberación de la prisión espiritual a la que fue sometida. Una criatura capaz de destruir el mundo. Entonces la trama apocalíptica y de desastre inminente se entorpecen hasta no causar la más mínima urgencia en el espectador.

Entonces, volvemos al «producto de la sociedad comercializada» con que iniciamos esta review, porque realmente parece pensado para deleitar con ese abultado y chillón CGI, en detrimento del desarrollo de los personajes y sus relaciones. Más aún cuando intenta sensibilizar al espectador con tanta estampa de amores truncos y bromance de los protagonistas. Claramente es pensado para el público internacional, pero mal ejecutado cuando se cree que la acción por la acción misma sostendrá un drama de fantasía que bebe directamente de sus fábulas, mitos y literatura, a la que no todos han accedido. Y claro, no podrán seguir en sus intrincados homenajes que resultan un despropósito. Hay escenas que caen, sin planteárselo, en parodias de su espiritualidad, de las lecciones filosóficas/éticas ante las decisiones y sus consecuencias.

Cada personaje surge y regresa al anonimato sin cambio alguno, sin heridas o revelaciones, dejando un extraño cabo suelto tras un largo y repetitivo epílogo, que daría para esperar una secuela. Un cine mainstream en su peor definición.


Título: El maestro del yin yang: El sueño de la eternidad (The Yin-Yang Master: Dream of Eternity – 2020)

Guion y Dirección: Guo Jingming

Reparto: Mark Chao, Allen Deng, Jessie Li, Wang Duo, Olivia Wang

Productora: Hehe Pictures, Zestful Unique Ideal, Thinkingdom Pictures, Shanghai Film Group (Distribuidora: Netflix)

El maestro del yin yang: El sueño de la eternidad comienza con el joven maestro del yin y el yang Qingming (Mark Chao) de viaje a la capital por orden de su maestro para asistir a una ceremonia celestial. Qingming recibe el encargo de encerrar para siempre a una serpiente demoniaca y evitar que despierte tras 300 años de letargo para atormentar al pueblo. Sin embargo, la recién liberada serpiente demuestra ser extremadamente poderosa. Así, Qingming se aliará con un guerrero llamado Boya (Allen Deng), la maestra Nanjiang (Jessie Li) y el maestro Heshou del Observatorio Imperial para acabar con el demonio. En medio del caos y el desasosiego, una conspiración de proporciones colosales que implica a la princesa (Wang Ziwen) empieza a salir a la luz.

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Aguanto los trapos a Jordi Savall. Leo ciencia ficción hasta durmiendo y sé que la fantasía es un camino de ida del que ya no tengo retorno.

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