[REVIEW] Centauria: Un brillante relato iniciático para niños

Una pequeña joya animada acaba de estrenarse en Netflix y aquí te contamos por qué creemos que vale la pena verla.

Por @mauvais1

Particularmente la década de 2010 nos dejó varios ejemplos de la reconversión que las series animadas estaban transitando. Por un lado, retomando o, tal vez mejor dicho, rediseñando el slapstick con que se había caracterizado en su historia y por otro dándole profundidad a los relatos que los personajes desarrollaban a lo largo de los episodios y temporadas.

El juego de «humor físico» comenzó a tener un trasfondo sofisticado, si se nos permite el termino, dando al personaje una razón para su comportamiento. No era solo un loco con acciones ridículas porque sí, más bien había una historia a ser descubierta que lo hacía especial. Lo que en un momento causaba gracia, en el devenir del relato era interpretado y develado al público como algo más profundo y complejo.

Hay por supuesto una historia detrás que retrotraerá a títulos de décadas pasadas, «Ben 10» o «Las maravillosas desventuras de Flapjack», «Samurái Jack» de comienzos de 2000 y a proyectos más contemporáneos como «Adventure Time with Finn & Jake» de Pendleton Ward, «Steven Universe» de Rebecca Sugar, «Gravity Falls» de Alex Hirsch, la mucho más infantil «Galaxia Wander» de Craig McCracken, y la inigualable «Más allá del jardín (Over the Garden Wall)» de Patrick McHale.

Por otro, la serialización de la historia, más allá de la aventura diaria, del equipo en su conjunto o del protagonista individual, recorría un proceso de iniciación y descubrimiento plantado a lo largo de los episodios. Objeto de amor incondicional que, al día de hoy, las plataformas streaming están teniendo con las series. El producto ahora cuenta con una continuidad inmediata que crea y mantiene a un público fiel. La serie por lo tanto, siendo hija de las nuevas entregas de temporadas completas como suele hacer Netflix,  se toma el tiempo de desarrollar la historia, de diseccionarla a largo plazo, manteniendo el gancho en el espectador y construyendo a varios personajes que a su debido tiempo tendrán su momento protagónico.

Cr. COURTESY OF NETFLIX © 2021

Pero volvamos; no repetiremos el despectivo mantra de que «ahora la animación infantil toma más en serio a los infantes», porque suena a una ridiculez mayúscula si trazamos su historia hacia el pasado y vemos que siempre se cuidó tanto al mensaje como al mensajero; aunque si podemos advertir que actualmente varios temas son abordados sin los prejuicios con que se hacía antes, dando más riqueza y fondo a los personajes y sus historias. Identidad de género, trastornos psicológicos, familias ensambladas u homoparentales están presentes y con la adición de un desarrollo emocional más profundo, el abordar lo negativo de la personalidad y tras convivir con ello, deconstruirlo.

Netflix ha hecho de «Kipo y la era de los magnimales» de Radford Sechrist, «She Ra« de Noelle Stevenson, la bellísima «Hilda» de Luke Pearson, «Príncipe de los dragones« de Aaron Ehasz y Justin Richmond – por mencionar solo algunos -, su estandarte de esto. El streaming no solo da la posibilidad de explotar la continuidad de la serie, sino también la profundidad de los temas.

«Centauria» (Centaurworld) de Megan Dong viene, después de este largo prólogo que ha transitado pacientemente el lector, a dar continuidad a esta línea de construcción. Y lo hace con una tremenda carga no solo de acción, sino también de una comedia física hilarante que roza lo lisérgico. La protagonista es Horse (caballo) una yegua entrenada para la guerra que pierde a su jinete en medio de la batalla cuando un objeto mágico la envía a un universo paralelo donde puede hablar y hacer nuevos amigos. Centauria es, como el nombre lo indica, un mundo de diferentes tipos de centauros- cuerpo de animal y torso «humano»- que pueden ser desde llamas o alpacas, cebras, jirafas, gacelas hasta ardillas, osos o demás animales.

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Este universo, perfecto en color y armonía, es completamente diferente de ese del cual Horse proviene, uno devastado por las guerras, arruinado por el paso de los minotauros- villanos de la serie -. Aquí ella iniciará el camino de regreso a su jinete y librará las batallas por venir. Estos nuevos compañeros son Wammawink, la carismática y sobreprotectora líder de la manada; Zulius, mitad cebra el adonis narcisista; Durpleton, mitad jirafa y mitad culturista algo tonto y de buen corazón, Glendale, mitad gacela con problemas varios, siendo la cleptomanía la más acuciante y el pajarillo Ched, con serios problemas de ira. Todos ellos viven en una burbuja mágica en un valle.

Claro que la llegada de Horse dará comienzo al viaje de todos fuera de ese pequeño e idílico paraíso, llevándolos a enfrentar a sus miedos, y pasado por descubrir. La historia del viaje del héroe, la saga inmortal ya tantas veces retratada, pero esta vez narrada a pequeños en un musical (ah sí, lo olvidábamos, es un brillante musical) de diez episodios de entre veinte y treinta minutos cada uno.

El viaje es significativo en cuestiones internas del personaje, al que se invita a tomarse las cosas menos en serio esta vez. Es decir, a Horse se instruye en otras cuestiones además del deber marcial y la constante lucha. Se le relata también la posibilidad ser feliz, alegre y positiva, de cultivar las relaciones interpersonales sin miedo. A dejar que los sentimientos afloren sin inhibiciones y permitirse ser natural, de expresarse sin prejuicios.

La búsqueda de las piezas para abrir el portal, se convierte en una serie de postas que hará que cada uno dentro de la manada sea un poco más genuino, menos temeroso de lo que es o lo que puede generar en los demás. Para esto, juntos enfrentan en sus aventuras a los temores típicos que son el reservorio de sus almas, reflejos de sus angustias. El trauma del sobreviviente, la alienación, el trabajo en equipo, la confianza.

El diseño de los personajes, a cargo de Alex Myung (Arrival, Steven Universe) logra maravillas en la coexistencia de dos mundos, el primero con un abordaje más realista y cercano a las series de acción animadas, anguloso y de colores más desaturados; y el otro más lúdico, con una propuesta brillante, colorida y redondeada. Es la inmersión de la protagonista en un universo donde todo es posible, contado desde humor «slapstick» de, por ejemplo, los «Looney Tunes».

Cr. COURTESY OF NETFLIX © 2021

Por otro lado, la selección musical, con los temas que cantan los diferentes personajes, escritos por Megan Nicole Dong y Toby Chu (Bao, Stillwater) es una maravilla de referencias y los estilos y formas son utilizados como conductos sobresalientes de lo que se quiere expresar. En el episodio 7 «Johnny Teatime’s Be Best Competition: A Quest for the Sash» hay un claro homenaje a Cats (Andrew Lloyd Webber) y en el valle del Osotauro, del capitulo 5 «It’s Hidin’ Time», se canta música country, por solo dar dos ejemplos.

«Centauria», más allá de su sencillez, encierra un magnífico trabajo de animación tradicional y su utilización está al servicio de un divertimento alocado, que en varias ocasiones trasciende al target en su humor de chistes muy adultos, pero que establece una aventura con ritmo y originalidad en su búsqueda de hacer reír y reflexionar a los pequeños. Ciertamente merece una segunda temporada, que lamentablemente establecen desde el inicio, dado el hábito tan en boga por estos en días, pero no por eso desmerece- como ha sucedido en otros proyectos de Netflix- su detallada construcción de este maravilloso universo. Es familiar, es épico y también lo suficientemente alocado como para ser de lo mejor que ha estrenado la plataforma en este estilo.


Título: Centauria (Centaurworld – 2021)

Dirección: Megan Dong (Creadora)

Guion: Megan Dong, Meghan McCarthy

Música: Toby Chu

Reparto: Kimiko Glenn, Megan Hilty, Parvesh Cheena, Josh Radnor, Megan Nicole Dong, Chris Diamantopoulos, Jessie Mueller

Una curtida yegua de guerra acaba muy lejos del campo de batalla, en un lugar habitado por alocados centauros cantarines de todos los tamaños y colores imaginables.

Acerca de Marco Guillén 3376 Articles
Aguanto los trapos a Jordi Savall. Leo ciencia ficción hasta durmiendo y sé que la fantasía es un camino de ida del que ya no tengo retorno.

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