[REVIEW] Nocturna (Lado B): Donde van a morir los elefantes

Una mujer narra la última noche en la tierra de un hombre de 100 años que lucha por la redención de las fechorías de su vida.

Por @mauvais1

He de comentar que aún no he visto Nocturna (Lado A): La noche del hombre grande y descubro intrigado que existe un Lado B de la misma, titulada Nocturna: Donde van a morir los elefantes, también escrita por Gonzalo Calzada y co-dirigida junto a Lucía Valdemoros y Agustín Barrutia. Un extraordinario experimento fílmico que, simulando el super 8, retrata las memorias de los personajes que habitan el film «comercial» -por llamarlo de alguna manera- estrenado recientemente en salas. Ambas perfectamente compatibles como independientes.

Fascinante es poco. Este escritor, guionista y director, realizador de Resurrección (2015) y Luciferina(2018), la primera entrega de una trilogía de la que aún esperamos esperanzados sus secuelas, regresa con sus conocidos protagonistas. Esos forasteros, huidos y olvidados que narran el mundo desde su perspectiva y nos introducen esta vez en la subjetiva fragmentación de los recuerdos de ancianos, fantasmas y otros habitantes de un universo plagado de ciclos, repeticiones y fugas.

En el verborrágico prólogo con que iniciamos el viaje, se asientan los temas y se establece ese universo que no es más que la memoria de todos, fragmentos de recuerdos construidos por ajenos que se cuelan y desbordan en una aliteración morbosa, donde se hace burla de la imagen tradicional de la «memoria de elefante». El juego es pardo, roto, deslucido y por momentos incoherente- que no inentendible -. Hay un niño que se olvidan y un anciano que recuerda ese silencio de la soledad, tal vez solo como una imagen sin sentido en su propio extravío.

Recuerdo haber leído la novelización, o tal vez la novela que lo inició, no lo sabemos, de Resurrección (publicada en 2015, el mismo año en que se estrenó de la película), y si usted, mi querido lector, es un entusiasta del film homónimo como yo, encontrará que la lectura la iguala, tal vez, la supera. La pericia del autor en escribir el relato gótico de una Buenos Aires al borde de abandonar el colonialismo es una referencia obligada aquí, porque una vez más será el relato, la prosa de este en la voz de ella, el hilo conductor que dará consistencia a las imágenes que se suceden sin control como si de la cabeza del pobre viejo se tratara.

La voz intenta dar sentido, (co)relato,  a lo que el espectador encontrará en Nocturna. Lado A: La noche del hombre grande. Para esto, el director jugará con las reproducciones de escenas hasta que el mismo espectador lo halle. Hay horror e incordio, pero sobre todo la sensación de tristeza, mugre, y desolación. Hay momentos sugestivos y bien expuestos; los hay confusos también, pero que ganan en lo atrevido de la propuesta.

Las voces, la omnisciente y la de los protagonistas se entremezclan, se retuercen como esas secuencias una y otra vez accionadas hasta que una es fantasma visual de la otra. Es extraña, y personal, hipnótica. Resulta intrigante este documental mental de un anciano que parece exhumar los recuerdos, pero sin saber a cual tumba pertenecen. La desesperación y el absurdo, sin mística alguna, sin redención o caída, solo un proceso kafkiano sin moraleja.

Tendré que admitir que soy un entusiasta del director porque cuando el relato, en cualquiera de sus filmes, se vuelve confuso o redundante, es en su imaginería visual donde salva cualquier obstáculo como sucede en este caso. El super ocho, la imagen sucia y deslucida, la ironía del elefante y su memoria, que más bien parece hablar sobre el cementerio, que el mito dice, recuerda donde hallarlo. Y que parece aquí lo único que bien entiende Ulises, como si todo se borrara a su alrededor cada vez que lo piensa y solo queda eso, la memoria del sitio donde todos terminan cuando se presenta la muerte. Este Ulises, Odiseo, viaja a través de su infierno laberíntico que son sus sesos secos y centenarios.

Los fantasmas, esos que recién inician su periplo y aquellos que ya están instalados desde antes de comenzar el relato, no son solo sombras o memorias atrapadas en los cuartos. Aquí, sin romanticismo mediante, son seres que olvidan que son eso. Criaturas conchabadas en las oscuridad de ese viejo quieto y perdido en el descanso de las escaleras. Voces rugientes de muertos.

Ya no diremos más, sí que es toda una experiencia, extraña, conmovedora y por momentos vocinglera. Pero Gonzalo Calzada, Pepe Soriano y Marilú Marini bien valen la experiencia.

PUNTAJE: 9/10


Título: Nocturna. Lado B: Donde los elefantes van a morir

Guion y Dirección: Gonzalo Calzada

Reparto: Pepe Soriano, Marilú Marini, Lautaro Delgado, Desirée Gloria Salgueiro

Productora: Coruya Cine, La Puerta Cinematográfica. Distribuidora: Breaking Glass Pictures

Una mujer narra la última noche en la tierra de un hombre de 100 años que lucha por la redención de las fechorías de su vida.

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Aguanto los trapos a Jordi Savall. Leo ciencia ficción hasta durmiendo y sé que la fantasía es un camino de ida del que ya no tengo retorno.

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