[REVIEW] Duna

Denis Villeneuve dirige y escribe la adaptación a la pantalla grande del clásico de ciencia ficción escrito por Frank Herbert que llega a los cines argentinos el próximo jueves 21 de octubre.

Por @mauvais1

Una de las tantas características atractivas del universo desarrollado por Frank Herbert, en su saga galáctica Dune, es la relectura que hace sobre el proceso del héroe, de qué tanta necesidad tiene la humanidad de uno, y de las consecuencias que genera cuando al finalmente llega.

Todo ese mar de intereses políticos, dominación imperialista, pueblos esclavos, naciones luchando por el balance de poder y la estratégica evolución del ser humano que fantaseaba el autor, hacían del relato algo casi imposible de adaptar a unas pocas horas de metraje y ni siquiera las producciones televisivas lograron un control total sobre todos estos temas.

Denis Villeneuve entendió desde el comienzo la vastedad de Dune, las diversas tramas y decenas de personajes que la pueblan, llevando cada uno su propia agenda. En su primera entrega, no hay dudas de que la grandiosidad es el elemento tanto aglutinante como destacado, y refuerza esa espectacularidad que el autor sutilmente abordaba como trasfondo de una historia de surgimiento, un coming of age que daba paso al turbulento amanecer de una nueva era humana diez mil años en el futuro.

Esa enormidad, en realidad no hay palabra que se ajuste más adecuadamente a lo visto en cada escena, da inicio a una aventura que, aunque plagada de personajes, se ajusta a las vivencias de Paul y es desde su perspectiva que será vista. Porque este será el instrumento con que la audiencia irá descubriendo los detalles tanto de la trama como de sus protagonistas. Es acertado y elocuente, aunque desde el inicio el adolescente de 16 años aproximadamente, ya está atormentado por todo lo que vendrá. El viaje de Paul va desde hijo de un duque en apuros políticos a futuro líder de una revolución, y los cambios en el Paul Atreides de Timothée Chalamet solo serán de penumbrosos a oscuros, lo cual deja afuera a cualquier especulación sobre un desarrollo profundo de la psiquis del personaje.

El guion del film, escrito por Eric Roth y Jon Spaihts junto con Villeneuve, parece estar más concentrado en la construcción del futuro que en proponer antecedentes del mismo. Pesado, ominoso y circunspecto es Paul, como también su madre, la amante del duque, Lady Jessica y el mismo duque Leto Atreides. Todos ellos cargan visualmente con lo funesto de su destino y todavía el espectador ni siquiera sabe sobre los problemas que vendrán.

Los personajes, cada uno de ellos, son comparsas en una gigantesca puesta en escena de un drama, sin alegorías o simbolismo alguno. Postal tras otra son los escenarios de interiores y exteriores que se proponen como lo magnifico a descubrir. Siendo además apenas un prólogo de la historia, el esbozo que dará comienzo al desarrollo del personaje protagónico. La escuela de Paul comienza cuando cruza caminos con el naib Stilgar y Chani, ambos fremen libres del desierto.

A la familia Atreides le es asignado el feudo de Arrakis, el planeta desértico y único sitio donde se cultiva la especie, la droga geriátrica que es base económica del imperio universal. ¿Por qué es tan importante? Porque con ella se realizan los viajes espaciales, con ella se consigue ampliar la mente y la longevidad de los humanos, y es instrumento de poder en manos de la «Cofradía Espacial», que en el film apenas se menciona, como es el caso del emperador Shaddam IV Corrino y su familia. Duna, como es conocido el planeta Arrakis, estuvo gobernado por 80 años y hasta ese momento por los Harkonnen, cuyo titular es Glossu «LaBestia» Rabban, lugarteniente del Barón Vladimir Harkonnen. Un horrendo mandato cargado de todo tipo de excesos.

En el film, la lucha se supedita a las casas Atreides y Harkonnen y, por lo tanto, el balance que peligra es inexistente. Nada de la amenaza que se menciona supera a las vidas de los protagonistas, y entonces la grandiosidad de las imágenes resulta hueca, ya que estas muestran qué es lo que está en conflicto, pero no para quienes o por qué.

Una y otra vez resuenan en los diálogos la inquietud por el futuro, lo funesto, lo conspiranoico de toda la trama; a la vez que lo introspectivo con que se quiere dotar al film, siendo expuesto en ese poderoso imaginario visual y con rostros en sombras o ceñudos, no llega a transmitir el cataclismo que acontecerá. La verdadera futilidad con que se adentran en la trampa, que bien entienden, no tiene lugar aquí, no hay espacio para los pensamientos, los miedos o el coraje de los protagonistas. No hay lugar para ninguna humanidad rota ni para el quebrantamiento de la honorable inocencia que pregonan los personajes.

Las escenas de acción, promediando el film, son ciertamente un aditivo que da empuje al circunspecto tono con que este inicia, pero entonces se precipita hacia un final que aunque no anticlimático, sí deja más expectativas que satisfacción, como si de un piloto televisivo se tratara.

Las dos horas y media están plagadas de detalles y fanservice para los lectores asiduos del universo Dune, con referencias a hechos pasados de la casa Atreides y su historia cercana. Y con un giro dado a la presentación del Barón Vladimir Harkonnen, con quién construyen el villano por antonomasia y un antagonista capaz de rivalizar con lo que Paul será a partir de su educación Fremen. Todo construido para futuras entregas y supeditado a la aprobación del público.

Dune, de Denis Villeneuve, levanta la space opera en un nuevo nivel, lo acerca a la épica de Lawrence of Arabia (1962), en la que no se subestima el drama subyacente en una obra de género como esta. Intenta sin mucha suerte una construcción shakesperiana sobre los personajes, abordándola con la majestad de una ópera Wagneriana y volviéndola tan enorme como exquisitamente bella, pero de poco desarrollo en los protagonistas.

De todas maneras, Dune es un blockbuster que a su vez contiene y habilita una ciencia ficción capaz de trascender al puro divertimento ya conocido de batallas espaciales y rayos laser a mansalva, mostrando que el género puede contener un drama más profundo y cercano al estudio de personajes. Es una pena que, aunque es solo la primera entrega de una duología, no pueda contenerse a si misma y dar la satisfacción que necesita el drama que relata. Porque Dune también es un extenso prólogo colmado de expectativas.

PUNTAJE: 8/10


Título: Duna (Dune  – 2021)

Dirección: Denis Villeneuve.

Guion: Eric Roth, Denis Villeneuve y Jon Spaihts. NovelasFrank Herbert.

Música: Hans Zimmer.

Fotografía: Greig Fraser.

Reparto: Timothée Chalamet, Rebecca Ferguson, Oscar Isaac, Josh Brolin, Jason Momoa, Stellan Skarsgård, Zendaya, Javier Bardem, Sharon Duncan-Brewster, Charlotte Rampling, Chang Chen, Stephen Henderson y Dave Bautista.

Arrakis, el planeta del desierto, feudo de la familia Harkonnen desde hace generaciones, queda en manos de la Casa de los Atreides después de que el emperador ceda a ésta la explotación de las reservas de especia, una de las materias primas más valiosas de la galaxia y también una droga capaz de amplificar la conciencia y extender la vida. El duque Leto (Oscar Isaac), la dama Jessica (Rebecca Ferguson) y el hijo de ambos, Paul Atreides (Timothée Chalamet), llegan al planeta con la esperanza de recuperar el renombre de su casa, pero pronto se verán envueltos en una trama de traiciones y engaños que les llevarán a cuestionar su confianza entre sus más allegados y a valorar a los lugareños, los Fremen, una estirpe de habitantes del desierto con una estrecha relación con la especia.

Acerca de Marco Guillén 3499 Articles
Aguanto los trapos a Jordi Savall. Leo ciencia ficción hasta durmiendo y sé que la fantasía es un camino de ida del que ya no tengo retorno.

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