[REVIEW] La Crónica Francesa: Una astuta respuesta

Ya sea una astuta respuesta o una extraña casualidad, el director de cine Wes Anderson acaba de estrenar la película más Wes Anderson que jamás haya hecho. Pateada por la pandemia, llega esta semana a los cines nacionales La crónica francesa, que en su hora y 48 minutos de duración encapsula, para gusto o no del espectador, una visión de mundo.

Por @nicobarak

En esta realidad polarizada en la que vivimos no es extraño encontrar situaciones en las que se debe ser hincha de un club de futbol o de otro, inmerso eso si en el seno del pensamiento y el análisis cinematográfico. Wes Anderson, como muchos otros (con o sin razón) es victima de este mismo fenómeno, y se podría decir que con su reciente film, ya se lo podría considerar partícipe de esa misma acusación.

Su estética se mantiene impoluta. Las simetrías que se proponen en el film están probablemente en su punto más avanzado. El espacio que se construye es activamente artificial y, de alguna manera, está constantemente recordándonos que estamos viendo una película. Cada plano es, como se imaginarán si vieron alguna película previa, un cuadro, pero no como lo podría haber hecho Stanley Kubrick o Alfred Hitchcock. Cada plano reboza artificialidad, los decorados se muestran como decorados y los colores se saturan sin pensarlo dos veces.

Un ejemplo claro del fenómeno sucede en un momento del film, breve, en el cual la acción pasa a ser animada, como en aquella icónica secuencia de Kill Bill (2003) dibujada con el estilo del manga japonés. En este caso, los dibujos animados repiten y enfatizan lo propuesto en las escenas de actores de carne y hueso. Constantemente la animación se comporta al opuesto de lo que podría resultar en las películas animadas de Pixar o Dreamworks que buscan construir un espacio digital en el cual el espectador quede inmerso. La animación de Wes Anderson se separa de la realidad.

Vemos dibujos con sus líneas y su animación “de vieja escuela”. La construcción de esos planos se hace, eso sí, con la misma mano y atención al detalle que en las secuencias filmadas, pero aquí queda aún más claro que no estamos metiéndonos en un mundo para vivirlo y entender el nuestro. Estamos en nuestro mundo, nuestro mismísimo espacio que habitamos todos los días, viendo una película dirigida por Wes Anderson, que piensa determinadas cosas sobre el mundo en el que vivimos, y para demostrar lo que piensa, crea un mundo nuevo.

Este mundo nuevo tiene, obviamente, relaciones y semejanzas con el mundo que vivimos, pero no lo es. Sus personajes tienen una pureza inmaculada, que aún con sus errores, demuestran constantemente su alma bondadosa y benevolente para el prójimo. Las situaciones que suceden son continuamente extremas e hilarantes. Los espacios están llenos de colores y aromas que, aun en secuencias en blanco y negro, nos demuestran felicidad y color. El tiempo por momentos se detiene y los personajes que habitan ese mundo se detienen también, como para que el espectador los vea y aprecie lo que está sucediendo. Y todo eso es para contar una tragedia.

Porque la película es el relato de una tragedia. Desde el comienzo del film se nos dice que veremos una tragedia. En formato de obituario, la historia va mostrando 3 relatos distintos que formarán parte de un numero muy particular de una revista ficticia llamada “La crónica francesa”. En cada uno de estos 3 relatos, el film contará un momento de la vida de uno de los personajes de este mundo, cada uno protagonizado por Adrien Brody, Timothée Chalamet y Mathieu Amalric, aunque acompañados respectivamente por otro elenco de estrellas aún mayor como Frances McDormand, Benicio Del Toro, Owen Wilson, Edward Norton, Willem Dafoe… La lista sigue, y con nombres igual de grandes que estos, muchos de ellos habituales colaboradores en el cine de Wes Anderson.

Pero todos estos 3 relatos están conectados porque formarán parte de un relato mayor, protagonizado por Bill Murray y que cuenta justamente la creación de este número particular de la revista en cuestión. Y allí se encuentra este obituario del que tanto se hace cargo el film. Vinimos a ver los últimos retazos de un mundo que ya no existe, tema ya tratado en El gran hotel Budapest (2014), pero aquí, al igual que con su estética, llevado al extremo. El mismo tono cómico y alegre es usado para narrar momentos dolorosos, las tragedias definitivas y sus situaciones no del todo alegres. Todo esto es acompañado de recursos cinematográficos que despistan y confunden al espectador, acostumbrado hoy a relatos más convencionales y ya vistos.

El aspect ratio (si la pantalla siendo más cuadrada, más rectangular, mucho más rectangular, etc…) va cambiando de acuerdo a lo que vemos, al igual que lo que presenciamos en los planos, con secuencias en blanco y negro, a color, o hasta secuencias que tienen ambas colorimetrías en la misma escena. Todos estos recursos de alguna manera buscan disolver y borrar las líneas del presente y el pasado de este mundo que estamos presenciando. Ese pasado que se nos muestra tiene momentos repletos de color, de estética, de corazones nobles y de destinos fortuitamente bellos. Es un mundo idealizado, imposible, embellecido y poetizado. Es un mundo, eso si, inviable, pero es un mundo que vale la pena ser visto y comprendido dentro de esa misma condición de inalcanzable.

La película habla de algo que existió, y que no volverá a existir. Ese algo puede ser ese periodismo apasionado que se nos muestra, puede ser un tipo de cine que ya no se está haciendo, o puede ser un ser querido que no volverá. Puede ser un momento con alguien que apreciamos, que hoy recordamos con imágenes fijas y quietas que, al igual que en el film, se detienen en el tiempo y quedan en nuestra retina para siempre. Y dentro de esto, al igual que en sus mejores obras, está el cine del director inmerso en el propio relato, con referencias a películas propias y ajenas que potencian y transparentan aún más la visión obviamente personal que se propone en el film.

Wes Anderson viene a decirle a todos los que no están de acuerdo con su cine que está bien que no lo aprecien, que los escuchó y que hasta puede compartir algunas cosas. Pero su cine es, evidentemente, suyo. Cada plano que vemos nos cuenta lo que piensa del mundo en el que vivimos mediante el cine, mediante la estética y mediante sus personajes, pero sobre todo, mediante el cine. Y si eso no es el cine que queremos…

PUNTAJE: 9/10


Título original: The French Dispatch (of the Liberty Kansas Evening Sun)

Dirección: Wes Anderson.

Guion: Wes Anderson.

Historia: Wes Anderson, Roman Coppola, Hugo Guinness.

Música: Alexandre Desplat.

Fotografía: Robert D. Yeoman.

Reparto: Benicio del Toro, Frances McDormand, Jeffrey Wright, Adrien Brody, Tilda Swinton, Timothée Chalamet, Léa Seydoux, Owen Wilson, Mathieu Amalric, Lyna Khoudri, Steve Park, Bill Murray, Saoirse Ronan, Willem Dafoe, Alex Lawther, Cécile De France, Henry Winkler, Elisabeth Moss, Christoph Waltz, Rupert Friend, Jason Schwartzman, Fisher Stevens, Sam Haygarth, Denis Menochet, Bob Balaban, Lois Smith, Tony Revolori, Larry Pine, Morgane Polanski, Félix Moati, Nicolas Avinée, Guillaume Gallienne, Liev Schreiber, Edward Norton, Tom Hudson e Hippolyte Girardot.

Una carta de amor al mundo del periodismo, ambientada en la redacción de un periódico estadounidense en una ciudad francesa ficticia del siglo XX, con tres historias interconectadas entre sí.

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