[REVIEW] Matrix Resurrecciones

Una cuarta entrega que genera la pregunta «¿era necesario el regreso de Neo y Trinity?». Aquí, sin mucho spoiler, intentamos una respuesta.

Por @mauvais1

Han transcurrido 18 años desde el cierre (divisorio por comenzar, y defenestrado por la crítica y el publico por continuar) de la trilogía que en sus inicios había cambiado el panorama del cine de acción y de la ciencia ficción. Nada que cualquier usuario de Mamoru Oshii con Ghost in the Shell (1995) o Ryūtarō Nakamura con su [serial experiments lain] (1998) no conocieran. Pero sí dio al espectador neófito una serie de nuevas herramientas concernientes al género cyberpunk, de acción y de ciencia ficción que generó expectativas, muchas admitiremos, sobre sus secuelas.

Más allá del genero, Lilly y Lana Wachowski propusieron una interesante conversación con respecto a creencias espirituales y debates filosóficos sobre la existencia de forma módica y rampante, convirtiendo mucho de su lore en significados y significantes universales. La misma Matrix y las píldoras, la construcción de un universo caníbal, el despertar de la conciencia, la construcción de la realidad misma de acuerdo al punto de vista sincretista de las guionistas y directoras, fueron lo que realmente llamaron más la atención a este humilde reseñador; y el regreso, aunque meritorio, de la dupla protagonista pateando con habilidad una vez más y volando con tal superioridad estética que hasta Superman vería con ansias, no resulta del todo un evento disruptivo llegado para ampliar su lore. Y diremos aquí que siempre hemos sido entusiastas de las búsquedas de estas directoras. Los temas de The Matrix (1999) continuaron insinuándose en su filmografía posterior, particularmente en Cloud Atlas (2012), Sense8 (2015-2018) y Jupiter Ascending (2015) -aunque en esta última parecieron olvidar cosas como el simbolismo y la metáfora-, y parecen haber permeado en esta nueva entrega.

The Matrix Resurrections es, como el titulo lo «spoilea», la segunda venida de Neo, amortizada por los cínicos tiempos que corren, amortiguada por casi veinte años de progreso en tecnologías y sostenida en más que evidentes metáforas sobre la fantasía del gnosticismo que se tiene en la era New Age y que cree que la «existencia material defectuosa y malévola» puede modificarse gracias al estudio de intuiciones místicas o esotéricas, de manera que puede el sujeto romper la ilusión y alcanzar la iluminación.

Todo esto viene heredado de sus predecesoras, eso es claro. Pero aquí, al condimentarla con la socarronería y el cinismo, pesa de otra manera y se diluye en un accionar que es motor del relato. Me explico: Dan por sentado que el espectador está ya empapado con sus místicas y esotéricas reflexiones, y ponen en acción, acción física, a los personajes que corren hacia la resolución del conflicto. La metaficción con que se sirve a lo largo del primer acto es un juego, un guiño al espectador que, una vez más, debe sentirse dentro de ese universo. Thomas Anderson es un diseñador de juegos, creador de Matrix y su universo y hacedor de una realidad que asumimos como fantasía, sabiendo que no lo es. Un dios menor, ese que reconocen los gnósticos, creador de un universo concreto y explorable. Thomas Anderson, y no «Neo», es aquí el arquitecto de esa realidad que aplaca al disconforme.

Es una pena que no hayan explorado esa ascensión del mesías de la trilogía original, su revelación mancillada y diluida en una ficción mayor. Ese Cristo como CEO de la más rica y prolífica iglesia es poco explorado, decodificado en pos de una «set piece» que, seremos sinceros, no le llega ni a los talones al arte alcanzado con anterioridad. Se extraña enormemente la sofisticación de Yuen Woo-ping (Crouching Tiger, Hidden Dragon; Kill Bill) y, aunque no está mal, la lucha se aferra a lo logrado por Chad Stahelski (John Wick) con posterioridad. Pero más allá de eso, la historia como ficción dentro de ficción, que a su vez asume universos cambiantes, explora la ambigüedad, dotando a las maquinas de un espíritu capaz de decidir, amar y construir el paso siguiente a ese ominoso mundo de maquinas malas contra humanos no siempre tan buenos.

La evolución, como también el progreso, es construir una verdadera idea de conciliación con el distinto, aún en su origen, siendo éstas maquinas y programas (que admitiremos,  se ven maravillosos). La fluidez de abrazar nuevas formas de vida inteligente narra el concepto de la fluidez que como especie podemos hallar en nuestra evolución mental y espiritual.

Tiffany (Carrie-Anne Moss) duerme el sueño de las heroínas de los cuentos de hadas en una capsula solitaria, lejos de todos y de toda posibilidad de ser hallada. Su rescate es un homenaje a las «heist movies» en tres capas, planeación, desarrollo, y una tercera donde el beso del héroe es mucho más que el de un príncipe azul. Porque habla de la diosa dormida, la sophia (sabiduría de Neo), lo que en un comienzo pudo resultar un desastre sobre «mansplaining» termina siendo una interesante reconstrucción del mito que a la vez da peso al desarrollo del nuevo Neo. Y nos detuvimos aquí porque es necesario. Y ante la fatídica pregunta de qué tan necesaria era esta secuela, responderemos que una vez más Lana Wachowski y el equipo de guionistas que lidera, reconstruye mitos antiguos para los espectadores actuales, reelabora desde las fuentes a la fantasía, y a la espiritualidad que se desprenden con cada lectura.

The Matrix Resurrections es hija de su tiempo sin lugar a dudas. Es la siguiente etapa para sus creadoras, quiénes también son capaces de dejar atrás ese peso dramático casi operístico que tuvieron en The Matrix Reloaded (2003) y The Matrix Revolutions (2003). De acción constante y rápida asimilación de sus búsquedas, tan edulcorada como era de esperarse y con un elenco que bien sabe su parte, no es necesaria siquiera una secuela de esta, pero la solitaria Lana Wachowski ama sus personajes, su lore y evolución. Se nota, se siente.

No veremos nada de lo ocurrido en The Matrix (1999), ni tampoco lo sentiremos como ese hito que fue por diversas razones ya comentadas antes, pero no deja de ser un divertido film de acción, rápido y poco dado a la reflexión, más al estilo superheróico/camp tan en boga hoy en día. Tal vez es justamente eso lo que más perturba, la profundidad de su bagaje místico/emocional, aunque afectada, no es tan reelaborada como cabía de esperar en Wachowski.

PUNTAJE: 7/10


Título: Matrix Resurrecciones (The Matrix Resurrections – 2021)

Dirección: Lana Wachowski.

Guion: Aleksandar Hemon, David Mitchell, Lana Wachowski. Personajes: Lana Wachowski, Lilly Wachowski.

Música: Johnny Klimek, Tom Tykwer.

Fotografía: John Toll, Daniele Massaccesi.

Reparto: Keanu Reeves, Carrie-Anne Moss, Neil Patrick Harris, Yahya Abdul-Mateen II, Jada Pinkett Smith, Jessica Henwick, Priyanka Chopra, Jonathan Groff, Ellen Hollman, Brian J. Smith, Max Riemelt, Lambert Wilson, Andrew Caldwell, Erendira Ibarra, Toby Onwumere, Christopher S. Reid, Andrew Koponen, Thomas Dalby, James D. Weston II, John Lobato, William W. Barbour, Cabran E. Chamberlain y Christina Ricci.

Neo vive una vida normal y corriente en San Francisco mientras su terapeuta le prescribe pastillas azules. Hasta que Morfeo le ofrece la pastilla roja y vuelve a abrir su mente al mundo de Matrix.

Acerca de Marco Guillén 3557 Articles
Aguanto los trapos a Jordi Savall. Leo ciencia ficción hasta durmiendo y sé que la fantasía es un camino de ida del que ya no tengo retorno.

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