[REVIEW] Turning Red

La nueva película de Pixar estrenada en Disney+ es un clásico coming of age con un panda rojo de por medio… ¿Qué podría salir mal?

Por @mauvais1

Más allá de transcurrir en tierras canadienses, la historia de Meilin tiene fuertes componentes de la tradición y mística china. Tanto es así, que puede resultar un poco más direccionada de lo que Pixar, en general, produce en sus películas. Lejos estamos de querer entrar en las controversias que han rodeado al film, porque sinceramente estas se fundamentan en el gusto personal y se desentienden de lo universal que no deja de tener su relato.

El paso de la niñez a la adolescencia, al joven adulto con sus miedos y expectativas; los cambios, que no solo son hormonales, sino además la concreción del pensamiento propio, aún a costa de contradecir a los mayores, son el caldo de cultivo de esta puesta que dirige Domee Shi (directora ganadora del Oscar® por el cortometraje Bao en 2018). Claro que la propuesta se camufla tras una familia de origen chino que vive en una ciudad de Canadá que, lejos de perder sus raíces culturales, las celebran y explotan en un templo familiar de un inmortal (xiān) antepasado de estos.

Meilin, o Mei Mei, como la llama su madre, es la hija de un matrimonio chino descendiente que mantiene todas las tradiciones intactas, como y por descontado, la piedad filial. Tema que es tratado de manera clara también Mulan (1998) y que es fundamental en la cultura china y, en general, en el mundo oriental gracias a los escritos confucianos. Se debe tener más que claro esto. Para quienes disfrutan de las ficciones orientales (chinas y coreanas, por mencionar dos de las más populares) es algo básico, porque están impregnadas de estos pensamientos. «Ser bueno con los padres; cuidar de los padres; tener buena conducta, no sólo con los padres, sino también fuera del hogar para traer un buen nombre a los padres y antepasados» es crucial en la vida de la gente.

Tradición. Algo clave en el relato, porque será el evento a reconstruir y redefinir en la nueva generación que representa Meilin. Y hasta ahí una interesante aproximación que nos sumerge en detalles propios de estos pueblos. Las exigencias que cada generación enfrenta por sobre las expectativas de los padres también son conocidas en todas las culturas del mundo, pero como sucede aquí, en China ese respeto suele ser atávico. Romper las barreras en una sociedad que no entiende de individualismo, más bien de familia y comunidad, es mucho más disruptivo. Algo que el guion de Julia Cho y Domee Shi se esfuerza en dejar claro.

Resulta atractivo que sea en tierra canadiense el hecho, porque más que nunca se entiende a la madre, a la abuela en particular y a su mandato de mantener puras las herencias en suelo extranjero. Por otro lado, el panda rojo seguramente recordará al húlijīng o espíritu del zorro, que aunque ha mutado a lo largo de la historia, siempre se lo referencia como a un espíritu dual, primigenio, que puede ser tanto un buen como un mal augurio. Porque como le sucede a la protagonista, ese ser en que se transforma será lo que ella determine de acuerdo a sus ansias y desvelos.

Que Meilin sea algo extravagante suma al personaje y da pie a una interpretación de los primeros e infantiles estadios de un héroe y su camino. Que sea una niña que rompe con mandatos maternales es interesante porque sitúa la critica a la condescendencia paternalista del lado femenino. Aquí no hay simplemente «mansplaining» o «momsplaining», es más profundo y, a la vez, obvio. El aggiornamento cultural por parte de Meilin tiene también dos caras; por un lado liberarse de lo más castrador de su legado y, por otro, abrazarlo desde su propias decisiones.

Aquí, ciertamente las apreciaciones culturales van más allá de lo tradicional/religioso, y tendremos mucho de la imaginería de sus animaciones y producciones audiovisuales en general, como el hecho de que transcurra en 2002 con las boy bands pop que tanta celebridad tuvieron entonces, por caso NSYNC o Backstreet Boys, o los guiños a furries, fanfiction y otros etc. El grupo de amigas que comparten aficiones hace a la película más cercana a lo vivido por las jóvenes mujeres que vivieron su niñez en ese entonces, pero para nada aleja al espectador varón. El tratamiento es acertado.

Sí he de mencionar que el diseño de los personajes, con claras reminiscencias al “CalArts”, es donde tuve que adecuarme, más no en la animación en general a la que que Pixar nos tiene acostumbrados. El diseño del panda rojo en particular, el de toda la familia en general, es extraordinario y tierno, logrando una inmediata conexión con el espectador.

En totalidad, Turning Red resulta mucho atractiva en su relato y animación. Es honesta en la construcción de su universo y mucho más profunda de lo que aparenta. Con una moraleja clara, familiar y de rescate más que de ruptura. Es un coming of age de manual, pero que al narrarlo desde una cultura diferente a la consabida estadounidense, léase la maravillosa Inside Out (2015), aporta una mirada ciertamente novedosa.


Título: RED (Turning Red – 2022)

Dirección: Domee Shi.

Guion: Domee Shi, Julia Cho. HistoriaDomee Shi, Julia Cho, Sarah Streicher.

Reparto: Ava Morse, Maitreyi Ramakrishnan, Hyein Park, Tristan Allerick Chen, Addie Chandler, Jordan Fisher, Grayson Villanueva, Josh Levi, Topher Ngo, Finneas O’Connell, James Hong, Lori Tan Chinn, Lillian Lim, Mia Tagano, Sherry Cola, Sasha Roiz, Lily Sanfelippo.

Mei Lee, una niña de 13 años un poco rara pero segura de sí misma, se debate entre ser la hija obediente que su madre quiere que sea y el caos propio de la adolescencia. Ming, su protectora y ligeramente exigente madre, no se separa nunca de ella lo que es una situación poco deseable para una adolescente. Y por si los cambios en su vida y en su cuerpo no fueran suficientes, cada vez que se emociona demasiado (lo que le ocurre prácticamente todo el tiempo), se convierte en un panda rojo gigante.

Acerca de Marco Guillén 3937 Articles
Aguanto los trapos a Jordi Savall. Leo ciencia ficción hasta durmiendo y sé que la fantasía es un camino de ida del que ya no tengo retorno.

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