[REVIEW] Spencer

Una extraña fantasía que bebe de una biografía a medias corroborada. Hablemos de «Spencer» de Pablo Larraín.

Por @mauvais1

Todavía guardo en la memoria, que cuando aún era un niño, vi la película de Neil Jordan titulada The Company of Wolves (1984). Me revelaba en esos noventa y tantos minutos un universo completamente nuevo sobre los clásicos infantiles, los cuentos de hadas que, después de todo, me habían fascinado y extrañamente aterrorizado. Horror que no supe, hasta que vi el film, tenía un fundamento. Esa fantasía gótica y sugestiva en sus espantos reescribía los intersticios de su fábula. Los reconstruía desde la óptica adulta que analiza cómo un lobo podía conversar con una niña y seducirla con sus ambigüedades.

Traigo a colación este recuerdo no por la simple matemática de reescrituras de cuentos que hemos asumidos como de hadas, puliendo las aristas, sino más bien porque he sentido el mismo vértigo, la angustia del destrozo de un personaje ya mil veces paladeado que de repente devela, revela un lado atrofiado, una imperfección caótica y sin mesura. Pablo Larraín, y la pluma del fluctuante pero siempre ominoso Steven Knight, reconstruyen el cuento de hadas de Diana, la princesa del pueblo, antes de que fuera así titulada. Una Diana Spencer que comenzaba a rebelarse contra las imposiciones de la familia real como también de lo que la sociedad esperaba de su futura reina. Hasta ahí no hay nada novedoso, ya lo intentaron con Carlos y ella en la serie The Crown como en otras producciones cientos de veces (ni queremos recordar la horrible Diana: The Musical).

Aquí, y volviendo un poco a mi introducción, el cuento se deshace para reconstruirse o mejor dicho remodelarse en una criatura que alterna la fantasía más pura con esa fantástica realidad que suponen los realizadores es la vida familiar de la reinante Casa de Windsor. La novedad es plasmar el drama interno de ella en imágenes, donde la finca de Sandringham es escenario y jaula; escenario de un largo y perturbador monologo de una Lady Macbeth, porque aquí también hay culpa por lo hecho, traición a la naturaleza que es Diana y reverberaciones de fantasmas que en alguna medida son atraídos por esta cíclica historia de desamores y falsía.

El cuento comenzó a narrarse en 1981 cuando Diana Spencer se desposó con el príncipe Carlos, heredero al trono británico. La plebeya (que nunca lo fue en realidad) desposada con el príncipe dio letra a un sinfín de cuentos de hadas, pero no de fábulas porque esta no tiene moraleja y se da por descontado que vivirían por siempre felices. Todos conocemos el resto, ese destripe de las intimidades que se realizó y que dio por tierra la fantasía, Camilla Parker Bowles, su rechazo a las formas, sus problemas de salud. La biografía pura y dura de datos de todas maneras no alcanzó para vencer el relato fantástico, porque la convirtió en la princesa en la torre lista para ser rescatada, la victima de un mundo que de rígido solo se podía escapar quebrándose. Pero entonces Larraín, aún amando al personaje, lo somete a un análisis fantástico, reescribiendo los resquicios de lo que nadie, exceptos ellos, realmente vieron en ella y con ella en esos días de princesa de Gales, esos últimos días de familia real.

Y entonces es cruel, bastante, con su mirada sobre la salud mental de Diana, con sus anhelos, las pérdidas que corroen su mente. La niña huérfana de padre obligada a ser una versión hueca y ausente de ella, una madre y compañera de criaturas de un mundo que parecen no pertenecer al suyo. La comparación constante con Ana Bolena, segunda esposa de Enrique VIII, es para mí algo rebuscada y no del todo acertada. La mujer que luchó por lo suyo y fue envilecida e invisibilizada por otra mujer, fue la desprestigiada María, la reina española. Ana de hecho fue una mujer de carácter, un poder que muchos temieron y que políticamente hablando fue un estorbo que había que eliminar para algunos. La reformadora que tuvo que inventársele un crimen para destituirla. Quizás el simbolismo pase por lo fluctuante del amor regio, de como disponen sin miramiento de sus problemas o mejor dicho de quienes perturban su «Status Quo».

El cuento macabro, romántico en toda su acepción literaria, parece más una lectura de personaje femenino de Emily Brontë y por qué no de su novela Cumbres Borrascosas (1847). Es un estudio de personaje delirante y minucioso en su imaginería. La realidad paralela que ella vive en esos salones, tantas veces vacíos como colmados de rostros difuminados, se vale de una poderosa Kristen Stewart para relatarlo. Y solo cuando culmina en las grises calles de Londres, uno parece realmente despertar de ese sueño extraño, por momentos de pesadillezca zozobra que nos internó en lo sombrío de una mujer que es muchas.

El largo final, las conclusiones que se plantean luego del montaje, parece más un prólogo que un epílogo en esta enrarecida historia. Lejos de una fábula, es un retelling afectado y ambiguo en sus dichos. Una Diana siempre a punto de colapsar, que una vez más gracias a Stewart, no cae en la ridícula sobreactuación, aunque en muchos casos los diálogos no ayuden.

Spencer es un acercamiento a un personaje real interesante, más que nada porque lo fantasea y diluye en un cuento de hadas macabro y angustiante, una visión adulta que se acerca más que nunca del espejismo que se creó del personaje histórico. «Estás perdido -pensé-. Te precipitas tú mismo hacia tu destino…», se lee en Cumbres Borrascosas, y aquí Diana deambula por los mismos dramas existenciales; esos que son capaces de oscurecer las felicidades alrededor. Después de todo en Spencer, como en las fantasías de Emily Brontë y Neil Jordan, el amor está a solo un suspiro del horror más infernal.

PUNTAJE: 8/10


Título: Spencer

Dirección: Pablo Larraín.

Guion: Steven Knight.

Música: Jonny Greenwood.

Fotografía: Claire Mathon.

Reparto: Kristen Stewart, Jack Farthing, Timothy Spall, Sally Hawkins, Sean Harris, Richard Sammel, Amy Manson, Ryan Wichert, Michael Epp, Olga Hellsing, Wendy Patterson, Niklas Kohrt, John Keogh, Shaun Lucas, Marianne Graffam, Jack Nielen, Ben Plunkett-Reynolds, Matthias Wolkowski, Oriana Gordon.

Biopic de Lady Di que cuenta la historia de un fin de semana crucial a principios de los años 90, cuando la princesa Diana -de nombre Diana Frances Spencer- decidió que su matrimonio con el príncipe Carlos no estaba funcionando, y que necesitaba desviarse de un camino que la había puesto en primera fila para algún día ser reina… El drama tiene lugar durante tres días, en una de sus últimas vacaciones de Navidad en la Casa de Windsor en su finca de Sandringham en Norfolk, Inglaterra.

Acerca de Marco Guillén 3943 Articles
Aguanto los trapos a Jordi Savall. Leo ciencia ficción hasta durmiendo y sé que la fantasía es un camino de ida del que ya no tengo retorno.

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