[4B Recomienda] 5 películas de Jean-Luc Godard

Tras el fallecimiento de uno de los directores más influyentes de la historia del cine, te recomendamos 5 películas de su extensa filmografía para adentrarte en su propuesta cinematográfica.

Por @nahuutwm

El martes 13 de septiembre falleció, a sus 91 años, Jean-Luc Godard. Uno de los directores más importantes de la historia del cine y miembro activo de la nouvelle vague

Jean-Luc Godard fue un crítico y cineasta francés nacido en 1930. Se formó en la Sorbona como matriculado en Antropología, carrera que abandonó pronto para volcarse en su pasión cinéfila y en la redacción de artículos y críticas sobre películas en diversas publicaciones, como Gazette Du Cinéma, Arts, y la influyente revista Cahiers Du Cinéma, creada por uno de sus maestros teóricos: André Bazin. Allí compartía espacio con otros grandes directores como Éric Rohmer, Luc Moullet, Jacques Rivette, Jean-Luc Godard, Claude Chabrol y François Truffaut.

La filmografía de Godard estuvo fuertemente influenciada por el cine de Alfred Hitchcock, Howard Hawks, Nicholas Ray y Fritz Lang, autores que estudió y analizó junto a Cahiers Du Cinéma, se representa por la búsqueda de evidenciar los elementos formales del lenguaje cinematográfico. Principalmente, la defensa de la figura del autor como principal responsable de la realización de una película. 

De esta manera, la disociación entre imagen y sonido, los jump cuts, los personajes en constante movimiento, los carteles explicativos sobre diferentes secuencias y la supresión de transiciones o tiempos muertos entre escenas, se hacen presentes en el cine de Godard. Formas para un fin que, debido a su amplio legado, podemos decir que logró con creces.


Le Mépris (1963)

Paul Javal (Michel Piccoli) es un guionista contratado por el productor Jeremy Prokosch (Jack Palance), quien desea adaptar la “Odisea” de Homero con dirección de Fritz Lang al mismo tiempo que se siente atraído por Camille (Brigitte Bardot), la esposa de Javal.

Una de las mejores películas de este director, por su capacidad de jugar con el metalenguaje en varios niveles. Una visión romántica del cine, una visión política del amor y una visión cinematográfica de la vida. 

Godard trae a Fritz Lang y a Michel Piccoli para hacerlos actuar de él mismo, en dos roles diferentes. El personaje de Fritz es utilizado para hablar sobre el cine, en una crítica al sistema de producción hollywoodense y francés, donde los directores rápidamente son descartados ante la vehemencia de los productores ciegos ante el arte, en un juego de roles sería la versión de artista de Godard. 

Por otra parte, el personaje de Paul hace las veces del Godard amante y en un jugoso intercambio de escenas apasionantes donde Brigitte Bardot interpreta a Camille Javal y al mismo tiempo a Ana Karina, con quien el director tenía una relación -ya desgastada- en ese momento.

En un juego de dobles mensajes, de dobles narrativos y de dobles interpretaciones opera esta gran obra del director francés. 


Masculin Féminin (1966) 

Paul acaba de terminar su servicio militar. Conoce a Madeleine, una joven atractiva que aspira a ser cantante pop, y trata de conquistarla. Paul es un idealista que apoya al movimiento contra la guerra del Vietnam, mientras que Madeleine solo quiere divertirse. ¿Cómo acabará todo esto?

En Masculin Fémenin, Godard termina de delinear lo que sería la marcada protesta política en su cine. Entre la estética suave, los marcados saltos en el montaje y la disruptiva relación entre imagen y sonido, está la postura y mirada del director ante la juventud francesa de la época.

Una juventud poco interesada en los procesos sociales y políticos que atravesaban la Francia de los 60/70, y a los pocos que les interesaba, lo tomaban más como una pose, una excusa para exteriorizar una rebeldía propia de la etapa de vida en la que se encontraban. Lo vemos en el personaje de Paul, que vive dando largos discursos sobre política, pero que su primera -y única- reacción, ante lo que él cree injusticias, es quejarse y «graffitear» paredes, como si con eso logrará un cambio real.

Mientras tanto, se van dando unas series de romances y relaciones -insatisfechas- entre personajes que luchan por merecer el amor en largas exposiciones y entrevistas cuasi protocolares donde cada personaje interpretaba un rol que intenta convencer al otro de que lo mejor es que salgan juntos. Jean-Luc entendía las relaciones interpersonales como un terreno en constante disputa. Es así que las distintas idas y vueltas entre distintos personajes también funciona como símbolo de estas luchas sociales juveniles que no entendían bien que querían, pero eso no iba a ser excusa para quedarse de brazos cruzados.

Entendemos, de esta manera, que la política y el amor en el cine de Godard son indivisibles.


Vivre Sa Vie (1962)

Nana (Anna Karina) es una joven veinteañera de provincias que abandona a su marido y a su hijo para intentar iniciar una carrera como actriz en París. Sin dinero, para financiar su nueva vida, comienza a trabajar en una tienda de discos en la que no gana mucho dinero. Al no poder pagar el alquiler, su casera la echa de casa, motivo por el que Nana decide ejercer la prostitución. 

12 secuencias divididas por títulos que resumen lo más importante de cada segmento, el guion expuesto al público para que dejen de prestar atención al que y comiencen a mirar el cómo. Un ejercicio que funciona por momentos y que por otros se pierde en sus propias pretensiones de grandeza. Pretensiones entendibles por la propuesta de la obra de Godard como artista.

En Vivre Sa Vie somos testigos tanto de la compleja visión que tenía el director francés sobre la juventud de la época en su país natal. Nana no es más que una joven con aspiraciones artísticas, que por sus condiciones sociales deriva en la prostitución y la pronta degeneración de su personalidad hasta terminar de las maneras más inimaginables. Narrada como un sueño, pero que denota una pesadilla propia de una nación en vísperas de cambios.


À bout de souffle (1960) 

Jesse, un impetuoso ladrón de coches con varios delitos a sus espaldas, se dirige a Las Vegas para encontrarse con Mónica Poiccard, una joven francesa, estudiante de Arquitectura, de la que está enamorado. Por el camino, mata involuntariamente a un policía y, a partir de ese momento, la pareja vivirá un tormentoso romance mientras los agentes de la ley los persiguen.

El comienzo de una carrera, de una propuesta estética rupturista y de una revolución declarada contra una generación que elegía mirar para el costado ante los distintos movimientos sociales que ocurrían en la Francia de principios de los 60. 

Al final de la escapada escapa de cualquier estructura. No lo hace de una manera caprichosa, sino para evidenciar al espectador que detrás de dicha producción y trama superficial hay un director tomando decisiones. Detrás de la película hay alguien desarrollando y produciendo sentido a lo que ven y los personajes de Godard son jóvenes perdidos en la vida que precisan tomar decisiones rápidas para no sucumbir ante el hastío y la depresión, es también porque detrás había un contexto desalentador para el arte y la vida. 


Une Femme est une femme (1961)

Ángela es una bailarina de cabaret que vive con Émile, un librero ciclista. A ella se le antoja tener un hijo, pero su compañero no quiere. Ángela está decidida entonces a quedar embarazada con el mejor amigo de ambos: Alfred.

La obra más entretenida, graciosa e impactante de Godard. Un juego donde forma y narración congenian a la perfección, donde su estilo disruptivo no se pierde tanto en lagunas y efectismos como en otras de sus películas. La visión de la figura femenina del director nos es narrada a través del deseo y el arte en un interesante intercambio de miradas con el espectador.

El personaje de Ángela, interpretada por la brillante Anna Karina, puede ser tranquilamente el mismo Godard reflexionando sobre el cine y sus formas, así como ella lo hace sobre la vida. Ambos libres, sin reglas, pero entendiendo que entre tanto descontrol hay un eje organizador al que siempre debe volver, para Ángela su hogar con Émile, para Godard las formas tradicionales de ese cine que tanto estudió.


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