[REVIEW] Atenea

«(…) La fatídica voz atento escucha
Y sabe interpretar, de los agüeros (…)»

Los siete contra Tebas (Esquilo, 467 a. C.)

Por @mauvais1

Atenea es una reflexión política, y por sobre todo un thriller de acción trepidante, el film de Romain Gavras, es un estruendoso alegato, como también una epopeya que podría equipararse a una relectura de un moderno Vercingétorix, en una nueva Francia cruzada por una sociedad que ha dado paso a un siguiente estadio en su concepción. La guerra civil que comienza con el asesinato de un niño musulmán, da cuenta de una nueva construcción de la epopeya liberadora.

Escrita por Gavras, Ladj Ly y Elias Belkeddar, la película no se sostiene solo en la vorágine de una acción sin descanso, sino también en la construcción de personajes que desandan los caminos de la hamartia con una miserabilidad en la tragedia que desarma. Karim (Sami Slimane) como la desproporcionada sed de justicia que no contempla otra finalidad que capturar los asesinos de su hermanito, que luego caer en la espiral de caos. Los planes fríamente trazados engullidos por la propia rabia. La justa demanda parece decir, en la piel de este furioso y apesadumbrado joven, sin medida es el comienzo del infierno.

Pero no solo eso, Abdel (Dali Benssalah), el otro hermano, el mayor, el oficial de las fuerzas del orden que lucha por una rendición de cuentas dentro del sistema de los asesinos del niño, será el reflejo lúgubre de una sociedad rota. Parte de un sistema que en su burocracia no parece, en su ecuación, tener en cuenta lo imperfecto del espíritu humano destrozado por la violencia. Poco a poco a medida que se sumerge la cámara en el barrio, en la guerra que los jóvenes se aprestan a liderar, la escalda de violencia es un acto desesperado de visibilizar realidades internas tanto en un bando como el otro.

El ingenio del realizador está en construir el relato, en dotarlo de vibrante acción a la vez que de una elaborada potencia que bien vale un film épico, un acto en un drama mitológico. Una y otra vez se nos viene a la cabeza el relato de Los siete contra Tebas (467 a. C.) de Esquilo. El momento del enfrentamiento entre hermanos, el sitio que poco a poco cae vencido. Si hasta una hermana llora la afrenta, en esos escasos segundos en que Abdel se detiene a rezar por el niño asesinado. Todo aquí rezuma epopeya, junto con la poderosísima banda de sonido de Surkin.

Pero también la cámara de Gavras es un testigo omnisciente, un observador imparcial que no se detiene en el dolor de los protagonistas, como si de una autopsia se tratara. Solo recuenta hechos, órganos perforados, sucesos acontecidos. A vuelo rampante en los largos planos secuencias hace listas, cual naves y capitanes en la Ilíada, de ambos bandos. Y es allí donde gana el film, porque esa acción continúa sin descanso que desde el inicio incendia la historia, se equilibra con los drama pequeños de sus protagonistas. A penas esbozados, como el policía y las uñas pintadas, pero sugerentes.

Cada instante es la construcción de un final apoteósico, los héroes trágicos de este nuevo mito que se cuece en Atenas, en un París asediado por los problemas raciales, por la derecha radicalizada; suben al escenario para mostrar la tragedia de los errores fatales que desencadenan sus buenas intenciones. Los presagios se amontonan a su alrededor, la cámara los lee para el espectador, los mantiene dentro de su documentalización de la escena. A muchos se les vendrá inmediatamente a la memoria películas como La Haine (1995) de Mathieu Kassovitz o la misma Les Misérables (2019) de Ladj Ly, guionista que tiene hasta un pequeño cameo.

Atenea es poderosa en su acción e inabarcable por momentos por la construcción global que hace del evento, que más allá de una denuncia, no olvida el drama ficcional que narra, los eventos que protagonizan personajes dibujados con pocos trazos que logran casi héroes de una epopeya mítica. El juego que hace entre la actualidad y sus rispideces y una narración de un clásico es absorbente.

Mencionábamos a Vercingétorix y su fútil rebelión contra la todo poderosa Roma, que con el tiempo llegó a ser considerado, más allá de su fracaso, el primer gran héroe francés. Aquí Romain Gavras parece decidido, dentro de la ficción, a asentar uno que se convalide con nuestros tiempos, uno donde aunque se inicie con un problema racial, de a poco se convierte un hecho universal sobre la justicia. El final, el epílogo podríamos decir, es estremecedor, un último golpe al espectador que parece querer despertar del sueño trágico heroico que acabamos de presenciar. Al fin y al cabo la realidad es mucho más violenta y llana en su malicia, de lo que la película puede siquiera comenzar a dibujar.

Estaríamos horas hablando de la construcción de los personajes, de cómo se traza sobre ellos la evolución de sus caracteres, de cómo se transcribe en detalles la tragedia en ciernes. Hay un trabajo excepcional y vale la pena verlo, en más de una oportunidad si es posible. Canta, o Musa, l’ira funesta dell’eroe…


Título: Atenea (Athena – 2022)

Dirección: Romain Gavras.

Guion: Romain Gavras, Ladj Ly, Elias Belkeddar.

Música: Surkin.

Fotografía: Mathias Boucard.

Reparto: Dali Benssalah, Alexis Manenti, Anthony Bajon, Karim Lasmi, Ouassini Embarek, Radostina Rogliano, Mehdi Abdelhakmi, Tarek Haddaji, Sami Slimane, Guy Donald Koukissa.

Productora: Iconoclast. 

DistribuidoraNetflix.

Horas después de la trágica muerte de su hermano menor en circunstancias inexplicables, la vida de tres hermanos se ve sumida en el caos.

Acerca de Marco Guillén 4028 Articles
Aguanto los trapos a Jordi Savall. Leo ciencia ficción hasta durmiendo y sé que la fantasía es un camino de ida del que ya no tengo retorno.

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