[OPINIÓN] El club de la medianoche – Temporada 1

Siete pacientes terminales que viven en el hospicio Rotterdam Home empiezan a reunirse a medianoche para contar historias de miedo.

Por @mauvais1

Nunca nos será sencillo escribir sobre las historias que Mike Flanagan narra en sus series. Originales o no, sus búsquedas y por qué no, sus incertidumbres espirituales, quedan impregnadas en los relatos que vemos, en los personajes que la pueblan. Ninguna de ellas están solo como ficciones del género, ya sea horror gótico o clásicos thrillers sobrenaturales, por dar algún ejemplo. El drama que desarrolla comienza siendo existencial, siempre lo es. Al borde de un cambio, cualquiera sea este, mortal o solo estacional, da comienzo la aventura del descubrimiento desde el interior del personaje, desde el exterior de sus divagues. Pero no solo es vida y muerte, horror y perdición. La existencia de sus criaturas son un complejo entramado de todos. Nadie es solitario en sus cuitas, como una memoria colmena se esparcen y medran cambiándolo todo. Y ese es solo el inicio del periplo.

Las epopeyas existenciales dan paso a conversaciones sobre el más allá, sobre las memorias adheridas a sus protagonistas, que son fantasmas, universos paralelos colmados de silencio, horror y posibilidades. El director, guionista y productor teoriza vidas y sus complejidades, donde el horror, el máximo que podamos imaginar en el género que habita, y que muestra paradójicamente con saña, es también un romance con la muerte. Todas sus criaturas, perdidas o ocultas tras toneladas de miseria, transitan el horror como camino del héroe, donde los hitos más espeluznantes enseñan a abrazar la extrañeza de lo que no nos es posible comprender pero sí ocupar. ¿Qué es la muerte, cómo se llega hasta ella, qué hay allí y quiénes la habitan? Porque sus fantasmas, hasta el más sobrecogedor, no es otra cosa que tu otra cara frente a lo imposible.

El club de la medianoche se basa en la novela de Christopher Pike del mismo nombre, así como también en otras de sus publicaciones. Muy al uso de lo que el realizador hizo con, y en particular, The Haunting of Bly Manor (2020) y la futura miniserie The Fall of the House of Usher. Y entendemos que los lectores del autor original disfrutarán mucho más los eventos entonces, como hicimos todos en Bly Manor descubriendo otros relatos y personajes de Henry James. Pero más allá de eso, el espectador se encontrará con una de sus historias sin lugar a dudas. En este caso al ser protagonizadas por adolescentes y provenir de una historia infanto/juvenil -Young Adult-, la oscuridad se traza con una nueva inocencia, los chicos y chicas enfrentan un final impostergable con espantosa dilación e incertidumbre, pero con el candor que dan esas edades. Dramas profundos desde una óptica novedosa, son niños y niñas apenas comenzando que ya está siendo detenidos. Brutal.

Pero más allá de esa particular y fascinante dicotomía, se toma el tiempo de construir otro de sus universos, que conocemos y sinceramente ansiamos visitar. Comienza con Ilonka (Iman Benson) descubriendo su enfermedad terminal y descubriendo esta mansión que es una institución dedicada a jóvenes enfermos terminales. La joven llegando a la mansión campestre, la antigua casa habitada por moribundos, caminada por tantas historias que apenas se insinúan, son el ABC de una novela gótica de Ann Radcliffe. Los misterios abundan, los pasados de los habitantes se emparentan con la de la casa misma. Y los cuentos que entre ellos se narran no hacen sino más que sumar capas a una historia, larga y a veces morosa, sobre los temas favoritos del creador que antes mencionábamos.

Todas las noches, en un cuarto de la casona, los jóvenes se narran historias de horror, ciencia ficción y parecidos, inventados por ellos que no son más que sombras chinescas de sus propias vidas, exageradas y retorcidas, que hablan de sus anhelos, miedos y pesadumbres. Lo interesante es que cuando uno, como espectador, se sumerge en los relatos, estos cobran vida homenajeando las formas y métodos con que fueron abordados por la industria audiovisual. Una historia de ciencia ficción ochentera como WarGames (1983) o un noir en blanco y negro con el aspect ratio de los clásicos de los 40s, slashers y hasta terror oriental, del cual hacen una inesperada burla.

Una vieja casona y una improbable familia que en su disfuncionalidad y de a poco encuentra el punto en común, las historias de Flanagan, las disquisiciones sobre Dios y sus atributos o las atribuciones que le endilgamos. El universo con su humor, retorcido, pero siempre aleccionador.

En los diez episodios, cada uno de casi sesenta minutos, se cuece a fuego lento el relato, se diversifica y vuelve a reunirse en una suerte de ciclo cerrado. Lleva tiempo, y por momentos coraje, porque la subjetiva mirada es desde quienes aún vivos se ven como fantasmas. Al contrario de, digamos, Pulseras rojas (Polseres vermelles – 2011), aquí los niños en un ambiente saludable y sin miradas compasivas ajenas enfrentan los demonios de su realidad, es solo a través del horror que encuentran la paz superadora, y le advertimos al espectador que puede llegar a ser cruel, bellísimamente cruel. Cuando los sucesos se enmarcan en un colorido 1994, colmado de referencias musicales y cinéfilas, es donde gana fuerza la aventura, como también los dramas que, aunque narrados veintiocho años atrás, siguen siendo tan actuales. Discriminación, prejuicio por credo/raza/color, elección… elijan porque los hay de todos.

A causa de los benditos spoilers no podremos agregar mucho más, solo que la producción es Mike Flanagan, por donde se la mire; las observaciones vistas y oídas en La maldición de Hill House (2018) y en particular Misa de medianoche (2020) se encuentran dentro de esta aventura, las historias dentro de otras, bifurcaciones de otras más grandes, la búsqueda de entender y comulgar con ese otro sitio que llamamos «Más Allá». Una de las maravillas de este autor es la de siempre reflexionar sobre la capacidad del ser humano de, siempre en ese instante postrero, armonizar con la mortalidad, e inmortalizarse en los otros.

Una última vez, son diez episodios de casi una hora, son densos, pero es un viaje junto a Flanagan y eso siempre depara sorprendentes hitos.


Título: El club de la medianoche (The Midnight Club – 2022)

Creador: Mike Flanagan.

Dirección: Mike Flanagan, Axelle Carolyn, Michael Fimognari, Viet Nguyen, Morgan Beggs, Emmanuel Osei-Kuffour.

Guion: Mike Flanagan, Leah Fong, Julia Bicknell, Elan Gale, Chinaka Hodge.

NovelaChristopher Pike.

Reparto: Adia, Matt Biedel, Ruth Codd, Annarah Cymone, Aya Furukawa, Zach Gilford, Heather Langenkamp, Virginia Penney, Igby Rigney, Sauriyan Sapkota, Samantha Sloyan, Chris Sumpter, George Haralabopoulos, Crystal Balint, Iman Benson, William B. Davis, Patricia Drake, Kenneth Liu, Robert Longstreet, Larsen Thompson, Shalyn Ferdinand, John Andrew Vaas.

Productora: Intrepid Pictures.

DistribuidoraNetflix.

Siete pacientes terminales que viven en el hospicio Rotterdam Home empiezan a reunirse a medianoche para contar historias de miedo.

Acerca de Marco Guillén 4024 Articles
Aguanto los trapos a Jordi Savall. Leo ciencia ficción hasta durmiendo y sé que la fantasía es un camino de ida del que ya no tengo retorno.

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