5 razones para ver … «ANDOR»

Si aún no le diste una oportunidad a «Andor», te damos cinco razones para ver la nueva serie que continúa con la expansión del universo «Star Wars».

Por @mauvais1

No voy a iniciar este artículo sin antes mencionar que Rogue One: Una historia de Star Wars (2016) de Gareth Edwards ha sido una de mis películas favoritas de la expansión que la trilogía original obtuvo cuando cayó en manos de Disney, apenas un poco menos que Star Wars: Episodio VIII – Los últimos Jedi (2017) de Rian Johnson. Ambas intentaron dar al universo una visión fresca, con sus problemas claro está, construyéndola a través no solo de nuevos personajes, si no que también de historias, quizás no menos épicas, pero sin lugar a dudas más humanas.

Es como si en el arquetipo de esta magnifico mito, se involucrara por fin lo pedestre y dual del hombre. Criaturas impuras, sobrevivientes sumidos en las sombras de las contradicciones. Descartaron la polarización extrema del bien y el mal en una construcción de tramas humanas habitadas por necios, cobardes, guerreros fanáticos, victimas que en última instancia comenzaron su lucha por resistir un poco más y terminaron como héroes de una gesta más por casualidad que por acción propia.

Rian Johnson lo llevó a extremos insospechados, en la subtrama de su película, que tenía como protagonistas a Rose y Finn, con el planeta casino Canto Bight y otro tanto en la relación de Poe y la vicealmirante Amilyn Holdo, para dar ejemplo de quienes habitan el universo que lideran Luke, Leia y Darth Vader. Lo que se atisbaba allí, aquí Andor lo profundiza, cosecha gran parte y desarrolla en un drama social, un thriller de espías, y por sobre todo en la construcción de un antihéroe tan intrigante como lo fue Han Solo en Star Wars: Episodio IV – Una nueva esperanza (1977) en particular.


La historia, un trasfondo cotidiano de una dictadura

Para adentrarse en la trama que tiene como protagonista a Cassian Andor y su encuentro con la Rebelión que dará pie a su aventura en Rogue One, el equipo de guionistas liderado por el creador de la serie Tony Gilroy (La saga Bourne, Michael Clayton) junto a Beau Willimon (House of Cards) y Stephen Schiff (The Americans) presentan de a poco lo que conocemos como el Imperio. Destacando esta vez los borrosos limites geográficos y políticos del mismo, donde todavía su estructura no ha engullido la totalidad de la galaxia. Es interesante porque el proceso de incursión de este irá de la mano con el personaje, que a medida que se introduce geográficamente en los planetas centrales de la galaxia, ahonda en el drama de los rebeldes, se introduce en el núcleo duro del sistema. Las acciones que protagonizan propulsan a su adversario. Nos adentramos en un mundo donde la ley no es fuerte, que aún se reorganiza tras caída de la Republica. El común, los habitantes de Fest viven en una paz relativa colmada de incertidumbres sobre lo que vendrá. A medida que nos adentramos en la aventura iremos desandando junto a ellos la conversión de la galaxia. De todas maneras el Imperio está presente, aunque sea un eco lejano, como sucede en toda frontera.

La dictadura es pura y dura por donde se la mire; ley marcial, detenciones arbitrarias, supresión de la libertad de expresión. Pero a su vez, en el núcleo, el planeta Coruscant simula una republica como la construida por Augusto en Roma, donde todavía el senado está activo aunque sus poderes son ínfimos, una parodia que llevan adelante para mantener formas y así medrar con su discurso en la población y lograr su aceptación. Es realmente interesante el desarrollo de la trama dentro de este marco, porque se vislumbran los métodos y acciones de los cuerpos represivos. La intimidación constante de su presencia. Se lo ve en la tercerización de sus fuerzas, y como cooptan aliados. La población sumida en ese estado represivo, la alienación que resilientes afrontan para sobrevivir.

Una vez más como es un clásico ya en la saga, opone dos formidables maneras de concebir el universo. El caos de colores y sonidos, sabores y olores que son los diferentes pueblo del universo, con sus costumbres; y por otro el acerado y purista del Imperio. Este se presenta como una formidable maquina burocrática, imitando a otros regímenes totalitarios y fascistas como el del triple eje «Roma–Berlín–Tokio» de la segunda guerra mundial. Esa capacidad organizativa, instrumental y guerrera en oposición a ese caos que es la democracia.


Un universo tridimensional

Todos somos consientes del enorme trabajo de producción que el universo ha tenido en las tres trilogías, la profundización que se le ha dado en su expansión en series de televisión, novelas e historietas. Los diferentes mundos y sus culturas. Pero aquí el trabajo de Luke Hull en el diseño de producción, junto a Rebecca Alleway (Cloud Atlas, Tulip Fever, Murder on the Orient Express) en decoración de set y el vestuario de Michael Wilkinson (un abonado del universo DC de Zack Snyder) supera cualquier expectativa.

La construcción de cada escenario es parte fundamental del o los personajes que lo pueblan, que conviven en el. Las construcciones de ladrillo de Fest, un pueblo minero, que también es el recordatorio de quienes son como sociedad, ya que los muertos son convertidos en ladrillos que se colocan en las paredes de sus edificios. La blancura iridiscente, al igual que los uniformes del Buró de Seguridad Imperial (BSI). Los presuntuosos departamentos de Mon Mothma, que muestra la clase alta gobernante de Coruscant. De hecho la construcción que hacen del diseño de vestuario donde partiendo del traje original del personaje en el film de 1977 crean un completo aspecto de la sociedad Chandrilana. Esas referencias asiáticas y sus Hanfu.

Los más destacado seguirá siendo la penitenciaria de Narkina 5. No solo por el diseño del presidio estructuralmente y sus maquinarias, sobre las que los reclusos trabajan, también por como construye una visión del pensamiento del imperio con respecto a sus pobladores. Maquinas ausentes trabajando sin cesar, sin pensar, cubriendo cuotas en tiempo limitado para generar esa sensación de eterno circulo.

Nicholas Britell (The King, The Underground Railroad, Succession) es un magnifico componente del drama, puesto que la banda de sonido es incidental mentando por ejemplo las realizadas por Benjamin Wallfisch y Hans Zimmer en Blade Runner 2049 (2017), en esencia thriller de acción, espionaje como lo realizado también por Don Ellis en The French Connection (1971).


Espías y doble cara

La magia de los thrillers de espías y político, es indiscutida más aun si Beau Willimon (House of Cards) y Stephen Schiff (The Americans) están en sus guiones, como el mismo Tony Gilroy que ha hecho lo suyo en Michael Clayton (2007), Duplicity (2009) y claro, The Bourne Legacy (2012). Esta vez, al ambientarlo en un universo de ciencia ficción, se valen de la imaginería creada por Philip K. Dick o por qué no William Gibson. La tecnología utilizada en las torturas, la calles lluviosas y sus bares de mala muerte de Morlana Uno. El thriller trasladado a nuevas fronteras, géneros, que recuerdan a producciones como Soylent Green (1973) de Richard Fleischer. El ciberpunk y la ciencia ficción distópica son elementos claves en la serie para crear el ambiente. De todas maneras la saga está más cerca de algo como Atomic Blonde (2017) que Bridge of Spies (2015), pero hay desarrollo de los personajes y su internalización en el drama de inteligencias.

La hasta la elección de los directores de los episodios ha tenido sentido; Toby Haynes (Jonathan Strange & Mr Norrell, Utopia), Benjamin Caron (Wallander, Sherlock, The Crown) y Susanna White (Boardwalk Empire, Master of Sex, Our Kind of Traitor, Trust) no solo tienen la experiencia necesaria en sagas de desarrollo de personajes, también en los géneros que «Andor» frecuenta. «Nobody’s Listening!» (E09xT1) de Haynes más allá de narrar las vivencias de Cassian en la prisión, narra la frustración y encierro que los personajes en general soportan. Cada episodio tiene su tónica, el tema que los protagonistas trascienden o se estancan.


Personajes y desarrollo

Era obvio que esa última referencia nos llevaría a comentar el trabajo que realizan los actores del drama, y el magnífico trabajo que hacen para que estos logren empatía con el público, tanto así que muchos tildaron sus primeros episodios de lentos y hasta dubitativos. Y más allá de crear, para Andor en particular, una historia muy al uso del surgimiento del héroe con ese pasado trágico de orfandad, traza en declive sus aventuras. Estamos en el bando «bueno» por llamarlo de alguna manera, pero no deja de construirlos en una interesante oscuridad. La reconstrucción que los guionistas hacen del universo Star Wars, creándole una visión dúctil y realista (dentro del género) suma al drama de personajes. No es profundo, pero a la vez sí constante y fiel a estos. Lo insinuado por Rian Johnson en Star Wars: Episodio VIII – Los últimos Jedi (2017) aquí es el tema preponderante. No con los empresarios armamentísticos de dudosa moral y afinidad absoluta a la ganancia, pero sí a ese ambiente enrarecido donde no hay héroes, sino sobrevivientes que utilizan cualquier arma para sus fines.

Cassian nace y crece en una comunidad que mucho se parece a los niños perdidos de Peter Pan y su selva en Nunca Jamás, para ser empujado a la galaxia, al universo de los adultos luego de su encuentro con la nave. La muerte, el exilio, la tragedia de su hermana desaparecida, el ser adoptado por dos piratas carroñeros transforma al joven en otro de los sobrevivientes de esos mundos cooptados, conquistados por diferentes fuerzas. Los temas políticos actuales están a la orden del día, es obvio, pero los autores se esfuerzan por que sean dinámicos al relato. Cassian es el ángel caído del paraíso, un demonio sin alas que tiene, por razones que solo la fuerza entiende, la oportunidad de recobrar su origen. Es a la vez un inocente de todas maneras que debe aprender el oficio de la forma más cruel.

Fascinante es el Syril Karn de Kyle Soller que se mueve en el afán de demostrar su valía, que no se impresiona por el bando que elige, sus razones lo vuelven una criatura siniestra, un psicópata en ciernes. Todos ellos en general tienen algo que demostrar, de alguna manera se esfuerzan por dejar huella. Pero el juego es puramente cerebral, no es una cuestión de épica, es un ajedrez de poderes y dominación.

Ninguno se priva de descender si la obra en construcción lo amerita, Luthen Rael (Stellan Skarsgård) y sus acciones son el mejor ejemplo y vale como una sinopsis del relato en general. En el 01×10 titulado Una Salida, uno de sus contactos lo cita para decirle que abandonará la Resistencia. Es en los subsuelos de Coruscant. El ascensor se detiene frente a una plataforma/puente rodeada de artefactos tecnológicos y cablerío. Luthen Rael frente a este, con sus ropas y capa negra, inmediatamente nos referencia a Darth Vader y claro, su trabajo en traer a Luke a la oscuridad en Star Wars: Episodio VI – El regreso del Jedi (1983).

Esta vez no seduce al otro para que se alíe, lo convence para que se quede. Y lo hace desde el drama del sacrificio que todos están haciendo por la causa. «¿Qué sacrificas tu?», le preguntan. «Calma. Bondad. Amistad. Amor. Renuncié a mi paz interior. Mi mente es un lugar oscuro. Comparto mis sueños con fantasmas. Me despierto a diario con una decisión que tome hace 15 años que tiene una sola conclusión, estoy condenado por lo que hago. Mi ego, mi ira, mi falta de voluntad para ceder, mi afán de luchar, me llevaron por un camino que no tiene escapatoria. Anhelaba ser un salvador contra la injusticia sin pensar el costo y cuando me di cuenta, ya no había vuelta atrás. ¿Cuál es mi sacrificio? Estoy condenado a usar las herramientas de mi enemigo para vencerlo. Destruyo mi decencia por el futuro de otra persona. Destruyo mi vida para crear un amanecer que sé que nunca veré…»  

Los personajes en la saga de Andor están condenados a repetir las atrocidades que han sobrevivido, son elementos rotos que otros utilizan por la fuerza que esas debilidades también les da. Hay héroes por ver, también, pero estos están sujetos a las practicas de los otros, caminan en las sombras guiados por esa fina cuerda que es Luthen Rael o el violento de Saw Gerrera (Forest Whitaker). No todo está perdido aún, Mon Mothma (Genevieve O’Reilly), Vel Sartha (Faye Marsay) y el improbable Kino Loy (Andy Serkis), y claro, Karis Nemik (Alex Lawther) y la reivindicación de Maarva Andor (Fiona Shaw), son los representantes del tan mentado lado luminoso de la luz, pero las tragedias se ceban con ellos, porque aún no es tiempo de héroes.

«Y el ego que empezó esta pelea no tendrá un reflejo ni una audiencia ni la luz de la gratitud. Entonces, ¿qué sacrifico? ¡Todo! Te quedas conmigo Lonni. Necesito todos los héroes posibles».


Consideraciones finales

La diferencia con sus predecesoras radica justamente en que esta vez los hechos se ajustan a la vulnerabilidad del alma humana, que más allá de solo elegir bandos, intenta narrar la otra épica; la de los que son capaces de cualquier cosa por el objetivo final, tanto que son también puestos en consideración, para el espectador, en sus vicios y necesidades. Aquí el relato se posiciona en los obreros, los mugrientos picapedreros que labraron el camino de la lucha. Los que por fuerza se olvidarán en dossier secretos y reescrituras en las páginas de los libros. Un drama de desarrollo de personajes, un atractivo thriller de espías, y acción aventurera en planetas distantes. De alguna manera se las arreglaron para conseguir que el universo creado por George Lucas sea capaz de un drama adulto con personajes permeables, capaces de ser empáticos en sus fragilidades, muchas que hallamos en nosotros.

Un drama de pasillos de palacios, que recordará a Game of Thrones (2011-2019), con sus diferencias, por esa intención de inmiscuirse en la épica e intentar establecer una visión realista de lo que supone sumarse a una para un personaje mediocre, del montón. De dar veracidad a algo tan espantoso como el totalitarista y dictatorial Imperio. Más aún, ni siquiera se vale de «elegidos» o «profecías» para iniciar el relato, sino que de hechos que empujan a tomar decisiones, a situaciones que corrompen o salvan, son todos los personajes piezas de una historia que los excede por momentos. Andor, felices aquellos que se crucen en su camino.


Acerca de Marco Guillén 4066 Articles
Aguanto los trapos a Jordi Savall. Leo ciencia ficción hasta durmiendo y sé que la fantasía es un camino de ida del que ya no tengo retorno.

2 Comments

  1. Primera vez que entro a este portal. Y fue una gran primera vez. Exelente lectura de lo que se vio en The last Jedi. Sin lloriqueos cómo muchos otros hacen. Y el análisis de Andor, también fabuloso.

    • Muchas gracias por tus palabras, disfrutamos mucho haciéndolo y tus palabras nos alienta a seguir con más ganas! Te esperamos siempre aquí con noticias y review.

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