[REVIEW] Matadero

Tras mostrarse en los Festivales de Locarno y Mar del Plata, llega una película sobre un filme perdido realizado en la Argentina de mediados de los 70s; que verá la luz tras décadas de polémica por la sangre que se desparramo durante su producción.

Por @RockaOnTheGo

Como pasa con los acentos en los idiomas, hay en el cine ciertas idiosincrasias no tan literales que hasta el espectador menos atento se ha entrenado para identificar. Desde el uso de actores puntuales o algún tipo de iluminación especifica, que hace de una producción con por ejemplo Adam Sandler donde no existen las sombras y todo esta burdamente iluminado sirva para que el celebro en un microsegundo sepa si continuar el zapping o quedarse satisfecho en ese canal. El cine de festivales también emplea lo mismo muy claramente en sus posters, donde los iconos de laureles le dan un cierto-no-se-que aun sin detenerse a ver si se trata de Cannes o el Festival de Cine Internacional de Zambia.

Mataderos exuda ADN «de festival» con cada segundo en pantalla, utilizando un lenguaje distintivamente festivalero y cinéfilo para su relato de una peli perdida que nunca llego a estrenarse por los violentos actos que ocurrieron durante su producción en la Argentina de 1974. Películas festivaleras hay varias todos los años, yendo desde simple intenciones hasta historias de éxito como esta cinta proyectada en el Festival de Mar del Plata y Locarno, pero no es tan común un ejemplo de como la estética intenta llenar los enormes huecos donde debería estar la capacidad o intención narrativa que acompaña esa otrora importante superficialidad.

Una estudiante de cine es la única argentina en la producción del próximo film de uno de sus profesores, admirado por todo el alumnado por la sangre que deja y muestra en cada uno de sus largometrajes. Esa impronta finalmente le jugaría en contra cuando su productor de siempre decide abandonarlo al dedicar una mayoritaria parte del presupuesto en tan solo una escena de las tantas del proyecto. Derrotado, comienza una serie de manotazos de ahogado que lo llevara a la estancia familiar de nuestra protagonista en La Pampa junto a una joven agrupación de teatro subversivo, a los que recluta para esta nueva versión austera del guion original.

El viaje se realiza en parte con todo su equipo de producción y elenco subidos a un camión de carga animal que usualmente se emplea para el transporte de ganado, una visual tan burda como efectiva para proponer la red de temáticas del filme. El «matadero» del titulo puede emplearse para la industria del cine, la Argentina o la vida en general para los jóvenes intentando hacerse un camino en ella. Esta polivalencia de significado seria osada de no estar aguada hasta el hartazgo y estirada hasta perder el valor en toda potencial perspectiva.

Usualmente cuando un guion o director desprecian por completo el concepto de personajes en pos de que su dialogo no sea mas que una masa amorfa de refuerzos homogéneos a un mismo mensaje, es porque se quiere transmitir algo en particular. Puede no ser un mensaje sino una red de sensaciones o una simple reflexión que compartir, pero usualmente es algo muy especifico ante el cual se rinden en cohesión todos los recursos creativos y técnicos. En este caso parece que los rendidos fueron sus guionistas al intentar agregarle algo que no disponían a su provocación cinematográfica. Provocar es valioso cuando se quiere evocar algo con ello, no es este el caso.

Desde el vamos no traiciona expectativas, mostrándose con una calculada técnica y eficiente narración. La secuencia en el (ahora literal) matadero en la que vemos como ejecutan y carnean a las vacas esta empleada con intención para revelar algo de caracterización que le hubiese hecho bien al resto de la cinta. Aunque por supuesto dejara a mas de uno sin ganas de darle el beneficio de la duda al resto de la película.

Pero fortaleza de estomago y empatías aparte, es una cinta desinteresada en redención. Ninguno de sus personajes tiene su arca bien formada, aunque la mayoría si tiene aunque sea un bosquejo de la misma, eso hace que se sienta todavía mas inconclusa y cruda de lo que intenta mostrarse. No solo deja al espectador sin un personaje propiamente dicho del cual sostenerse sino que ninguno de ellos es provisto del dinamismo necesario para que sean mas que arquetipos estáticos, cualquier cambio que los afecte se informa tras ocurrir fuera de pantalla, en la narración literal o en el imaginario del espectador. Puede haber satisfacción narrativa en una construcción sin protagonista, pero cuando es evidente que la intensión fue que al menos uno de los tantos candidatos en pantalla llene esos zapatos lo único que le puede generar a la audiencia son sensaciones negativas no buscadas.

Matadero es una provocativa pieza audiovisual con victorias estéticas y lagunas temáticas que realmente se benefician de un publico extranjero. Como nosotros tantas veces perdonamos o hacemos oídos sordos a detalles negativos de una producción en una lengua extraña, no tengo dudas de que se trata de un visionado positivo para aquellos que no hablen ni ingles ni castellano o, porque no, quienes estén comenzando a mojar sus pies en el circuito de cine festivalero. Para aquellos dispuestos no solo a escuchar su lenguaje sino a adentrarse en la profunda lectura del mismo sin embargo, la propuesta lamentablemente solo alcanza para disgustos, decepciones y una irritación similar a un restorán decente con mesas de patas desiguales.

PUNTAJE: 4/10


Título: Matadero

Dirección: Santiago Fillol.

Guion: Santiago Fillol, Edgadro Dobry, Lucas Vermal.

Música: Cristóbal Fernández, Gerard Gil.

Fotografía: Mauro Herce.

Reparto: Julio Perillán, Malena Villa, Ailin Salas, Rafael Federman, Lina Gorbaneva, Ernestina Gatti, David Szechtman.

Compañías: Magoya Films, El Viaje Films, 4 à 4 Productions, Nina Films, Prisma Cine.

Un cineasta americano llega a la pampa argentina para rodar ‘Matadero’: una fábula fundacional sobre la lucha de clases entre un grupo de trabajadores asesinados por sus jefes. Es 1974: la violenta persecución de la izquierda acaba de empezar en Argentina y los actores jóvenes del rodaje están al borde de saltar a la militancia clandestina.

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