Retrospectiva Bastarda: «Shivers» (1975), de David Cronenberg

¿Ya se puede volver a hablar de enfermedades? En estos tiempos donde comenzamos a pasar fases y pensar en el futuro (muy parecido a lo anterior, lamentablemente) que se nos viene, es también un buen momento para hablar de una excelente obra sobre parásitos y enfermedades. Pero no estamos hablando de «Grey’s Anatomy» ni de sus hospitales infectados, sino que estamos hablando de la gran «Shivers» de 1975 dirigida por David Cronenberg.

Por @nicobarak

Un poco en broma y un poco en serio, quizás valga la pena hacer la comparación entre esa serie “realista” y su aproximación prácticamente opuesta a las enfermedades que trata la película de David Cronenberg. Para resumir un poco la premisa de este relato, en Shivers se cuenta la historia de un complejo residencial llamado Starliner que, gracias a los experimentos de un científico, comienza a sufrir el ataque de unos parásitos-babosas que van infectando a todos los huéspedes del edificio. El tema en cuestión es que, una vez infectados, los enfermos no tosen ni tienen dolor de panza. El infectado se transforma en un acosador sexual.

Como punto inicial, una diferencia clara entre esos relatos de hospitales y este relato terrorífico de Sci-fi es su sentido de realidad. Cronenberg, al situarse en el fantástico, se aleja de pretender ser real, y usa a la ficción como medio para retratar una realidad especifica. De forma exagerada, el relato del director canadiense asume que existe la posibilidad de que un científico loco, buscando la liberación del ser humano, cree semejante enfermedad y, por lo tanto, se permite jugar con esa nueva realidad creada.

En esta nueva realidad, tenemos muchas alusiones y símbolos que aparecen en el relato, partiendo de la más clara y directa que parecería ser una crítica a esa cultura de liberación sexual que comenzó en la década de los 60. Dentro de una premisa prácticamente religiosa, el que rompe con los tabúes y se “libera”, en realidad está siendo víctima de un parasito externo, creado prácticamente en un laboratorio, y estará destinado a convertirse en un zombie acosador. Esta forma de ver la película de Cronenberg plantea a su vez algunas preguntas, como si lo que está proponiendo la obra es el retratar esa realidad y exagerarla para evidenciarla, o en realidad al mostrarla de manera tan burda y poco realista, lo que se propone es justamente mostrarla como algo ilógico y definitivamente falso. ¿Es la liberación sexual una enfermedad, o una evolución?

Quizás el intentar responder estos dilemas no tenga mucho valor. Lo realmente interesante es que todas estas preguntas están insertas dentro de una película de terror explicita, que pocas veces da risa, muchas veces da miedo y, sobre todo, está dirigido por un director prácticamente primerizo que iba a hacer historia con su estilo. Con Shivers, Cronenberg comienza a explorar lo que iba a ser su propio universo del horror y el terror corporal con una precisión abrumadora. Previo a esta película, solo había hecho dos largometrajes bastante experimentales y no había pasado por el proceso de dirigir una producción con fines comerciales.

A pesar de esa situación primeriza, y quizás gracias a la decisión de producción de rodearlo de talentos más experimentados, su obra hace un giro de 180 grados. Los parásitos, que son una especie de lombrices fálicas que atacan a los huéspedes del edificio, pasan de ser ideas intelectuales a directamente generar terror. La sensación de asco al verlos moverse por los distintos cuerpos (gracias a otra de esa casualidades del mundo con el trabajo de un poco conocido Joe Blasco, que en su momento fue el encargado de los terrorificos efectos prácticos del film y hoy tiene una cosmetica) es absoluta, y más aún si sumamos las distintas situaciones que suceden en el film, que van desde ataques a niños, abuelas, padres… Toda la familia es objetivo de este parasito sexual.

La productora que termina dándole luz verde al proyecto es Cinepix Film Properties, que hasta ese momento era conocida por producir películas de softcore porn, o porno suave. Cronenberg, hasta ese momento, solo había dirigido dos películas raras, experimentales, y sin ningún tipo de interés comercial.

De esa vinculación tan poco prometedora nació no solo un nuevo autor, sino practicamente el surgimiento de un nuevo sub-género, el mejor director de cine canadiense de toda la historia y a su vez uno de los directores más importantes e influyentes de la historia del terror. A veces, la realidad es difícil de predecir…


Título original: Shivers

Año: 1975.

Duración: 87 minutos.

País: Canadá.

Dirección: David Cronenberg.

Guion: David Cronenberg.

Fotografía: Robert Saad.

Reparto: Paul Hampton, Joe Silver, Barbara Steele, Lynn Lowry, Susan Petrie, Allan Migicovsky, Ronald Mlodzik, Barry Baldaro y Camil Ducharme

Compañías: CFDC, Cinépix Film Properties (CFP), DAL Productions.

SEn el complejo residencial de la torre Stareliner, un científico crea, por medio de unas modificaciones genéticas, una especie de babosas. Cuando estos seres penetran en el cuerpo de un hombre lo convierten en un enfermo aquejado de un insaciable instinto sexual y asesino.

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