Black Mirror [T03E04]: San Junipero

No quieres inmortalidad porque lo dudas, sino porque la temes.

Francisco de Quevedo.

Por @mauvais1

Luego de tres episodios dignos de una indigesta moral, llega un remanso que no es tal. California, 1987. San Junipero es un divertido destino de vacaciones lleno de sol, surf, discotecas y sexo. Yorkie (Mackenzie Davis) y Kelly (Gugu Mbatha-Raw) acaban de llegar, y su estancia les proporcionará un gran cambio en sus vidas.

Puede ser una playa en una costeña ciudad de alguna parte, un Los Ángeles por qué no. Una joven deambula en la noche rodeada de una fiesta que parece no pertenecerle, todo ella es una postal de un comercial de los ochentas, Lacoste, Hering, usted elija. Ella va de bermudas y gafas de metal redondas, es una jovencita como en aquel entonces se concebía a la nerda. Camina, decíamos, empantanada en la timidez; deambula los bares sin ser, queriendo ser advertida. Mackenzie Davis (The Martian – 2015) interpreta un personaje pletórico de dudas y silencios, de introvertida búsqueda, tan querible como patético. Y Kelly, una sublime  Gugu Mbatha-Raw (Free State of Jones – 2016), es la imagen del desenfreno, de la vida hecha para ser disfrutada sin control ni anestesia. Cyndi Lauper, Madonna, la mujer disruptiva, la fémina de esa era. Ellas vuelven a representar el choque entre ambas concepciones ocurrido por aquella década, con esa vuelta de rosca que hace de la narración una enternecedora posibilidad para esta.

black-mirror-san-juniparoOwen Harris (Kill Your Friends – 2015), quien dirige, recrea esa década con el pastel y el atardecer de una comedia romántica, con la liviandad de  un tiempo que se mira con la emoción de lo dejado atrás. Con el detalle casi obsesivo de un film, tanto que por momentos se antoja artificial, superfluo. Porque lo es, lo falso decora una historia que puede suceder en un futuro que así lo permita. Una realidad virtual que servirá para que ellas se encuentren y provoquen el cambio que parecía ya no esperarse, no por falta de esperanzas, sino porque para algunos ya estuvo y rindió los frutos deseados. Charlie Brooker (creador de la serie), el guionista, afina la puntería y dispara directo a la percepción que tiene el hombre o, como en este caso la mujer, de la segunda oportunidad que tanto se añora y se teme en los postreros tiempos cuando se vive la soledad de recuerdos. ¿Si quisiste con pasión durante tanto tiempo, es posible hacerlo una vez más? Pregunta; y responde, por qué no. Puede que sea un poco la impronta que deja esta historia, bien lejos de los consabidos traqueteos de oscurantismo tecnológicos a los que nos tiene habituados la serie, que en este caso construye los personajes como un uróboros metáfisicos, el eterno retorno a las ansias de seducir y ser amado.

Un estudio sobre cómo nos relacionamos y cómo los lazos mutan para abordar nuevos desafíos, que no duda en mostrar con ironía el hastío que suscita la vida, por contradictorio que parezca. Es una historia que viendo hacia atrás relanza el futuro y, si somos tan elípticos, se nos sabrá disculpar por no querer adelantar detalle alguno que quiebre esa magia que logra este episodio hecho para el romance en su más pura concepción.  Porque de eso se trata, esta vez rompiendo la socarrona moraleja de una tecnología que nos inunda y ahoga, es hoy la oportunidad cuando ya las creemos todas perdidas. Es la decisión de intentarlo otra vez y el creer por fin que el para siempre puede ser un probabilidad al alcance de la mano.


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Black Mirror: San Junipero

Duración: 51 min.

Director: Owen Harris

Guión: Charlie Brooker

Fotografía: Gustav Danielsson

Reparto: Mackenzie Davis, Gugu Mbatha-Raw, Gavin Stenhouse, Adele Armas, Paul Blackwell, Leigh Daniels, Paul Kitson, Jeff Mash, Raymond McAnally, Nick Donald

Productora: Netflix UK

 

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Acerca de Marco Guillén 1762 Articles
Aguanto los trapos a Jordi Savall. Leo ciencia ficción hasta durmiendo y sé que la fantasía es un camino de ida del que ya no tengo retorno.

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