[REVIEW] The Boys in the Band

Con un elenco envidiable, The Boys in the Band es una nueva adaptación de la obra homónima de Broadway (escrita por Mart Crowley), que llega para el aniversario n° 50 de la película original de 1970. Dirigida por Joe Mantello, producida por Ryan Murphy y protagonizada por Jim Parsons, Matt Bomer, Zachary Quinto, entre otros. No hay tal banda pero sí un grupo de amigos y una historia que hay que ver.

Por @joacods

La historia de The Boys in the Band ocurre casi íntegramente en el departamento de Michael (Jim Parsons), protagonista del film y quien es el anfitrión de la fiesta de cumpleaños de Harold (Zachary Quinto). El grupo de amigos lo completan Donald (Matt Bomer), Larry (Andrew Rannells), Emory (Robin de Jesús), Bernard (Michael Benjamin Washington) y Hank (Tuc Watkins). Quien irrumpe en la fiesta es un viejo ex-compañero de universidad del protagonista, Alan (Brian Hutchinson), un conflictuado hombre que necesita ver a Michael de manera urgente para hablarle de un tema en especial. La llegada de Alan modificará completamente la velada, en diferentes niveles.

Antes que nada es necesario señalar dos hechos: primero, que la película adapta casi idénticamente a su predecesora, una película excelente de principio a fin. La adaptación llega al punto tal de calcar varias escenas del film de 1970, dirigido por William Friedkin. El largometraje contó con los mismos actores de la obra de Broadway y en el caso de la adaptación, vuelve a suceder lo mismo: revivida en Broadway en 2018 por Ryan Murphy, también con Mantello en la dirección, vuelve el mismo reparto para el nuevo film.

Segundo, que al igual que la primera adaptación, la cinta cuenta con un cast compuesto sólo por actores gays. Algo que puede sonar lógico y posible de ser percibido como obvio pero que no siempre se cumple en producciones representativas del colectivo LGBTIQ+. Y que en 1970 era algo digno de festejar y en 2020, lamentablemente, lo sigue siendo. Así, es un acierto que se mantenga el mismo ritual y se celebra. En una cultura marcadamente heteronormativa, los pocos papeles LGBTIQ+ deben ser interpretados por actores correspondientes a ese colectivo. Sin excepción.

[REVIEW] The Boys in the Band

Volviendo a la película en cuestión, los responsables decidieron mantener el escenario tal cual al original: Manhattan, 1968. El grupo de amigos se reúne a festejar el cumpleaños de Harold, quien no entrará en acción hasta por lo menos la mitad del film. Michael es un hombre que parece tener problemas con el alcohol y que está demasiado preocupado porque la vida se le está escapando de las manos: está envejeciendo y a la vez, se encuentra desorientado. Algo que con el correr de la acción, irá desvelándose poco a poco.

Jim Parsons está muy bien en el rol, el cual concentra gran parte del drama de la historia (y eso que lo hay y mucho) y que al fin y al cabo, lleva en sus hombros la mayor parte del desenlace de la fiesta. El primero en llegar es Donald, quien parece tener una relación más cercana con Michael y aparenta ser el más decidido a aceptar su identidad. Luego, llegarán el resto de los invitados. Larry y Hank se encuentran en una relación de la que no coinciden acerca de los términos: Larry no cree en la monogamia, a diferencia de Hank, quien se ha divorciado de su mujer (con quien tiene hijos, frutos de su relación) aunque decide pasar como heterosexual, en vez de presentarse como abiertamente gay. Bernard vive aún encerrado en la fantasía de su amor platónico. Emory es el típico personaje animador «alma de la fiesta«, demasiado afeminado para el gusto de Alan, el inesperado asistente y de quien Michael tiene la firme sospecha que aún no ha salido del closet. Por último llegará el cumpleañero y calculador Harold, quien será agasajado con un «regalo» en persona, Cowboy (Charlie Carver).

Además de Parsons, quienes brillan en la cinta son Robin de Jesús en el papel de Emory y Zachary Quinto, en el de Harold. Curiosamente, son los mismos personajes que resaltan en el film de 1970, que contó con las actuaciones de los actores originales de la obra de Broadway. Harold cumple el papel de contrapeso de Michael, encarnando a una especie de némesis: es el responsable de antagonizar parte de las discusiones que la película contiene y básicamente, de «ponerle los puntos» al protagonista, quien está teniendo dificultades para lidiar con su vida y su propia identidad.

Michael no está cómodo inicialmente con la asistencia de Alan pero poco a poco irá presionando a su viejo compañero para intentar sacarle un secreto que él cree una verdad. Uno de los recursos más interesantes del film de base era justamente ese, nunca revelar la realidad de dicha cuestión y la cinta de Mantello no defrauda, al jugar con el público hasta el último momento del relato y más allá.

El cine muchas veces brilla cuando en vez de respuestas entrega preguntas y vaya que este film está plagado de estas últimas. Es en las discusiones que se entablan una vez que la fiesta se va caldeando, alcohol, juegos y sustancias mediante; es donde brilla, cuando la sinceridad de los personajes sale a flote para contar a corazón abierto sus historias personales.

[REVIEW] The Boys in the Band

The Boys in the Band es un drama con humor intermitente que se ríe y se pone serio en los momentos en que debe hacerlo, al igual que su película hermana. Una historia que a diferencia de muchas otras remakes, reboots o revivals, se siente necesaria para refrescar y poner en evidencia a una sociedad que aún hoy en día parece repetir muchos de los estereotipos ilustrados en la cinta y que, al final del día, contiene moderna relevancia por representar realidades que luego de 50 años, todavía siguen siendo difíciles de sobrellevar.

PUNTAJE: 7/10


[REVIEW] The Boys in the Band

Título: The Boys in the Band

Dirección: Joe Mantello

Guion: Mart Crowley, Ned Martel

Reparto: Jim Parsons, Zachary Quinto, Matt Bomer, Andrew Rannells, Charlie Carver, Robin de Jesús, Brian Hutchinson, Michael Benjamin Washington, Tuc Watkins.

Productora: Ryan Murphy Productions, Netflix.

Un grupo de hombres gay se reúne para una fiesta de cumpleaños en la ciudad de Nueva York de 1968, sólo para encontrar que las bebidas y las risas se interrumpen cuando un visitante del pasado del anfitrión pone la velada patas arriba.

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