[Entrevistas 4B] Andy Muschietti: «Yo quería asustarme a mí mismo»

Andy Muschietti

Esta semana, Andy y Bárbara Muschietti fueron la sensación para la prensa de cine de género y el fandom. El director y su hermana productora, ambos argentinos, volvieron a visitar nuestro país para presentar la secuela de la terrorífica It (Eso), que causó furor y fue éxito de taquilla inesperado. Una versión “muy personal” –según confiesa siempre Andy- del clásico de los años 90 basado en la novela de Stephen King, que se podrá ver en cines a partir del 5 de Septiembre.


Por @AnXieBre

Los Muschietti ya no necesitan presentación. Mamá (2013), primera película de Andy, también fue proyectada en Argentina, pero para entonces nadie conocía el rostro de este director en potencia. Hoy es diferente, Andy y su hermana anuncian su visita y todos los esperamos ansiosos.

Andy Muschietti

Este miércoles 21 de agosto en el Village Recoleta se llevó a cabo la conferencia de prensa con ellos presentes, luego de una proyección privada de la película que duró poco más de 2 horas y 40 minutos. Siempre elegantes pero descontracturados, Andy y Bárbara charlaron con la prensa de todo lo referido a esta segunda parte del film. Cuatro Bastardos, por su parte, tuvo la oportunidad de acceder a una rueda de prensa especial sólo con Andy, luego, en el Hotel Alvear.

Andy Muschietti

La primera pregunta fue nuestra y tuvo que ver con el proceso de casting:

¿Cómo fue el trabajo de construcción de los personajes adultos con estos actores que, de verdad, se parecen mucho a los chicos? ¿Cómo fue ese trabajo de hallarlos, más allá de tener en mente a James McAvoy como Bill? ¿Hubo muchos que pasaron por esos papeles?

Andy Muschietti: Para mí es muy importante la similitud física. Cuando veo una peli con dos líneas temporales y los actores no se parecen me saca de la película. Por eso que para mí es importante, así que se buscó por ese lado. Aunque para unos puede no resultar tan relevante, quería también encontrar actores que tuvieran la misma energía, que pudieran recrear eso. Entonces es un trabajo grande también como actor, y tenés un director de casting que te enchufa cien videos para que veas… Hay que decir que de la mitad ya sabía quiénes serían; a Jessica Chastain le mostré la película antes de terminarla y se enganchó inmediatamente. Quería hacerlo. Y la idea de James McAvoy vino poco después, yo no sabía bien a quien quería y después me di cuenta de McAvoy, que para mí es casi el mejor actor de su generación. Y a nivel similitud está muy cerca de Bill a pesar de ser un poco más chiquito de altura.

Muschietti además contó que con los demás actores pasó algo parecido. Se engancharon mucho con el proyecto en poco tiempo. “La primera película fue como muy magnética, todos querían participar. Estaban muy curiosos. Incluso muchos actores, del ambiente, que no voy a decir quiénes son, querían, llamaban para ver si los podía sumar a la película y no estaban bien para el papel. Bill Hader era indiscutible, para mi es el tipo más gracioso del mundo. Con cada uno de estos actores me reuní, hablamos y fue bastante rápido el proceso. Después me costó más encontrar a Mike Hanlon que es un personaje muy importante en esta peli. Porque es como una especie de guía y líder. Y finalmente pensé en aquel actor de comerciales de Old Spice y le di la oportunidad sin tener la trayectoria de los otros. Pero obviamente le vas haciendo pruebas con los otros actores y el trabajo que hace es increíble. Realmente se puso al nivel de los otros”.

Luego, vino la pregunta obligada: si los actores (todos) se habían tomado el tiempo de leer la novela completa antes de comenzar con el rodaje, a lo que Andy respondió: “Creo que Bill Hader todavía no lo leyó (risas). Todos los demás se lo tomaron muy en serio y se leyeron todo. James McAvoy lo había leído de chico, Jessica Chastain lo leyó después de ver la primera película. Tengo una muy buena relación con James Ransone, el que hace de Eddie Kaspbrak y es el que más similitudes tiene con el pibe físicamente, y además tiene una energía y una manera de comportarse que son como la misma persona”.

Otro gran interrogante de antaño en la historia del cine es si es más complicado trabajar con niños o con adultos. A esto, Muschietti responde que es más fácil trabajar con niños. “Es una concepción falsa lo de esa complicación. Hablás del personaje, hablás de la historia y del arco del personaje y ya está. Se ponen a actuar, a jugar, porque están jugando. Los adultos no, ellos van más profundo en todo porque también hay otras implicancias. Piensan también en ellos y cómo se van a ver dentro de la historia, se mezclan otras cosas, como personales. Y además siempre quieren mejorar todo, tienen como un síntoma natural de tratar de hacer las cosas mejor. Pero en definitiva es más complicado porque el actor adulto te mide un poco más, necesita confiar en vos como director entonces si vos mostrás debilidad en cuanto al conocimiento de la historia, de los personajes y cada uno de los momentos se sienten inseguros y empiezan a dirigirse ellos mismos. Yo sabía esto, entonces cuando encaré la idea, nunca trabajé con seis actores adultos que tienen el mismo nivel de protagonismo, entonces para mí era muy importante empezar el día diciendo ´bueno, esto es lo que es importante en la escena´ y tratar de tener muy claro en qué lugar estaba cada uno de los personajes”.

Como nos podemos imaginar, entre una película y otra, un director va cambiando. Hay distintas cosas en juego, se perfecciona, trata de no cometer los mismos errores y trabaja internamente para ser cada vez mejor. Sobre esto, Andy confiesa que para la primera película estaba en el medio de un proceso… “Para comparártelo, Mamá (2013) fue mi primera película y yo siempre dibujé storyboards (yo me ganaba la vida con eso aparte de hacer cortos). Entonces yo iba al set con todos los dibujitos hechos y hacía todo lo que podía antes de empezar a filmar. Es imposible dibujarte toda la película pero cada noche anterior dibujaba cada escena y era muy importante que los planos fueran esos y los actores hagan exactamente lo que estaba dibujado. Y bueno, hay fricciones ahí porque los actores no quieren sentirse marionetas. A veces cuando tenés una visión muy fuerte, como Alfred Hitchcock, que era el paradigma de “me chupa un huevo” lo que los actores piensen.  Pero tuvo muchos problemas con eso, aunque se mantuvo en la posición de que los actores no pueden hacer esto o aquello, que cómo osan intervenir en mi geografía. Tenés que estar atento, ese es el crecimiento. Hoy en día todavía llego al set con mis storyboards dibujados plano a plano pero con la diferencia de que estoy abierto a ese cambio. No es que estoy alerta a cualquier cosa. Estoy abierto a ver lo que pasa y si lo que pasa mejora la escena de alguna manera o viene un actor y me dice ‘estuve pensando en el personaje y la verdad que no se tomaría un whisky’ lo respeto. Definitivamente estoy más abierto a las modificaciones de las geografías, contrario a Hitchcock…”.

Por su puesto, no podía faltar alguna pregunta sobre el gran Stephen King, referida a su visto bueno respecto a la primera y la segunda parte. “A mí me tranquilizó mucho cuando vio la primera película, que hice tranquilo porque él no estaba. Mi estrés era ‘no necesito otra voz’, con todo el respeto del mundo y con todo lo que lo admiro. Tenés que volcar tu visión. La adaptación es una visión interna, no está construida por las expectativas del público, por lo que te está diciendo el escritor; tenés que hacer resistencia y todas esas cosas. El estudio (Warner) te da la oportunidad sólo porque tenés una visión, tenés una experiencia emocional y la estás tratando de volcar. Entonces durante la producción de la primera película, King no intervino para nada porque él entiende muy bien eso, mejor que nadie. No es lo mismo cuando hicieron El Resplandor (The Shining, 1980) que la detestó. Y así treinta años más tarde dice ‘las adaptaciones son otra cosa’. Una de las lecciones de mi viejo, dentro de las no muchas que me dio, dice ‘un camello es un caballo diseñado por un comité’, y es eso lo que pasa, entonces cuando el estudio comienza a hacerme preguntas al respecto, son muy respetuosos por lo general, pero lo del camello se los dije varias veces. ‘¿Quieren un camello o un caballo?’”, expresó entre risas.

Y hablando de grandes estudios, negociaciones y limitaciones a la hora de filmar, Andy confiesa que el único obstáculo que uno tiene son las propias limitaciones creativas. “Te mirás a vos mismo y decís ‘¿Puedo hacer esto, una película que esté buena? ¿Soy capaz de adaptar algo que es tan querido?’. Porque es una obra muy querida, Stephen King es un gran autor, entonces, es un desafío personal. Te enfrentás a tus propias limitaciones como artista. Es ponerte a trabajar e ir refinando las escenas, trabajando mucho con los guionistas, asiendo ping pong con ellos. Las mejores ideas siempre salen del ping pong con otra cabeza, hay muchas partes de la película que son creaciones mías y que no me jodan. Todo lo del salón de espejos fue una idea mía, pero a nivel historia, yo a la estructura de la historia se la puse en la mesa al escritor, a Gary Dauberman, él la puso en papel y había algo que todavía no funcionaba. Gary luego se fue para hacer Annabelle 3, y entró Jason Fuchs, que no está acreditado. Pero en fin, es muy importante el trabajo con otra persona, en tu propia cabeza te podes meter en lugares, te podes confundir, poder crear cosas pero también quedar bloqueado”.

¿Qué lleva a un director a escribir y a filmar determinadas películas? ¿En qué piensa a la hora de escribir y de encarar un proceso industrial, como es el cine, pero a la vez tan personal?. ¿Qué hay en la cabeza de un director de cine?. Quién no se ha hecho esa pregunta en algún momento. Sobre esto se le preguntó a Andy, y él fue claro en cuanto a su visión: “Cuando fui creciendo, me acordé de mis miedos de niño, que eran las cucarachas y los fantasmas. No podía dormir.Vivía en una casa con techo expuesto y de vez en cuando se asomaba una. Y teníamos terraza también en un barrio donde había tipas, que son grandes árboles y planeaban voladoras y entonces la terraza era como un apocalipsis de cucarachas. Cuando vas creciendo, con la experiencia y ser adulto, empezás a pensar en cosas, aunque todavía me dan miedo las cucarachas. Pero evidentemente hay cosas que son como más profundas. La muerte, la inminencia de la muerte. La soledad, yo creo que cada uno de los ‘losers’ tiene un temor o un miedo profundo con el que nos podemos relacionar en mayor o menor medida. Y fíjense que los personajes repiten sus traumas, los ves repitiendo los patrones”.

Frente a tal declaración, fue inevitable la pregunta de si Andy en algún momento hizo terapia. “No hice mucho pero tuve una relación hace poco donde las cosas comenzaron a funcionar de manera extraña, entonces empecé terapia para entender lo que estaba pasando”.

Por la mente de Andy Muschietti, por la mente de cualquier director de cine, seguramente pasen muchas cosas que nunca vamos a conocer del todo. Por eso vemos sus películas, porque es la manera de acercarnos a ellos, de entenderlos y de identificarnos. Pero una cosa que todos nos preguntamos es en qué momento particular de su vida se dio cuenta de que podía asustar a la gente contando historias.

“Sabés que yo nunca pensé en eso. Yo quería asustarme a mí mismo. Cuando hice Mamá y cuando estaba en la escuela de cine, hice un par de cortos de miedo, pero no pensaba tanto en la audiencia en ese momento, quería hacer algo que me asustara a mí, lo cual es imposible. Porque si pensás en eso, lo elucubras, en la primera imagen decís, ‘Uy, esto puede ser’ pero después en la producción y todo el proceso, se va fragmentando y decís ‘Mmm… por ahí la gente se asusta o por ahí no’. En Mamá, el corto, yo estaba pensando en algo que tuviera impacto y la gente no sabe lo que va a pasar. La mamá está en el fondo del pasillo y de repente ‘Paf’, se lanza a toda velocidad y lo ves en la audiencia y funciona”.

En cuanto a la larga duración de la película, Andy asume que no sabía cuánto iba a durar cuando escribió el guion. “Es un guion de muchas páginas y había tantos personajes que tenés que reintroducir. Después todos los flashbacks, tenés que sumarlos al viaje, los obstáculos de cada uno. Además de lo de  James McAvoy con el nene, después el tercer acto, quedaron cosas afuera pero no lo esencial. El guion eran 160 páginas, la película terminó durando cuatro horas en el primer corte y ahí empezó el afinamiento”.

 

Próximamente la review de IT Capítulo 2

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