5 razones para ver… «AFTER LIFE»

AFTER LIFE

La serie del creador de The Office vuela alto, sin pedir permiso, sin pagar el peaje de la corrección política. Y eso no hace más que alegrarnos.

Por @santiagufranco

Esta serie escrita, dirigida y actuada por Ricky Gervais es tal vez su obra más personal y compleja, en el que juega con el humor y la tragedia sin necesidad de carteles de advertencia, tratándonos como lo que él supone que somos, adultos. Sin edulcorantes ni eufemismos, algo a lo que hay que agradecer cada vez más. Por ello en estas líneas te entregamos cinco razones para ver After Life:

LOS EXTREMOS DE RICKY GERVAIS

Aunque se hizo viral su último monólogo en los Globos de Oro, el comediante británico viene haciendo de las suyas desde hace años, no sólo en el mismo escenario, también en sus especiales de stand up para televisión y al ser el creador de una de las comedias más exitosas de la televisión, The Office; Gervais no le tiene miedo a los extremos, le gusta explorar los límites de lo indecible, y por supuesto, decirlo. En estos tiempos donde lo políticamente correcto parece nublar con insistencia las fuentes primarias del humor, él subvierte las expectativas y nos recuerda que pierde aquel que se toma todo en serio pues la vida es una y siempre tiene el mismo destino, la muerte. Los griegos entendían perfectamente que la mejor comedia provenía de la tragedia, no en vano surgieron palabras como tragicómico.


DEL INCONVENIENTE DE HABER NACIDO

Y es por lo anterior que Gervais no tiene problema en entregarnos la vida de Tony, un hombre que recién ha enviudado pues su esposa murió de cáncer y todo aquello por lo que valía la pena vivir parece haberse enterrado junto con ella. Cuando su existencia parecía adquirir un significado, la tragedia se encarga en poco tiempo de borrar todo planteamiento de confort y seguridad. En ese sentido la serie es profundamente filosófica con lo cotidiano. El personaje principal encuentra como salida de escape el ser honesta y brutalmente sincero con todos sin importar las consecuencias; es una forma de jugar a la ruleta rusa, una fórmula de fatalismo ante la pérdida. Y vuelve a jugar con los límites, esta vez entre la vida y la muerte mientras abre la boca para cuestionar todos los convencionalismos como una suerte de Cioran del siglo XXI.


LA DUALIDAD

Gran parte de la riqueza de la serie se manifiesta a través de sus personajes secundarios singulares y por los que sentimos simpatía en diferentes grados. Nos encontramos con una prostituta que constantemente piden que la llamen trabajadora sexual (Gervais encuentra aquí otra fuente de su discurso sobre el lenguaje y los eufemismos); o un cartero indiscreto que lee el correo ajeno; el adicto que confronta a Tony con sus propias vicisitudes y su posible destino en un par de capítulos de una incomodidad suprema; también la viuda que todo el tiempo está en el cementerio sentada al frente de la tumba de su marido y se convierte en el planteamiento filosófico de cada capítulo, curiosamente la serie juega un poco con la existencia de este personaje, en ocasiones uno parece dudar de su existencia; y el psicoterapeuta, un ser detestable, casi un villano, que funge como  el peor profesional de salud mental que alguien se pueda topar, machista, misógino, desleal, mal consejero y no se le puede agradecer más a Gervais por este juego de dualidades donde los personajes arquetípicos de la estabilidad emocional y asertividad son la antítesis de las mismas.


PEQUEÑOS GIGANTES

Los capítulos de menos de media hora entregan más que suficiente. Con la segunda temporada la intensidad se codea también con los silencios, hay momentos en que parece que no ocurre nada y al contrario de lo que pudiera parecer, no dejan de llenar la pantalla las emociones de Tony mientras ve a su mujer a través de mensajes que ella misma ha grabado antes de morir o ante cada interacción con la gente que ha aprendido a apreciar en medio del dolor. Como en toda buena serie, los mensajes son tan importantes como los pretextos para entregarlos.

AFTER LIFE


HUMANA… DEMASIADO HUMANA

Y también con pequeños personajes que quieren aparecer en un periódico local descubrimos la universalidad de aquello que nos hace tan humanos. El tener un cuarto de hora de fama o simplemente no estar solo; el querer ser escuchado o el poder descargar las frustraciones. Todos entramados fuera de un diván de psicoanálisis y prestos a recibir un destello de atención para acercarse a algo parecido a la trascendencia. Y con un humor que no podemos sino agradecer. Desde el joven obeso que toca flauta con la nariz hasta la pareja que quiere que su bebé se parezca a Hitler, todas pequeñas cápsulas de singularidad que enriquecen el conjunto.

Y mientras Tony ve los videos de su esposa muerta; mientras visita a su padre con Alzheimer; mientras coquetea con la enfermera que cuida de él; mientras su mascota le incita a vivir un día más; en todos los mientras, no queda sino esperar con religiosidad el estreno de la próxima temporada.


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