Game Of Thrones: Análisis de “The Spoils of War” (7×04)

“El caos no es un foso, es una escalera. Muchos intentan subirla y fracasan. Nunca podrán hacerlo de nuevo. La caída los destroza. Pero otros, si se les deja subir, se aferrarán al reino, o a los dioses, o al amor. Espejismos. Solo la escalera es real. El ascenso es todo lo que hay!”

Petyr Baelish (3×06)

Por @mauvais1

Comenzamos esta reseña con la frase de Petyr, porque más allá de la escena en que es citada, es un subtítulo que calza perfecto al episodio que hoy nos ocupa. “El caos no es un foso, es una escalera…” Porque lo que reina hoy, este día de páramos de fuego y batallas entre vecinos es eso. Un horrendo caos. Jaime transporta en una larga fila los carros cargados con los tesoros capturados en la batalla de Altojardín, no solo oro, también las cosechas que serán la harina del pan del ejército que intenta organizar. Vuelven cansados en un lento traqueteo. Parecen más estar lamiendo las heridas recibidas que felices por la victoria, así lo nota Bronn en Jaime cuando este le está pagando su parte del botín y algo ha de sospechas si ya quiere su castillo al cual poder retirarse. Sabe, de alguna manera, que es ahora cuando existe la oportunidad, tal vez porque se lo pide a un hermano de armas, tal vez sospecha que ese caos nunca se detendrá. Y como nuestro buen Bronn siempre hace, va directo al grano. Duda que haya paz cuando reine soberana Cercei, duda que Jaime logre mantenerla a raya. Una reina que sentada frente al enviado del banco de hierro de Braavos bebé los halagos de este, con el oro en camino la relación ahora son todo mieles y arrumacos y ofertas de inversión.

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Otro de los aspectos interesante de este episodio fue el viaje a la cueva que hacen la madre de dragones y Jon, en donde el muestra no solo los filos del preciado vidriodragón sino que también las antiguas pinturas rupestres, que los hijos del bosque dejaron. Estamos ante un pequeño muestrario de la mitología de la saga, uno que no se ha dado mucho lugar y que nos sumerge de alguna manera en la profundidad de un universo con pasado. Es cuando el joven lobo aprovecha la situación para recordarle a  Daenerys el porqué está allí. Arrodíllate, dice ella y él no lo logra. Situación que ya se está convirtiendo en una cansina cantinela, como las derrotas o victorias a medio camino que está logrando la joven Targaryen. Cansada interpela a sus consejeros, a su mano y podemos apreciar un poco del genio que ha hecho famosa a la familia.

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La familia, la reunión de los Stark no se detiene, es ahora tiempo de la llegada de la más joven de los sobrevivientes, Arya, que luego de una escena algo innecesaria en la entrada del castillo con dos guardias, se encuentra con Sansa y nada menos que en la cripta frente a la estatua del desaparecido Eddard. Encuentro que comienza frío y medido, como viejos conocidos que se ven después de mucho y no saben qué esperar del otro. Por lo menos de parte de Arya, que de a poco se ablandara. Porque frialdad es toda para Bran, que comparte la escena con un bastante perdido Petyr Baelish. Este le entrega un cuchillo de acero valyrio, el mismo que utilizaran para intentar matar al joven, asesinato que meñique había ideado y la poderosa Catelyn había impedido. Ese juego de seducción que realiza el escurridizo Petyr se ve interrumpido por esa frase, esa maravillosa bajada que hiciera a Varys hace ya mucho tiempo… Y en privado. El hecho de que ese misma daga termine en manos de Arya, parece toda un ominosa declaración de Bran. Alguien que muestra toda una nueva personalidad, ahora que es el cuervo de tres ojos. Un ser frío que todo lo sabe, la criatura omnisciente que despide a Meera de manera distante.

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Es cuando llegamos al cenit de este episodio, que no nos parece que sea el mejor como muchos advierten, ya que los episodios finales de la sexta temporada siguen siendo los más brillantes hasta hoy, pero si es de una escala espectacular. Hablamos de la batalla con que el capítulo cierra su jornada y es impresionante. La carga de los dothraki contra el ejército de Jaime es electrizante. El retumbo como tormenta, la masa descendiendo por la colina, el alarido de guerra, es una de las secuencias más hermosas que hemos visto. Al igual que la preparación de los soldados para contener la arremetida. Es una gloriosa batalla de Hastings, cuando la caballería franca embistió las fuerzas pedestres del triste Haroldo, o la carga de los Hunos de Atila, el azote de Dios. Y ese dragón surgiendo de las nubes como aparición de pesadilla es el broche que ansiamos desde que los vimos incendiar los barcos hace tanto ya.

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Toda la escena es una maravillosa construcción que realiza con maestría Matt Shakman, mostrando esa destrucción agobiante hasta el hartazgo, capaz de hacer dudar al mismo Tyrion. El choque entre Broon con la gigante ballesta construida por Qyburn y el dragón es épica en todo sentido, como ver a Jaime, lanza en ristre, cargar contra la criatura herida, cual Jorge Matadragones, como el matarreyes que es. Este será recordado no solo por la batalla, sino que por ese final en que lo vemos al Lannister hundirse sin remedio, especulando con tremendo cliffhanger si este fue su fin. Un cierre de oro, una sinfonía que concluye a toda orquesta y que es solo el preámbulo de una agotadora semana de espera. 

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Acerca de Marco Guillén 1964 Articles
Aguanto los trapos a Jordi Savall. Leo ciencia ficción hasta durmiendo y sé que la fantasía es un camino de ida del que ya no tengo retorno.

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