Efectos especiales: Un antes sin tecnología

En la actualidad, cada película o serie que vemos (ya sea en la pantalla grande o chica) cuentan con efectos especiales para conseguir plasmar de manera exacta las escenas imaginadas. Pero ¿Cómo se las ingeniaban algunos de los grandes directores cuando no existían los recursos tecnológicos modernos?

Por @GiuCappiello

Hace pocos días se estrenó la segunda temporada de “Stranger Things” y seguramente te pasaste todo el fin de semana –como nosotros– “maratoneando” en Netflix, viendo capítulo tras capítulo, fascinado ante ese “upside down” de estridentes colores y enormes criaturas.

Recordemos que detrás de todo esto que nos cautiva, en todas las formas de contenido en general, hay largas horas de trabajo por parte de los responsables de efectos especiales, que utilizan todos las herramientas a su disposición hasta conseguir esas imágenes que hacen espectacular a la película o serie en cuestión. Pero en otra época, donde el avance tecnológico no era tal, los encargados de producción no contaban con la posibilidad del posterior tratado de imagen, chroma (pantalla verde) o el añadir sonidos luego de filmada la escena, entre otros recursos, sino que hace 50 años atrás, reconocidos directores como Alfred Hitchcock sólo podían servirse del maquillaje, luces, vestuario y sobretodo del ingenio para aproximarse lo más posible a lo imaginado.

El maestro del suspenso, en una de las entrevistas más completas y famosas que le fueron hechas, a cargo del periodista francés Françoise Truffaut, contaba cómo conseguía lograr el efecto esperado en algunas de sus películas, luchando contra dos problemáticas: los escasos recursos por un lado, y por el otro, los costos que implicaba utilizar las técnicas existentes en la época.

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Algunos ejemplos de ésto los encontramos en “The Rope” (1948), una de las películas más ambiciosas que el director había planteado hasta ese momento en su carrera: iba a ser su propio productor y el guión estaba basado en una obra de teatro cuya trama de desarrollaba de manera continua, desde que se alzaba el telón hasta que bajaba, en el trascurso de una tarde noche, más precisamente de 19:30 a 21:45hs dentro de un pequeño departamento de New york. Y siguiendo esas características exactas era como el director pretendía filmar la película.

Un film en un solo plano
Siguiendo con la idea de continuidad que planteaba la obra, Hitchcock se propuso rodar el film de manera que no constituyera más de un plano, esto trajo la primera dificultad, ya que en la época la extensión de los rollos –sí, rollos– era limitada, lo cual lo obligó a ceder un poco ante su idea, pero sólo un poco, la película tiene contados cortes casi imperceptibles, que el director resolvió haciendo pasar a alguno de los personajes por delante del objetivo para así fundir la imagen en negro y luego abrir la escena –el nuevo rollo– desde ese mismo lugar.

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De 19:30 a 21:45 hs
Otra dificultad que se presentó era que la trama transcurría desde la tarde hasta la noche y la escenografía se reducía al living de un departamento con un gran ventanal en el fondo, con lo cual el pasaje del atardecer hacia la oscuridad iba a ser notorio. Para esto, el set de grabación contaba con una maqueta que simulaba la ciudad de New York, con un tamaño tres veces mayor al de la totalidad del decorado para generar perspectiva y con una forma semi-circular para así poder filmar desde varios ángulos sin problemas. Para el cielo, se fabricaron nubes de fibra de vidrio, sostenidas por hilos transparentes o ¡perchas!, y para generar el efecto del paso de las horas junto con el anochecer, al final de cada rollo, las nubes eran desplazadas de manera manual de izquierda a derecha y a distintas velocidades.

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Efectos de sonido
En una de las escenas, el protagonista (James Stewart) abre el gran ventanal y podemos notar cómo se comienzan a oír los sonidos propios de la calle, sonidos muy reales por cierto, ya que para esto el director colocó un micrófono en el sexto piso del estudio y reunió un grupo de personas para que desde la vereda mantuvieran una conversación, logrando así lo exacto del “bullicio urbano”.

Otra curiosidad es que en esa misma escena se puede oír una sirena que incrementa, con lo cual entendemos que la policía está llegando al edificio. Cuando Hitchcock consulta a los operadores acerca de cómo iban a generar este efecto, ellos le indicaron que irían subiendo lentamente el volumen de un sonido de sirena ya grabado –pero conociendo al director podemos imaginar que esto no lo conformó– decidió que eso no sonaría real y finalmente la sensación de distancia y acercamiento se solucionó de la siguiente forma: se colocó nuevamente un micrófono pero ahora en la puerta del estudio y ¡se contrató una ambulancia! la cual recorrió 2 kilómetros con su sirena encendida hasta llegar al edificio.

Ahora está un poco más claro, los grandes directores en la historia del cine por algo lo son y serán siempre, ni la época ni los recursos son obstáculos cuando se tiene ingenio. Pero ahora, en el 2017: ¡A disfrutar de los infinitos recursos y de los efectos especiales que nos dejan maravillados frente a la pantalla durante horas!


 

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