[REVIEW] La cocinera de Castamar

Una historia de amor en la dieciochesca España de los Borbones de final amargo y no por la cocina de Clara.

Por @mauvais1

Los inicios del XVIII trajeron aparejados con el cambio de siglo un sin fin de cambios en las principales cortes del occidente europeo. En Inglaterra la triste reina Ana Estuardo daba paso a la naciente y alemana Casa de Hannover en el trono británico, mientras que en España sucedía otro tanto. Con la desaparición del hechizado Carlos II de Habsburgo desembarcaba en esos reinos la rica y poderosa casa de Borbón.

En la figura de otro triste y depresivo rey, la vieja gloria de esas tierras tendrían su renacimiento. Felipe V, nieto del francés Luis XIV, tras varios tratados y enrosques políticos, daría comienzo al reinado más largo de España, a la que llevaría, a pesar de sus ataques, hacia una nueva etapa gloriosa, de jugosas intrigas palaciegas a nivel internacional, guerras sucesorias y cambios drásticos en los gobiernos, con el naciente movimiento de la Ilustración.

Es allí donde la historia de «La cocinera de Castamar» tiene lugar. Para ser más exactos y de acuerdo al original literario en la década de 1720, con un rey ya bien asentado en el trono y con sus conflictos de salud mental profundos. Una joven Clara Belmonte (Michelle Jenner) llega a la casa del Duque de Castamar, un atribulado y viudo Diego (Roberto Enríquez) que llora la muerte de su esposa. Es en ese instante que nos adentramos en el palacio como testigos de una nueva historia para ambos, con pasados oscuros, que deberán enfrentar. Él como secretario del consejo del rey y ella como cocinera del palacio.

El juego propuesto y guionado por Tatiana Rodríguez y el equipo de escritores de los doce episodios acude, sepa disculpar el paciente lector nuestra ignorancia con respecto al original literario, a varios tópicos de las historias ambientadas en salones palaciegos donde las intrigas cortesanas se expanden hasta los suburbios de la mansión, con sirvientes y otros interviniendo en los conflictos. Como una acelerada y menos conspicua «Downton Abbey» (2010-2015), «La cocinera de Castamar» reúne, como si de una enciclopedia se tratara, todo artificio que bajo la mirada romántica de hoy creamos y creemos de aquellos tiempos.

Lo interesante es que la historia, al tener a una cocinera entre sus protagonistas, tendrá entonces a la comida como base fundamental del relato espiritual de los personajes. Una mixtura entre «Como agua para chocolate» de Laura Esquivel y su fascinante Tita y, por qué no, «Vatel», película de Roland Joffé, donde la pompa culinaria penosamente es poco explorada aunque si determinante para el drama. Una Tita/François Vatel es esta Clara Belmonte.

Ciertamente el ritmo en las intrigas ejecutado por Enrique de Arcona (Hugo Silva) y Sol Montijos (Marina Gatell), marquesa de Villamar, es un símil a las contradanzas ejecutadas en «Las amistades peligrosas» (Les Liaisons dangereuses) de Pierre Choderlos de Laclos, que aunque aquí no desentonan sí llegan a tomar, lamentablemente, bastante distancia con el cinismo con que fueron creadas. Siquiera una mínima causticidad como para exponer lo que estas criaturas indolentes y malcriadas de la nobleza pueden causar con sus juegos de poder.

Esto nos lleva a pensar en el discurso, que claramente es romántico, aunque en conceptos modernos de la definición y, por lo tanto, modernos también en el relato. A comienzos del siglo dieciocho ya se habla de la igualdad- aunque ante la muerte, pero igualdad al fin- que trata a una mujer como un referente de libertad y educación liberal. Aggiornadas hasta lo irreconocible, estas criaturas escapan a su era, y más temprano que tarde la serie pierde justamente lo más interesante, la aproximación a esos tiempos y el cómo sus habitantes dirimían sus dilemas entonces.

Una costosa y excelente puesta – el diseño de vestuario femenino en particular con sus influencias francesas es exquisito – pero arropan un drama que podría suceder en la actualidad sin roce alguno. Y entonces el drama de época pierde sentido, porque lo atractivo es vivenciar sus modos, reglas y costumbres. La idiosincrasia de la corte española en transición del viejo y desgastado Habsburgo hacia la brillante y moderna era Borbón.

Es en los tres últimos episodios cuando que la historia toma un curso de cierre apresurado hacia el final feliz y rosa, sin una apreciación acabada de los personajes, y son las renuncias a ducados y demás prerrogativas por comenzar y una elipsis por finalizar las que destrozan lo construido anteriormente. Solo faltó el “Ningún animal fue lastimado en la realización de esta película”. Una pena, porque la esmerada producción de época se redujo a solo un comparsa de fondo, sin sustancia al ser vaciada de todo su carácter. Se nos viene a la memoria entonces «L’innocente» de Visconti, «The Portrait of a Lady» de Jane Campion, o la maravillosa «The Age of Innocence» de Scorsese, por mencionar algunas obras donde el peso dramático está dado por la lucha de la heroína dentro de la sociedad en que convive y por la ruptura y reinvención o no de esta, pero siempre dentro de esos parámetros. Es eso lo interesante en un drama de época. Aquí solo sirve como escenario y accesorio, y es una pena.

Definitivamente es una interesante propuesta por su costo y concepción, por el cariño con que algunos pasajes son retratados, pero que hace agua en su cierre, en la credibilidad de sus personajes dadas las decisiones que toman en detrimento de un universo que jamás poseyó espacio para su acción.

Y, por supuesto, es siempre un placer volver a ver a Michelle Jenner.


Título: La cocinera de Castamar

Dirección: Iñaki Peñafiel, Norberto López Amado

Guion: Fernando J. Múñez, Tatiana Rodríguez, Ramón Tarrés, Camino López Lozano, Arantxa Cuesta, Víctor Pedreira. Novela: Fernando J. Múñez

Música: Ivan Palomares

Fotografía: Aitor Mantxola, Óscar Durán, Juana Jiménez

Reparto: Michelle Jenner, Hugo Silva, Roberto Enríquez, Maxi Iglesias, Silvia Abascal, Jean Cruz, Fiorella Faltoyano, Marina Gatell, María Hervás, Agnès Llobet, Mónica López, Nancho Novo, Pepe Ocio

12 episodios.

Adaptación de la novela homónima de Fernando J. Múñez, ambientada en el Madrid del siglo XVIII. La joven Clara Belmonte (Michelle Jenner) comienza a cocinar para Diego (Roberto Enríquez), Duque de Castamar. Esto cambiará la vida de ambos, que tendrán que luchar contra uno de los grandes obstáculos de la época para estar juntos: la diferencia de clases, además de hacer frente a la sed de venganza de Enrique de Arcona (Hugo Silva).

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Acerca de Marco Guillén 3308 Articles
Aguanto los trapos a Jordi Savall. Leo ciencia ficción hasta durmiendo y sé que la fantasía es un camino de ida del que ya no tengo retorno.

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