[REVIEW] El juego del calamar

Un total de 456 concursantes desesperados compiten en un misterioso juego de supervivencia que consiste en múltiples rondas de juegos infantiles. ¿La meta? Ganar un premio de 45 600 millones de wones para salir de la miseria. Bienvenidos a «El juego del calamar».

Por @mauvais1

Es indiscutible la larga lista que podríamos proveer al lector amigo sobre las influencias que esta serie trae consigo. Una lista que ya ha sido mencionada hasta el hartazgo en docenas de reviews, criticas y otras yerbas. Que si Battle Royale (2000) o Alice in Borderland, el shōnen de Haro Aso. Quizás Gantz de Hiroya Oku sea la referencia más cercana, aunque no igual, que se nos ocurre al ver El juego del calamar. Porque además de adultos de por medio, tenemos también un juego sangriento de sobrevivencia, en donde la crueldad y la compasión son los opuestos que también combaten en una guerra suicida. Y en medio de la desenfrenada acción de los diferentes enfrentamientos, hay tiempo para desarrollar a los personajes.

Hwang Dong-hyuk, a diferencia que en la mencionada Gantz, da la oportunidad al participante de elegir su destino, de exorcizar este infierno cuando lo desee, creando así un primer vacío moral en ellos, esos perdedores, desahuciados y violentos competidores. Lo que ocurre aquí es por propia decisión y, por lo tanto, gran parte del drama no será el misterio detrás de las mascaras, sino más bien la humanidad de los que protagonizan la carrera de seis juegos.

Gi-hun (Lee Jung-jae) es quien nos llevará a ese mundo paralelo de apuestas mortales y, claro, lo acompañaremos también en la reconstrucción que hace sobre sí mismo y sus intereses, siendo testigos de su moral intacta a pesar de ser un sujeto despreciable que descenderá hasta el infierno del instinto animal de sobrevivencia. Me recuerda vagamente a lo escrito por Frank Herbert en Dune, cuando pone en boca de Gaius Helen Mohiam, la vieja Bene Gesserit: «¿Has oído hablar de los animales que se devoran una pata para escapar de la trampa? – dijo la vieja mujer -. Esa es la astucia a la que recurriría un animal. Un humano permanecerá cogido de la trampa, soportará el dolor y fingirá estar muerto para coger por sorpresa al cazador y matarlo, y eliminar así un peligro para su especie».

Hwang Dong-hyuk propone la inversión de esta definición de ser humano, de ser como individuo en una sociedad, donde el individualismo campa a sus anchas y la corrupción de los valores éticos son puestos en tela de juicio como rompimiento para medrar económica y socialmente. ¿Capitalismo versus…? No lo creo, intenta más bien inmiscuirse en la naturaleza de las decisiones, en la posibilidad, en el último instante, de recuperar los sentimientos. Aquí lo que se pone en juego es la capacidad de amar. El egoísta desinterés del propio placer o compulsión sexual, lúdico, etc.

Criaturas rotas, muy al uso de las producciones orientales, (anti)héroes cursis y gritones, fríos e introspectivos apostadores de todo y todos. La enfermedad, parece decir, es la falta de empatía.

El juego, cada vez que se sortea la suerte del competidor, marca la derrota de la inocencia con que fue concebido. Ya no hay «madres que nos llamen adentro», murmurará Sang-woo (Park Hae-soo), porque madurar no solo es para niños. La serie concibe otros estadíos para esto, madurar es también para los adultos, un siguiente paso que es la capacidad de volver a amar como lo hicieron de pequeños. Crecer no es olvidar la niñez, es apropiarse de lo mejor de ella.

En fin, lecturas y lecturas sobre una serie de Netflix que, básicamente y en varias cuestiones, parece responder a producciones que el gigante crea sin prisa pero sin pausa. Los parecidos físicos con otras series se notan, como la habilidad de construir sin haber edificado mucho cimiento, sin intentar una profundidad más compleja sobre los personajes; así como también la tan mentada sobrevaloración que se ha extendido como replica a los entusiastas de El juego del calamar es una tontería sin sentido porque, después de todo, el divertimento es la causa de su existencia; que si invita a reflexionar, es suma; que si intenta retratar la madurez como perdida y desconsuelo, a la vez que habla sobre las nuevas herramientas que la adultez genera para reencontrar la felicidad, lo es más.

Es brutal porque no intercede, más allá del final entre lo amargo y el «Feelgood», por sus personajes que son expuestos a la aventuras sin proceso alguno de héroes o protagonistas clásicos. La dicotomía aquí es la capacidad del personaje de rescatar su humanidad en medio de un experimento que propone lo contrario ¿Cómo ser bueno si solo se consigue la muerte? ¿Es en definitiva la bondad y el amor la salvación del hombre? ¿Cómo podría, si cada buena acción no tiene repercusión porque el mensaje es acallado por el sobreviviente que mata para medrar?

El juego del calamar es puro entretenimiento, donde algunas líneas argumentales entorpecerán -más allá de su utilidad final- el viaje que el espectador hace a través de los jugadores y sus vicios, sus caídas y descubrimientos. Ya es obvio que vendrá una segunda temporada, y tal vez (habitual en la gigante N, como hemos dicho hasta el cansancio) eso justamente malogre la aventura dejando cabos sueltos. Sucios, arteros y melodramáticos son sus nueve episodios intensos. Y en mayor o menor medida, sádicos en su análisis de la humanidad y, por sobre todo, adictivos en la manera de perpetuar una acción solo variándola de escenario.


Título: El juego del calamar (Squid Game)

Título original: 오징어 게임

Guion y Dirección: Hwang Dong-hyuk.

Reparto: Lee Jung-jae, Park Hae-soo, Jung Ho-yeon, Oh Yeong-su, Heo Sung-tae, Anupam Tripathi, Wi Ha-joon, Kim Joo-ryoung, Yoo Sung-joo, Lee Yoo-mi, Kim Si-hyun, Lee Sang-Hee, Kim Yun-tae.

Productora: Siren Pictures. 

Distribuidora: Netflix.

Serie de 9 episodios.

Varias personas en riesgo que necesitan dinero urgentemente reciben una misteriosa invitación. Encerrados en un lugar secreto, 456 concursantes de todos los ámbitos de la vida participan en juegos para ganar 45 600 millones de wones. Todas las pruebas son juegos infantiles tradicionales coreanos como «Luz verde, luz roja», pero los perdedores mueren. ¿Quién se quedará con el premio y cuál es el propósito de este juego?

Acerca de Marco Guillén 3457 Articles
Aguanto los trapos a Jordi Savall. Leo ciencia ficción hasta durmiendo y sé que la fantasía es un camino de ida del que ya no tengo retorno.

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