[REVIEW] Érase una vez un genio

Un genio y una narratóloga, en una habitación de hotel, desandan un infinito mito sobre el amor y el deseo en «Érase una vez un genio», de George Miller.

Por @mauvais1

Puede que resulte extraño, por lo menos para mí lo fue, que el admirado director de Mad Max: Furia en el camino (2015), quién obtuvo entonces entre tantas criticas positivas por el hecho de trabajar con efectos prácticos y de encarar esa épica historia de ciencia ficción desde lo desgarradoramente pedestre, con acción por sobre la verba, mostrada como sinónimo inequívoco de narrar; regrese ahora no solo con una fantasía plagada de adornos visuales, sino también colmada de voces que cuentan, traducen y escarban en las imágenes.

Algunos llegaron a comparar este film, nombrado sugerentemente Three Thousand Years of Longing y que aquí se tradujo, o más bien se adaptó tan burdamente como Érase una vez un genio (simplista, extrañamente, ese titulo, como los conceptos que de a poco se ven a lo largo del film, agregaremos con pesar), con la filmografía o quizás algún titulo en particular de Terry Gilliam, algo que no lo desmerece, porque como aquél, este realizador utiliza los VFX como herramientas de una historia. No sostienen ni entorpecen, más bien expanden.

No nos es familiar The Djinn in the Nightingale’s Eye, relato escrito por AS Byatt en que se basa el guion de la película, pero sí la autora, que es la misma de La virgen en el jardín (1978) y la celebrada Posesión (1990). Ciertamente, el trazo literario de la poeta y filóloga británica se cuela en los parlamentos de la Alithea, encarnada por la siempre sorprendente Tilda Swinton. Esa narratóloga, que jugando con su nombre «alḗtheia» -traducida del griego como verdad- estudia y analiza los relatos y cómo las relaciones entre ellos generan significados.

Revestido en un complejo juego de historias dentro de otras, de hilos conductores en cuentos que se entraman, el corazón del relato es el viejo juego de la fantasía proponiéndose como parte de la realidad cotidiana. Un camino del héroe, heroína esta vez, que enfrenta el desafío que implica el redescubrir que la magia aún es posible si es capaz de cruzar el umbral del conocimiento hacia algo más que siempre estuvo allí. No es de extrañar que fuera ella la elegida, las señales siempre la acompañaron desde su infancia, señales que indicaban su capacidad de conjurar espectros que la sostuvieran en la ordinarez del mundo en que habitaba.

Los tres tiempos de la narración se ajustan a las propuestas del realizador y la guionista Augusta Gore, donde se exploran las emociones y los hechos que estas suscitan. Alithea es la narratóloga que, de viaje en oriente, donde imparte conferencias, encuentra en un bazar la botellita de cristal que contiene nada menos que a un genio dispuesto a concederle tres deseos. Desde su llegada, ella vive situaciones que le advierten lo que vendrá, que auguran la aventura que será un paseo por el mito humano, por la historia, donde se intenta explorar el sentido humano de la existencia, y el genio, interpretado por Idris Elba,  es espejo de esas emociones. El ser inmortal es solo el hilo conductor de una saga que la misma Alithea ha vivido, y no, en miles de años.

¿Puede el infinito reducirse a una vida? parece por momentos querer relatar. Cada historia del genio es una etapa en la vida de la mujer solitaria por elección. Y aunque todas las protagonistas de los desvelos del genio son mujeres, no se trata de misoginia, sino más bien de puntualizar un aspecto de ella en diferentes circunstancias. La ira, el amor, el deseo, la búsqueda del sitio de pertenencia que no siempre es un lugar físico. Todo aderezado con un fantástico universo visual, que por momentos escapa a la fantasía clásica para, de manera conspicua, narrar la historia del conocimiento científico.

Más allá de alguna irregularidad en el relato, el film es constante respecto de hacia dónde quiere dirigirse, aunque la envolvente cantidad de ideas que se quieren exponer le reste a la maravilla del instante quieto del cuarto de hotel, donde un genio y una mujer regatean deseos. Esto y la simbología, que en los detalles narran otros como la voz en off de Swinton a veces rozando el verso yámbico de Milton o John Keats.

Es deslumbrante. Una historia hecha de muchas, capaz de entrelazar el pasamiento cientificista con el cuento folclórico, donde por momentos la imaginería de Miller, la fotografía de John Seale y la música de Junkie XL logran pasajes memorables, soberbios. El silente narrador de imágenes de Mad Max: Fury Road no está perdido en la verba, que es tan deliciosa, y ofrece una aventura fantástica moderna y bastante adulta, pero quizás se pierda un poco en las máximas y no en el laberinto que los personajes construyen sobre los diferentes matices del deseo y el amor.

PUNTAJE: 8/10


Título: Érase una vez un genio

Título original: Three Thousand Years of Longing

Dirección: George Miller.

Guion: George Miller, Augusta Gore.

Relato CortoA.S. Byatt.

Música: Junkie XL.

Fotografía: John Seale.

Reparto: Idris Elba, Tilda Swinton, David Collins, Alyla Browne, Hayley Gia Hughes, Angie Tricker, Sarah Houbolt, Kaan Guldur, Jason Jago, Aska Karem, Aiden Mckenzie, Berk Ozturk, Jack Braddy.

La Dra. en literatura Alithea Binnie parece estar feliz con su vida aunque se enfrenta al mundo con cierto escepticismo. De repente, se encuentra con un genio que ofrece concederle tres deseos a cambio de su libertad. En un principio, Alithea se niega a aceptar la oferta ya que sabe que todos los cuentos sobre conceder deseos acaban mal. El genio defiende su posición contándole diversas historias fantásticas de su pasado. Finalmente, ella se deja persuadir y pedirá un deseo que sorprenderá a ambos.

Acerca de Marco Guillén 3940 Articles
Aguanto los trapos a Jordi Savall. Leo ciencia ficción hasta durmiendo y sé que la fantasía es un camino de ida del que ya no tengo retorno.

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