Ocean’s 8 – Las estafadoras: Un robo decepcionante

Llega la versión femenina del icónico film de robos, con estupendas actrices desaprovechadas, un guion errado y extrañando a Soderbergh.

Por @Frederick08

Cuando haces una diferente versión de una gran película, tomando hasta el nombre y personajes de ese film al cual haces referencia, hay que tener en cuenta que estás adaptando. Tomar el título, la misma base de robos y grupo de gente, conlleva que el espectador llegue con una predisposición al film, trayendo consigo una gran expectativa, debido a que la trilogía Ocean’s 8 (Preferiblemente la primera) es una de las mejores películas sobre robos que se hayan hecho.
La comparación va a estar a la orden del día. Los realizadores de Ocean’s 8, las actrices, los guionistas, y todos los responsables de esta película sabían esto, por lo que genera una gran decepción al espectador. A la vez podríamos esperar algo nuevo con respecto a robos, o algo aún mejor que la versión de Clooney y Pitt, pero la película no llega ni a ser original en ningún sentido.

El film comienza con una buena presentación de la protagonista, Debbie Ocean, la hermana de Danny Ocean, que recién salida de la cárcel decide realizar un robo que estuvo planeando por mucho tiempo. Ella desea robar un collar valuado en más de cien millones de dólares de la MET Gala de Nueva York. Pero antes de planear eso, el film nos presenta una secuencia de ella obteniendo lo que quiere sin ningún problema. Aquí hay ritmo, una buena edición combinada con una entretenida música, clásica de la saga Ocean. Hasta ahí la película se ve prometedora, pero luego ella quiere juntar a un grupo de mujeres para realizar el robo del collar.

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La adrenalina del robo existe pero dura poco, y las sorpresas que quieren emular de las otras películas de Soderbergh no impresionan. Esto quizá suceda porque en Ocean’s Eleven (2001) seguían la historia implementada por los guionistas originales (George Clayton Johnson, fallecido en 2015, Jack Golden Russell, Harry Brown, Charles Lederer) donde el robo era a unos cinco casinos de Las Vegas.
En la Ocean’s Twelve (2004) decae el nivel, pero tienen a un regio guionista como George Nolfi (The Bourne Ultimatum, The Adjustment Bureau) y en Ocean’s Thriteen (2007) vuelve a subir la calidad del film, pero sin llegar a lo icónica que fue la primera.

Lo que salvó a estas dos últimas películas fue la calidad de Steven Soderbergh en dirigir e implementar esas secuencias de montaje con música, para no aburrirnos en la preparación del robo, además de encariñarnos con los personajes desde el primer film. Cuenta también la habilidad de dirigir a varios personajes en una película como lo hizo en Traffic (2000) que le valió un Oscar, o el  equipo detrás de cámaras que juntó, como el excelente editor Stephen Mirrione (Birdman, Babel, The Revenant)

En cambio el director Gary Ross (Los Juegos del Hambre – 2012), que también es guionista, se deshace de aquel ritmo prometedor mostrado al principio de Ocean’s 8, para ir hacia su cadencia tranquila con respecto a la narrativa, algo parecido a lo que vimos en su última película  Free State Of Jones (2016).

Ocean’s 8 no es lenta, sino que más bien su regularidad en la narración no es acorde al tipo de película esperada. Quizá por eso además está como co-guionista Olivia Milch, (quien recién empieza su carrera dirigiendo un film llamado Dude – 2018, donde un grupo de adolescentes tratan con la vida después de la secundaria), intentando imponer en Ocean’s 8 una dinámica entre mujeres que en este caso no parece natural en ciertos momentos.
Ross, igualmente, tiene galardones en que apoyarse, al ser nominado como mejor guion original en la película Quisiera Ser Grande (1988) o Dave (1993), también nominado a mejor guion adaptado y mejor película con Seabiscuit (2003). Con éste último film quizá distingamos como puede mostrar lo emocionante que son las carreras de caballos, transferido al robo de Ocean’s 8 que realizan las protagonistas.

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Ellas y la trama…

Teniendo una gran cantidad de talento actoral, hay muchas situaciones desperdiciadas. Desde Sandra Bullock interpretando a Debbie quien es la que lleva la película con su liderazgo organizativo frío y calculador. Hasta Lou, la bellísima Cate Blanchett que es casi como imitar al personaje Rusty de Brad Pitt, pero sin tanto enfoque en ella.
Todo comienza con la presentación de los personajes y una secuencia de montaje alejadísima al film de Soderbergh. Mindy Kaling (The Office) es Amita la experta en diamantes, Sarah Paulson (AHS, Carol) es Tammy, la clásica ex ladrona que quiere estar con su familia y alejarse de ese mundo, pero a la vez no lo logra, siendo muy fácil introducirla en el grupo. Akwafina (Neighbors 2) tiene más original su nombre que al personaje Constance que interpreta, la estafadora con mano veloz, al igual que Rihanna la hacker o pirata informática llamada “Nine ball” que sabe muchas cosas más que las protagonistas con más edad que ella. Dos personajes habituales en estos films como necesarios para lograr su cometido.

El comodín que podría haber salvado la mano es el personaje de Helena Bonham Carter llamada Rose Weil, la diseñadora cuya carrera decae, por lo que Debbie y Lou recurren a ella para tener una forma de llegar al collar. Pero no llega a sorprender demasiado, forzando situaciones cómicas. Y finalmente la quizá mejor de todas, pero también de las más desaprovechada, Anne Hathaway interpretando a la modelo Daphne Kluger, a la cual quieren usar como elemento sorpresa pero desde el título, hasta el tráiler, ya te spoilea ese giro “inesperado” que nos quieren generar y que llega hacia el final de la película.

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El guion no ayuda. Las actrices no pueden hacer demasiado con unos diálogos básicos diluidos en agua, sin nada de vodka en ellas, haciendo referencia al trabajo que realizaba Lou antes del robo. Intenta implementar algunos conversaciones graciosas, pero algunas no funcionan, y otras te pueden generar una pequeña sonrisa. Pareciera que la película no pudiera hacer alarde de si misma, como sucedió con Julia Roberts cuando interpretaba a un personaje que se parecía a Julia Roberts en una de las anteriores películas de Oceans.

La trama posee algunos huecos incómodos de ver, con personajes que realizan una acción, pero luego no sabemos cómo logró su cometido sin que la atrapen.  Los tradicionales obstáculos que tiene que tener la preparación de un robo son resueltos de manera rápida, fácil y muy simple. De la nada aparece alguien que sabía hacer la tarea que necesitaban, y con una simple explicación, sin ni siquiera  jugar con la cámara, ya es resuelto. Todo lo que puede ser normal en ciertas películas de robos grupales, pero en este caso a veces resultan aburridos, quizá por no estar acompañados con la cámara o edición.
Por ejemplo, lo divertido del hacker que tenían los Ocean’s Eleven, fue que era torpe y nervioso, en este caso Rihanna lo hace demasiado bien, sin ningún problema, y hasta buscaron cualquier excusa para que salga de su combi donde operaba el robo, y así en una secuencia poder mostrar su cuerpo exuberante con un vestido brillante.

Otro tema del guion es que no había un antagonista claro hasta un poco más de la mitad del film. Aparece James Corden casi hacia el final, pero ya es demasiado tarde. Eran solo ellas realizando un plan, y resolviendo todo sin ningún problema o sin ver un posible problema a futuro. No había sentido de peligro, ni de inmediatez. Sin embargo, hay algunos momentos divertidos e intrigantes. Entretiene a pesar de su estructura y narrativa excesivamente industrial.

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El Robo

Durante la preparación podríamos decir que a diferencia de los otros robos de Ocean´s, parece mucho más accesible. No hay helicópteros, o grupos de seguridad máxima para hacerse pasar por ellos. O no hay mini coopers que manejar por trayectos angostos, o tampoco hay necesidad de poseer artefactos tecnológicos complejos (Solo una impresora 3D). Pero tampoco, como se mencionó, hay sentido de peligro. Es como si el espectador estuviera esperando a ver como roban el collar sin mucha oposición, lo cual puede resultar aburrido, o puede ser como algunos otros films genéricos de atracos grupales.

Hasta que llega el momento del robo, que es lo mejor de la película, a pesar de seguir con  las fórmulas ya vistas, pero su escasa duración deja con ganas de más. Aquí si hay adrenalina, sin embargo también es en donde aparecen los agujeros del guion mencionados anteriormente. Solo resultó ser una película más de robos, y hasta quizá por debajo de la media.

Finalizando se podría decir que los cameos no son para nada distinguidos, con excepción de dos personajes de las anteriores películas de Ocean’s, pero ninguno de renombre. Otra diferencia con la primera película de la versión masculina, es el final que genera una sensación de que por el resto de sus vidas, los personajes nunca tendrán que volver a trabajar. Mientras que en Ocean´s 8 el final dejó con ganas de mucho más, de que vuelvan a trabajar y a explotar aún más el talento de las grandísimas actrices que componen esta película. Para que Debbie y Lou puedan maquinar un robo por fuera de la sencillez de la industria, creando ese mundo difícil de conseguir y que pareciera que, desgraciadamente, solo existe para los hombres.

PUNTAJE: 6/10


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TITULO: Ocean’s 8: Las estafadoras (Ocean’s Eight – 2018)

Elenco: Anne Hathaway, Sandra Bullock, Cate Blanchett, Mindy Kaling, . Rihanna, Helena Bonham Carter, Jaime King, Sarah Paulson,  Olivia Munn.

DIRECTOR: Gary Ross.

GUION: Gary Ross.

Han pasado cinco años, ocho meses, doce días, y contando. Ese es el tiempo que Debbie Ocean lleva ideando el robo más importante de su vida. Ella sabe lo que necesitará: un equipo de las mejores del sector, que empieza con su cómplice, Lou Miller. Juntas, reclutan a un grupo de especialistas. El objetivo son unos interesantes 150 millones de dólares en diamantes, diamantes que adornarán el cuello de Daphne Kluger, la actriz de fama mundial que será el centro de atención en el evento del año, la Gala del Museo Metropolitano de Nueva York. El plan es más sólido que una roca, pero todo debe salir a la perfección si el equipo quiere entrar y huir con las piedras. Y todo a plena vista.

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