[REVIEW] The Sinner – Temporada 2: Ni mi ex me desilusionó tanto

Ya está disponible en Netflix la segunda temporada de esta serie que supo dejarnos boquiabiertos con su primera entrega… para confirmarnos que las segundas partes nunca son buenas.

Por @GiuCappiello

“El detective Harry Ambrose (Bill Pullman) vuelve a su ciudad natal en el campo neoyorquino; donde ha ocurrido un crimen demoledor e inexplicable: un niño de 11 años ha asesinado a sus padres sin motivo aparente. En la investigación, Ambrose descubre que ni el niño ni su ciudad son tan normales como parecen. Pronto conocerá a gente dispuesta a todo para proteger sus secretos, así como a la misteriosa Vera (Carrie Coon), una pieza complicada y enigmática de este inquietante rompecabezas.”

Tal vez seamos un poco injustos al decir “segundas partes” ya que desde el anuncio mismo de su filmación, sabíamos que esta segunda temporada de “The Sinner” no iba a ser una continuación de la historia de Cora Tannetti (Jessica Biel), sino que el único hilo conductor entre ambas tramas sería el detective Harry Ambrose (Bill Pullman) de cara a un nuevo caso tan atrapante –esperábamos– como lo fue el primero. Pero muchas veces, una de las razones por las cuales nos decepcionamos ante los estrenos, es por la expectativa heredada puesta en ellos y no tanto por el producto acabado en sí mismo. La temporada “Julian” parece tener algo –sino mucho– de esto.

Preguntar el “por qué” en lugar del “quién”

¿Por qué “The sinner” nos maravilló tanto? Por la originalidad en su presentación. No se trató de una construcción narrativa creciente que culminó en un asesinato; ni fue el clásico caso policial en el que frente al crimen debía buscarse un culpable. La primer temporada de esta serie comienza mostrándonos tanto a la víctima como al victimario, ubicándose éste último –Cora– en un lugar de mutación constante, ya que luego de pasada la sorpresa por el inexplicable exabrupto en la playa, el personaje de esta “mujer asesina” cambia: comienza generando cierto rechazo ya que sabemos que es culpable e intuimos que esconde algo, por lo tanto queremos justicia. Sin embargo, conforme pasan los capítulos y el detective puja por conocer la historia de esta mujer, se devela una realidad en la que ella también es víctima, justamente de aquello que escondía, sin saber que lo estaba haciendo.

En relación a esto, la segunda temporada cumple –a medias– con esta metodología de presentación: sabemos a ciencia cierta que Julian Walker (Elisha Henig) es el responsable de un doble asesinato y conocemos las caras e identidades de las víctimas: sus padres. El problema es que, ya sea por la interpretación del joven actor o tal vez por su condición infantil misma, se torna casi imposible considerarlo realmente culpable del horror. A diferencia de lo ocurrido con Cora, a quien en un primer momento aborrecimos por la atrocidad cometida, detrás de este pre-adolescente en cambio puede suponerse desde el principio que hay un “algo más” que lo desliga –por lo menos en parte– de la culpa, aunque sea necesario esperar ocho capítulos para saber en qué consiste ese “algo”.

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Los recovecos de la mente

Otra de las razones por las cuales la primer temporada de esta mini-serie nos deslumbró, fue por el trabajo de des-anudamiento realizado dentro de la psiquis misma del personaje principal, adentrándonos en aspectos psicológicos que hicieron a ese “por qué” del que hablábamos, iluminando su complejidad, sin reducir el hecho a una verdad moralizante: el delito era indiscutible, pero el interés por comprender el camino hacia él y la persona detrás de la responsabilidad, fueron la novedad. Y tanto es así que en el análisis que hicimos en aquel momento, fue provechoso –y placentero– explicar ciertos aspectos conceptuales y procesales de la mente, para reconocer el carácter real de posibilidad detrás del caso Cora.

En cambio, en Julian no hubo lugar para nada de esto: ciertas sugerencias vagas al contenido de los sueños, resultó el único material relacionado con lo psicológico, siendo mayor el interés por desplegar –de manera pobre– un fenómeno culturar de prácticas y creencias. Despliegue que se diluye conforme avanzan los capítulos, ya que aquella idea de “volver al principio” luego de la muerte con la que se crió este niño, que parecía ser fundamento y convicción a la hora ejecutar el crimen, pasa a segundo plano en un abrir y cerrar de ojos.

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Esto no quiere decir que no sea interesante, en parte lo es, aunque recurrir a prácticas ocultas y secretos añejos dentro un pueblo es un recurso más que agotado, de todas formas para algunos pudo haber sido entretenido este entramado policial al que nos invitaron; pero justamente aquí está la diferencia: un policial. Mientras que todo lo recién mencionado con respecto a la primer temporada edifica una historia que se presentaba como un caso criminal, resultando ser esto sólo una apariencia o excusa para exceder el argumento y explotar lo psicológico; en el caso del reciente estreno, todo se reduce a un simple policial con algunos condimentos extra un tanto insípidos.

El problema es el marco, si este estreno se tratara de una miniserie cualquiera, nueva e independiente, seguramente encontraríamos algún que otro aspecto interesante digno de analizar. Si este estreno hubiese profundizado, por ejemplo, en el encuentro con el trauma contado desde esa práctica similar a la “constelación familiar” propia de “La arboleda”, entonces tal vez hubiese sido ese el factor atrapante. Sin embargo, es el contextualizar estos ocho nuevos capítulos bajo el título “The Sinner” lo que los convierte en una desilusión para aquellos que esperábamos una historia a la altura de la anterior. Es la traición a la esencia de la serie lo que produce la sensación de desánimo y fraude, porque para ver un policial, basta con recorrer el abundante catálogo de Netflix dentro del género. La frescura, lo innovador y el interés nacido de lo intrincado pero real de la mente humana, no dicen presente en absoluto dentro de una trama cuyos falsos anzuelos resultan repetitivos y evidentes.

SPOILER: Después de hacernos saber que los que creíamos padres de Julian en realidad no eran tales, ¿Era necesario girar ese elemento una segunda vez? Su madre no era aquella, ni Vera, si no Marin (Hannah Gross)…. la respuesta es no, no era necesario. Como tampoco era necesaria la circunstancia mediante la cual es concebido, ni el personaje que forzosamente involucran en ello. Ejemplo de la diferencia entre presentar una interesante complejidad y lo innecesario de complicar una trama para hacerla interesante.

Por último, un detalle acera del detective Ambrose: mientras que en la primera temporada nos mostraban un tipo de goce específico en el acto sexual, en esta segunda temporada nos confiesan la verdad acerca de un trágico acontecimiento infantil del que parece ser responsable…. ¿Podríamos pensar en este tipo de placer de la vida adulta, como una necesidad de castigo frente a una culpa que emerge? Sería muy interesante, pero resulta otro aspecto dentro de tantos, en el que podrían haber profundizado pero permanecieron en la superficie.

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En resumidas cuentas, este nuevo caso posee unos breves momentos cautivantes, muchos otros extensos y tediosos. Algunos personajes logran una buena intensidad, siendo Carrie Coon la única que destaca, mientras que otros son puro decorado a los largo de estos 8 capítulos que molestan por el engaño de prometer thriller psicológico y entregar un simple policial. Se trata de una temporada que gustará a algunos y conformará a otros, pero seguramente a la gran mayoría los desbordará un resto de insatisfacción, producto de saber lo que efectivamente es, pero imaginando lo que podría haber sido.


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Título original: “The Sinner 2”

Año: 2018

Duración: 45 min.

País: Estados Unidos

DirecciónAntonio Campos

GuionDerek Simonds

RepartoBill Pullman, Carrie Coon, Elisha Henig, Natalie Paul, Hannah Gross, David Call, Jay O. Sanders, Adam David Thompson

ProductoraIron Ocean Films / Universal Cable Productions. Distribuida por Netflix

Género: Thriller, intriga

Sinopsis: El detective Harry Ambrose (Bill Pullman) vuelve a su ciudad natal, en el campo neoyorquino. Ha ocurrido un crimen demoledor e inexplicable: un niño de 11 años ha asesinado a sus padres sin motivo aparente. En la investigación, Ambrose descubre que ni el niño ni su ciudad son tan normales como parecen. Pronto conocerá a gente dispuesta a todo para proteger sus secretos, así como a la misteriosa Vera (Carrie Coon), una pieza complicada y enigmática de este inquietante rompecabezas. 


 

 

 

 

 

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