Pabellón 4: Moldeando la caliente realidad

Hace ocho años que Alberto Sarlo va a una cárcel de máxima seguridad todas las semanas con un simple objetivo: enseñarle a los presos filosofía.

Por @RockaOnTheGo

Hace ocho años que el abogado Alberto Sarlo va una vez por semana a la cárcel de máxima seguridad de Florencio Varela y se encierra por horas con los criminales más peligrosos del sistema penal argentino para enseñarles filosofía. Un documental debe reflejar la realidad, pero los grandes documentales seleccionan perfectamente un sector especial y único de la misma. Por primera vez se otorga permiso para que entren cámaras a grabar dentro de un pabellón en una cárcel de máxima seguridad en la Argentina, para retratar la lucha día a día de una persona que insiste en moldear la particular realidad de una de las cárceles más calientes del país.

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Además de abogado, Sarlo es escritor, esposo y padre. Balancea su trabajo con la dedicación al hogar, llevar a sus hijas al colegio y la pasión que lo convoca semana a semana a invertir no solo tiempo sino dinero en un grupo de relativos extraños. Veremos su odisea diaria para luchar contra viento y marea por el derecho de ejercer una tarea que al fin y al cabo esta realizando ad honorem, siendo que ni así se salva de las trabas que le ponen desde la misma cárcel o incluso el gobierno. El segundo protagonista del documental es Carlos Mena, preso en más de una ocasión en este mismo pabellón (ahora en libertad) que vuelve semanalmente como asistente de las clases de Sarlo mientras intenta mantenerse alejado de su vida pasada ahogando sus demonios en filosofía, poesía, el dibujo y la música.

El documental hace bien en centrarse en ambos protagonistas de forma clara pero no agobiante, el tiempo que pasaremos con ellos fuera de la cárcel en ningún momento eclipsa que lo importante del trabajo es revelar el cambio que esta propuesta trajo a los presos de un pabellón que logra por momentos evitar ser tan picante como el resto. No se trata de mostrar la realidad promedio, ni de entregar un producto enfocado pura y exclusivamente al entretenimiento como lo es El Marginal. Pabellón 4 logra informar de manera relativamente objetiva sobre una situación particular que alienta no solo el debate sino el replanteamiento interno en cada uno.

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Logra la difícil tarea de tratar a los presos como personas, sin apuntar a sus bondades ni resaltar las abrumadoras fallas que los llevaron a este tipo de condena. No busca mostrarlos en ninguna luz subjetiva, y en el proceso consigue uno de los resultados más valiosos para el cine documental: entregar información fascinante y entretenida para que el debate interno o externo de la audiencia lo lleve a sacar algo muy personal de la cinta. La misma puede resumirse en la figura de Mena, un ideal tan improbable como quizás imposible, que demuestra que uno no debe aspirar a sus sueños sino que tiene que trabajar día a día para mantenerlos tan inalcanzables como presentes.

El director Diego Gachassin logro crear un trabajo enfocado que retrata su objeto de interés de manera precisa y multifacética. Cualquier problema que pueda surgir de la película proviene inevitablemente de lo polémica de su temática, después de todo es innegable que conlleva algún tipo de irresponsabilidad el mostrar a los reos de cualquier otra manera que no sea como demonios merecedores de todos los males posibles. Pero de ninguna manera Pabellón 4 busca justificarlos o vanagloriarlos, ya que hacerlo anularía por completo la razón de su existencia: lo especial del proyecto que lleva a cabo Sarlo hace casi una década.

Puntaje: 9/10


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Título: Pabellón 4

Dirección: Diego Gachassin

Guion: Diego Gachassin

Fotografía: Diego Gachassin

Reparto: Alberto Sarlo, Carlos “Kongo” Miranda Mena

Alberto Sarlo, abogado y escritor de La Plata, intenta un proyecto utópico: enseñarles filosofía, literatura y boxeo a 52 presos del Pabellón 4 de una cárcel de máxima seguridad ubicada en Florencio Varela, en el conurbano bonaerense. Los internos hablan de Hegel, de Sartre, de Dostoievski, del superhombre, y escriben cuentos en los que desnudan su alma y cuentan partes de sus experiencias tumberas. La filosofía los ayuda a repensar sus vidas, sus destinos y las decisiones tomadas. Carlos “Kongo” Mena, un preso que acaba de salir en libertad, vuelve a la cárcel como ayudante de Sarlo, dando su visión desde un lugar más cercano a la realidad de los otros internos. Alberto logra que Carlos sea el primer ex presidiario contratado para enseñar en las cárceles bonaerenses. Para muchos de ellos es la viva imagen de que la redención es posible.

 

 

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