[REVIEW] Perdí mi cuerpo: Sobreponerse a las pérdidas

Perdí mi cuerpo

Una de las mejores películas del año es una animación que ya está en Netflix, y por supuesto que es sobre una mano amputada en búsqueda de su dueño, por las calles de París.

Por @RockaOnTheGo

J’ai perdu mon corps, o en inglés I Lost My Body, se convirtió hace unos meses en la primera ganadora del Premio de la Crítica en Cannes en ser una animación, gran candidata a llevarse el Oscar por Mejor Película Animada, pero también merece estar en la conversación de varios otros galardones que trascienden lo animado. Es una lástima no sólo que saliera al mismo tiempo que una alternativa tan avasallante como lo es El Irlandés de Martin Scorsese, sino que al ser animada varios se pierdan de considerar adecuadamente a una de las mejores películas del año.

A la larga lista de alabanzas que merece se le puede sumar que es la mejor película jamás realizada sobre una mano, al menos hasta que la crisis moderna de los grandes estudios lleve a un inevitable spin-off de Dedos de Los Locos Addams. Perdí mi cuerpo cuenta la travesía de una mano amputada, en busca del resto de su cuerpo. Intercalando las desventuras de la mano se nos irá introduciendo a la historia de vida de su dueño, que en menor o mayor medida por supuesto que tienen a su mano como protagonista.

Perdí mi cuerpo

Las secuencias del co-protagonista de cinco extremidades no tienen diálogo alguno, enfocándose en la ambiciosa animación y una excelente banda sonora para entregar la adrenalina o emociones adecuadas. En una versión alternativa menos inmaculada de este proyecto, podríamos haber encontrado un producto que no logra mantener la intensidad o interés más allá de una premisa que seguramente sirvió como disparador visual para la narrativa. Pero el resto de la cinta está lejos de notarse como algo secundario.

La vida del dueño de la mano. Naoufel, tuvo una infancia trágica extendida en un principio de adultez tan lamentable como desolador. La pérdida de una mano siempre va a ser una mala noticia, pero con cada flashback vamos a ir aprendiendo nuevas razones por las que aquel accidente va a golpear aún más fuerte de lo que uno inicialmente podría pensar.

El guion encuentra un buen ritmo de entrada, un reto siempre presente en animaciones que se sienten demasiado cómodas a la hora de expresar fisicalidad visual y muy a menudo quedan a la deriva cuando a los personajes les toca desarrollar la narrativa. La simple estructura de ir saltando de humano a mano y viceversa podría haber servido como simple comodidad o facilismo pero gracias a la dirección de Jérémy Chaplin también logra mejorar cada una de sus secuencias con el simple hecho de contextualizarlas con el resto del film.

Es una historia que se nutre de ser contada en un medio audiovisual, y no es ninguna exageración decir que hubo muy pocas historias tan bien dirigidas en el último año. No es un demérito de este 2019, excelente grupo de meses para el cine que solamente será propiamente valorizado en retrospectiva, sino un triunfo por parte de Chaplin al igual que los animadores que crearon desarrollaron un relato tan bello y personal de la forma justa.

Perdí mi cuerpo

Es una película francesa en lengua y sensibilidad. No sólo una de las mejores animadas de los últimos años, sino una coming-of-age moderna para encuadrar (sana costumbre de la industria últimamente) y un film que utiliza un romance como herramienta efectiva para complementar su historia, en lugar de aguarlo o intentar cuajar a la fuerza algo que no suma solo por su percibido valor comercial.

Este tipo de películas es una de las recomendaciones más fáciles de hacer, una que tiene algo para todos al mismo tiempo, que no se pierde a sí misma en su objetivo por contar una historia particular y personal en el medio más apto para la misma: la animación.

PUNTAJE: 10/10


Perdí mi cuerpo

Título: Perdí mi cuerpo (J’ai perdu mon corps – 2019)

Dirección: Jérémy Clapin

Guion: Jérémy Clapin, Guillaume Laurant

Reparto: Hakim Faris, Victoire Du Bois, Patrick d’Assumçao

Una mano cortada se escapa de un laboratorio con un objetivo crucial: volver a encontrar su cuerpo. A medida que avanza por los escollos de París, recuerda su vida con el joven al que una vez estuvo apegado… hasta que conocieron a Gabrielle.

 

 

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