Retrospectiva Bastarda: «Willow» (1988), de Ron Howard

Pronto se estrenará la serie, en Disney+, secuela directa del film de 1988; así que aprovechamos la oportunidad de repasar este cuento de brujas, enanos y princesas prometidas que fue «Willow» de Ron Howard.

Por @mauvais

Realmente no recuerdo cuándo dio comienzo, o siquiera si lo hizo a través de este género de películas (la fantasía, nos referimos). Pero en algún momento, la nostalgia de calidad desbordó hasta abrazar todo lo producido en algún punto de la historia del cine mainstream estadounidense. ¿Cuál fue la primera remake/secuela? Sí es seguro que hoy en día es propiamente un género por si mismo, o por lo menos una actividad que da ganancias. Revisitar viejas producciones -o no tanto- y darles una nueva oportunidad a pesar de sus denostados estrenos; porque el recuerdo, las infancias doradas de cine y pochoclos o televisión y chocolatada, son tan poderosas como para redescubrirlas bajo una nueva óptica.

Esa óptica es indefinida, imposible de argumentar. No han mejorado sus diálogos perezosos, han envejecido sin dignidad sus efectos visuales y sus historias en general son tan maniqueas y oportunistas como entonces. Una de las características que suele prender es la sencillez de su premisa, el halo de leyenda inmersa en un corpus más amplio. La idea de posible pasado que había evolucionado en cuento de hadas. La simplicidad del Génesis, cuando el hombre estaba en constante contacto con las deidades. Historias desarrolladas, se presupone, en dos niveles: el manifiesto y el profundo.

De acuerdo a línea temporal de Willow (1988), todo comenzó en 1972 con una idea de George Lucas que luego quedaría esperando hasta 1985 cuando se la presentó a Ron Howard. No parece casual, no solo por las lecturas de divulgación que el cineasta y productor estaba teniendo como base; todos recordamos sus dichos de las influencias que libros como El héroe de las mil caras (1949) de Joseph Campbell tuvieron en Star Wars, también por el ambiente que se respiraba entonces con el resurgimiento, en la década de los setentas en particular, del neo-paganismo. La (re)elaboración de los mitos antiguos de religiones olvidadas, lectura moderna de panteones ancestrales, anteriores al judeo-cristianismo, el reencuentro con estos dioses a través de la visión moderna del ecologismo, feminismo ad aeternum.

La diosas estaban en su apogeo, la brujería femenina, la reivindicación de la mujer en la historia religiosa/espiritual de las naciones, eran parte fundacional del movimiento. De hecho, la película habla del enfrentamiento de la luz y la oscuridad, patrocinado por personajes femeninos. La malvada hechicera Reina Bavmorda de Nockmaar, su hija Sorsha, la hechicera Raziel y la bebé hallada en la canasta en el rio. Es una película donde los hombres son el adalid, el compañero o guardián, y no mucho más. Básicamente se narra el viejo mito de las estaciones, la promesa de la primavera, de un resurgimiento de la vida frente al húmedo, neblinoso y crepuscular invierno. De hecho, la cazadora Sorsha sería la estación intermedia entre la niña y la anciana hechicera Raziel la sacerdotisa de este culto a la luz.

Madmartigan es la humanidad imperfecta en busca de destino superior, el héroe de mito clásico, como Willow la representación de la naturaleza y su magia ancestral. Puede que en líneas generales siga en trama a El Hobbit (1937) de J. R. R. Tolkien -hay una leyenda que cuenta que al no obtener los derechos realizó su propia versión-, pero porque todo cuento de héroe y epopeya tienen principios ya universales e ineludibles. Pero parece más influenciada por el neo-paganismo antes mencionado que por construir un cuento dentro de la inmensa mitología que Tolkien estaba creando.

Bob Dolman escribió siete borradores del guion antes de llegar a la historia que conocemos. Corría el año 1986 y las fantasías oscuras de corte épico no estaban pasando por su mejor momento en la industria, aunque se seguía apostando por ellas. Labyrinth (1986) de Jim Henson, o anteriores como Dragonslayer (1981), Krull (1983) y Legend (1985) no tenían el éxito que se esperaba, aunque algunas de ellas eran ejemplos de poderosas historias fantásticas que se tomaban en serio el relato de sus mitos, la profundidad de sus universos. Quizás por eso Willow (1988) no fue tanto hacia esas penumbrosas epopeyas e intentó insuflarle el aire de cuento de hada infantil donde el cineasta quería crear «varias situaciones mitológicas conocidas para un público joven», según sus palabras.

El film, de hecho, entró en la competencia de los premios Oscar® con dos nominaciones (Mejores efectos de sonido y Mejores efectos visuales), algo que solo volvería a suceder con la trilogía de Peter Jackson de El Señor de los Anillos. Sin embargo, también obtuvo 2 nominaciones a los Premios Razzie® (Peor actor secundario para Billy Barty y Peor Guion para Bob Dolman). ¿Qué fue lo que ocurrió? La simplificación de la trama tal vez, así como también la pobre exploración del universo en que los personajes residían.

La niña escapa de las garras de la malvada hechicera, y en un canasto llega, navegando un rio, hasta la aldea de los Nelwyns, más exactamente la granja de Willow Ufgood. A partir de este encuentro, el pequeño comenzará su viaje del héroe, el que lo llevará a convertirse en el hechicero capaz de ayudar a derrotar la oscuridad. En el viaje se cruzará con los personajes destinados a complementar su educación, los aún más pequeños brownies con un coraje mucho muy superior a su estatura, la bruja de la isla remota, el mercenario de buen corazón y la guerrera que se pasará a la luz, quién sabe por qué razones.

Más allá de la trama de Willow y la bebé Elora Danan, el resto de los personajes son meros hitos, construcciones para dar pie a la siguiente aventura, pues esa es su principal cojera. Son construidos a medida de las hazañas que deben protagonizar, el desarrollo de estos está supeditado a torpes decisiones, empujados más por un guionista apresurado que por una epopeya en proceso. Alguien mide cuánto tarda Sorsha, la hija guerrera de Bavmorda, en enamorarse de Madmartigan, ¿y por qué lo hace? Airk Thaughbaer, el comandante militar del reino destruido de Galladoorn que tiene una relación de amor/odio con Madmartigan, porque este último es un pedante egoísta, que de bravo guerrero pasa a escondido cobarde para luego volver al ruedo creyendo en una reivindicación de su amigo que no presenció o hoyó.

Es el meollo del cuento, que más allá de cumplir con las características propias del género, lo hace de forma robótica sin contemplar el corazón de tales leyes. Debe ocurrir por el bien de la trama. No es acaso su mayor desacierto, no el poco desarrollo de personaje (porque lo tiene), sino más bien cómo es abordado. Un listados de ítems a tachar. Por otra parte la construcción de los enemigos a abatir es desordenada, como si confluyeran varios mundos mitológicos conocidos en una sola historia. La Bruja en la siniestra torre elaborando sus hechizos y planes de venganza como la Malvada Bruja del Oeste de Oz, los Goblins simiescos, la hidra que parece salida de una extraña combinación de los mitos griegos y los dragones europeos. Los paisajes cambian en instantes, de cumbres nevadas a desiertos de cascajos, bosques a paramos desolados sin interrupción, sin viajes exploratorios que les otorguen continuidad en un mundo que claramente no fue planeado.

Soy un nostálgico por naturaleza con la fantasía de la de década de 1980, muchas de las producciones de entonces se antojan más incomprendidas que mal planteadas, como las primeras versiones de los cuentos clásicos, que buscaban la moraleja más que una fantasía sorprendente, e introducía a sus espectadores a crueles sucesos que solo se revindicarían si tenían la capacidad de comprender el error y subsanarlo. Hay mucho de esto en esas películas. Pero aquí George Lucas, Bob Dolman y Ron Howard, en su intención de infantilizar la epopeya -género por demás turbio en sus alegorías- pierde fuerza, los simplifica en exceso.

Willow (1988) es una aventura sana, liviana y ecuménica, donde da por sentado que el espectador entenderá por su propia experiencia en el género, que no se esfuerza en el conflicto, pero que entretiene por la acción misma con que se impulsa. Realmente una de las más perezosas sagas mágicas de entonces que envejeció de la peor manera posible.


Título: Willow (1988)

Dirección: Ron Howard.

Guion: Bob Dolman. Argumento: George Lucas.

Música: James Horner.

Fotografía: Adrian Biddle.

Reparto: Warwick Davis, Val Kilmer, Joanne Whalley, Jean Marsh, Gavan O’Herlihy, Patricia Hayes, Billy Barty, Pat Roach, David Steinberg, Phil Fondacaro, Tony Cox, Robert Gillibrand, Mark Northover, Kevin Pollak, Rick Overton, Maria Holvoe, Ashley C. Williams.

Productora: Metro-Goldwyn-Mayer (MGM), Imagine Films Entertainment, Lucasfilm.

En las mazmorras del castillo de la hechicera y malvada reina Bavmorda, una prisionera da a luz a una niña que, según una antigua profecía, pondrá fin al reinado de la hechicera. La comadrona intenta salvar a la niña de la ira de Bavmorda, pero, alcanzada por los perros de presa del castillo, no tiene más remedio que arrojar la cuna al río. Gracias a la corriente, la cuna llega a un pueblo de enanos, donde la niña es adoptada por el valiente Willow.

Acerca de Marco Guillén 3946 Articles
Aguanto los trapos a Jordi Savall. Leo ciencia ficción hasta durmiendo y sé que la fantasía es un camino de ida del que ya no tengo retorno.

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