Crouching Tiger, Hidden Dragon-Sword of Destiny: ‘Una espada para gobernarlos a todos’

Llega la secuela de la producción de 2000, dirigida por Ang Lee y multipremiada. Esta vez con mucho menos épica y más énfasis en las peleas.

Por @diegui83

“Código, Deber, Honor. Cosas por las cuales vale la pena pelear…”

Al inicio del milenio el director asiático Ang Lee nos trajo la épica El Tigre y El Dragón (Crouching Tiger, Hidden Dragon, 2000), un cuento embebido de epopeyas chinas, mezclado con romances imposibles y deudas de honor, ganadora entre otros premios, al Mejor Film Extranjero. Sus peleas, perfectamente coreografiadas, marcadas cual ballet cantonés, sus escenarios y su música eran un deleite a la vista y al alma.

16 años después (y 18 en la historia) llega esta secuela dirigida por  Yuen Woo-Ping, el coreógrafo de la original y de Matrix, entre otros films, con una buena intención pero con varias fallas que la hacen una digna secuela, no muchas que eso.

Yu Shu Lien (Michelle Yeoh) regresa a Pekin para presentar sus respetos al fallecido Señor Te, encontrándose de nuevo con la espada Destino Verde, esa que tanto problemas le causó en el pasado. Hades Dai (Jason Scot Lee) es el señor más temido de todos los clanes de artes marciales, déspota y asesino, que gracias a las profecías de una vidente y bruja se embarca en la obsesión de obtener dicha espada para unir a todos bajo su vara y su dominio de terror.

Michelle Yeoh siempre impecable en esta clase de producciones, y aquí volviendo a su personaje más recordado

Hades Dai envía a Wei Fang (Harry Shum, Jr.), por pedido de la hechicera, para que roba la espada legendaria. Este joven tiene un pasado que lo conecta con la alumna de Shu Lien, Jarrón de Nieve (Natasha Liu Bordizzo), que irá descubriendo en la tensión sexual que ejercen cuando el muchacho sea capturado en la Casa de Te. También la joven hace sospechar a Shu lien, por su misteriosa llegada al lugar y su obsesiva curiosidad hacia Wei Fang.

Mientras Hades Dai envía otra tropilla de ninjas para robar el Destino Verde, La Casa de Te busca ayuda a guerreros que sigan El Camino de Hierro, filosofía que la mayoría de las personas con honor siguen. Entre los que responden el llamado se encuentra Lobo Silencioso (Donnie Yen), antiguo prometido de Shu Lien, a quien se creía muerto bajo la espada de Hades Dai. Así se mueven los protagonistas, de nuevo en defensa de un arma legendaria que, al parecer solamente trae infortunios. Secretos, amores, venganza, una mezcla que pocos directores suelen llevar bien a cabo.

Aquí el film falla en dar más prioridades en las secuencias de acción que en la historia, bastante floja y que hace agua en varias partes. El romanticismo deja lugar a una historia de venganza que es “tiradad de los pelos”. Obviamente las coreografía de pelea son impresionanates (sobre todo la del lago nevado y la de la torre donde reside Hades Dai, en el final), pero carecen del ballet de la original, sin mencionar que en los planos abiertos se nota demasiado el uso del CGI y la pantalla verde. Otro de los problemas de este film es la lengua que se habla: mientras en la original el dialecto hablado era el Chino Mandarín ( lógico, ya que es el lenguaje tradicional del  wu xia pian), aquí todos hablan inglés y esto le saca el misticismo oriental que le podía quedar.

Hades Dai (Jason Scott Lee) el malo a vencer. Una especie de Señor Oscuro de la Trilogía de Tolkien

El film parece apoyarse mucho en la mitología de Tolkien, donde un señor feudal necesita unir los diferentes clanes bajo su mano y así conquistar sus ansias de poder. Mientras tanto, la película esta basada en la Pentalogía de Hierro de Wang Du Lu, un género de espadachines chinos, siendo ésta la adaptación del último libro de la saga.

Por último, la película si bien carece de todo lo positivo que tenía la original, es un entretenimiento más que hace crecer a la cadena Netflix en lo que a contenidos originales se refiere, pero habiendo visto esto y el film de Adam Sandler, se nota que todavía hacen falta pulir las conversaciones entre guionistas y los involucrados en las producciones, para lograr un acabado más profundo. Por suerte, Beasts of No Nation (2015), el primer film original dirigido por Cary Fukunaga fue un éxito de críticas. Ojalá tengamos más films de esa talla y menos secuelas innecesarias.

 

 

 

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