[VIERNES NEGRO] «Simplemente Sangre» (1984), de Joel y Ethan Coen

UN CAMINO SIN RETORNO

La ópera prima de los talentosos hermanos Coen no podría haber sido un debut cinematográfico más perfecto, promisorio y visionario. Simplemente Sangre es un excelente exponente del cine noir moderno.

Por @Maxi_CDC83

Esta extraña pareja se ha constituido en un estandarte del aciago cine de autor norteamericano en las últimas dos décadas y Simplemente Sangre (Blood Simple, 1984) se erige como un facsímil razonable de la mejor época del cine negro. Con reminiscencias de las grandes obras de Orson Welles o Billy Wilder, así como también precursora de otras gemas coenianas del policial negro como Miller’s Crossing o Fargo. El film es una historia de infidelidad, engaño y asesinato donde venganzas, equívocos y traiciones se irán desarrollando a medida que esta trama avanza.

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Los Coen (compartiendo labores de dirección y guión) se conjugan a la perfección para realizar un film de historias paralelas y secretos que esconden lo que realmente es y en donde el trágico destino del azar juega un rol preponderante a medida que se cruza en la suerte o desgracia de estos personajes, haciéndolos caminar por un estrecho camino que separa lo moral de lo inmoral, un retrato que con los años se convertiría en un arquetipo del cine de la hermandad de directores.

Esta narrativa captura una atmósfera atrapante y subyugante que, sumado a un elenco impecable (Dan Hedaya, John Getz, Frances McDormand y M. Emmet Walsh), se nutre de una exquisita puesta en escena texana. En manos del hoy reconocido director Barry Sonnenfeld, la misma potencia una fotografía impecable de claro oscuros y sombras dignas de un auténtico neo noir. Despojada de cualquier exceso o clisé y dueña de un ritmo arrollador y de un impacto que juega con lo inmoral y lo violento, Simplemente Sangre captura la verdadera esencia que reviste a estos cuatro personajes protagonistas: su amoralidad.

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Nadie tendrá dudas que estamos hablando una de las duplas de cineastas más talentosos del último tiempo que Hollywood haya producido. El manejo de cámara de los Coen, se observa, es depurado desde su primera película. La puesta de cámara es una herramienta clave a la hora de aumentar el dramatismo de cada escena, ya que nos involucra en la mirada del personaje. Y en ese preciso sentido, la mirada subjetiva a la que el espectador activo complementa toma vigencia en un plano secuencia, como aquí los hay en cantidad, memorables.

Los personajes que transitan el film -y se puede comprobar a lo largo de la tan extensa filmografía de los Coen- son personas comunes y corrientes confrontadas situaciones extrañas pero realistas, tragedias sin retorno que solo los hunden más aun en la perdición. Aquí radica también la identificación del público con el personaje, esa empatía que tanto pregonaba Hitchcock, y que nos lleva a entender su proceder y hasta anticipar su comportamiento. Las criaturas que transitan el universo coeniano con los inequívocos síntomas de un cine que ya comenzaba a mostrar rasgos de autor: personajes sufrientes en medio de una espiral de sangre que deja a su paso el impecable policial con el que los hermanos oriundos de Minneapolis se presentan en el cine de las grandes ligas.


Título original: Blood SimpleBlood Simple Poster

Año: 1984

Duración: 96 min.

Dirección: Joel Coen

Guión: Ethan Coen

Música: Carter Burwell

Fotografía: Barry Sonnenfeld

Reparto: Frances McDormand, Dan Hedaya, M. Emmet Walsh, John Getz

Productora: Foxton Entertainment / River Road Productions

 

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