5 razones para ver… «PENNY DREADFUL»

Con la llegada de una tardía secuela titulada «Penny Dreadful: City of Angels«, que estrenará Showtime en abril, también del mismo creador John Logan, creemos que es una buena oportunidad de recordar la original que supo cautivarnos con sus reminiscencias de fantasía gótica y una reconstrucción de los personajes de la literatura clásica inolvidable.

Por @mauvais1

La serie original, producida por Neal Street Productions y televisada por Showtime desde 2014 a 2016 es una creación de John Logan, consumado guionista y productor del que nombraremos «Gladiator» (2000), «The Last Samurai» (2003), «La invención de Hugo Cabret» (2011) y las «Skyfall» y «Spectre» de 007, para ejemplificar su versatilidad como cuentahistorias. Y que en «Penny Dreadful» cuyos episodios fueron dirigidos por J.A. Bayona, Paco Cabezas y Damon Thomas (Killing Eve – 2018) entre otros, con producción de Sam Mendes, redescubrieron para la platea televisiva los viejos y queridos monstruos de la literatura gótica romántica y el naciente género de la ciencia ficción como Frankenstein, Drácula, Jekyll y Hyde. Esta vez la búsqueda se centró en los aspectos espirituales, y por qué no, metafísicos de esos escritos. La relectura logró evitar el monstruo de la semana, para abordarlos como fueron concebidos; parias de un mundo que no comprendía su naturaleza y menos aún qué significado tenía la vida y la muerte en sus intrincadas y fantásticas historias.


Los guiones

Para narrar las peripecias vividas por Vanessa Ives (una soberbia Eva Green) y el variopinto grupo de protagonistas, los guionistas John Logan, Andrew Hinderaker y Krysty Wilson-Cairns (1917) toman como base la novela de Bram Stoker, «Drácula» para expandirlo luego a Mary Shelley y su «Moderno Prometeo«, Robert Louis Stevenson y ese «extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde» por mencionar algunos. De ellos no solo tomaron sus personajes, también los interrogantes que planteaban con la dúctil prosa; en donde exploraban temas con gran dosis de eufemismos, el sexo, la identidad de género y sexualidad, la muerte, la pasión en todos sus aspectos.

Ellos recrean sin sutilezas lo que los autores solo trazaron como subtexto y en entrelíneas, pero lo mantuvieron con la florida construcción de un lenguaje ambiguo y recargado que más que parodiar, parecía retomar el ingenio del lenguaje que tanto se alentaba en aquellos tiempos. Son voces y dichos que encuentran en el decir la construcción de ellos mismos, pero alimentan el misterio con las acciones de estos. Son enumeradas estas criaturas como parias en un mundo que no los comprende, porque su naturaleza no sólo trastoca lo humanamente conocido, también la trasciende al advertir que hay mucho más que una realidad física e histórica, también sitios donde reside la maravilla. Habrá menciones a los autores, como también a otros literatos y poetas que profundizan en versos y citas los padecimientos y anhelos de los protagonistas.


El título

«Penny Dreadful» apela a las publicaciones folletinescas del siglo XIX que con entregas semanales o mensuales narraban historias de terror y crimen y que tenían el costo de un penique (Penny) cada uno, porque la serie los tiene, aunque en menor medida, pero el juego está dado para que el espectador trace el paralelismo. Terror gótico, drama social y ficción alternativa. Las bases no dejan de ser un drama violento que ahonda en la psicología de los personajes, que la coralidad de la serie, no escatima en los introspectivo de su búsqueda. Y por supuesto, que como su homónimo literario, el sensacionalismo, el melodrama con tintes de criaturas oscuras, la sangre, el sexo.


Los personajes

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Sir Malcolm Murray, padre de Wilhelmina o «Mina», interpretado por Timothy Dalton, Ethan Chandler (Josh Hartnett), Vanessa Ives (Eva Green), el magnífico Rory Kinnear que interpreta a la criatura de Frankenstein llamado aquí John Clare. Reeve Carney como Dorian Gray, Billie Piper y esa asombrosa libertadora feminista Lily, Simon Russell Beale como Ferdinand Lyle – una suerte de Oscar Wilde del mundo académico -, Helen McCrory como Madame Kali y Patti LuPone, en un doble juego entre la psicóloga o podríamos decir médico alienista Dra. Seward y la bruja Joan Clayton y hasta una «Justine» (Jessica Barden), que mucho se ajusta al personaje creado por el Marqués de Sade en «Justine o los infortunios de la virtud«. Unos reconstruyen sus bagajes literarios, otros lo reescriben aunque manteniendo el espíritu con que fueron creados. La fuerza de sus acciones, como sus líneas trazadas con muy buen tino, son lo mejor de la serie, los intérpretes logran conmover con sus historias, entretejidas hasta el mareo en la protagonista que es Vanessa Ives.

Un ejemplo es la magnífica Billie Piper, muerta como una prostituta y revivida por Victor Frankenstein a pedido de su creación como posible pareja, que aquí trastoca todo lo narrado hasta hoy con las historias de la «Novia de Frankenstein» para convertirla en una criatura fuera de su rango y época. Utilizan ese recurso para insertar un personaje actual que hablará sobre los infortunios de la mujer. Bien lo aclara en su soliloquio ante el aterrado John Clayton, «Alagamos a los hombres con nuestro dolor. Nos inclinamos ante ellos. Nos convertimos en muñecas para su entretenimiento. Perdemos nuestra dignidad dentro de corsets y zapatos de tacón y chismes y la esclavitud del matrimonio! ¿Y nuestra recompensa por nuestro servicio? Un sopapo de revés… La cara contra la almohada… Y la concha dolorida y sangrante cuando nos fuerzan en sus camas a recibir sus pesados cuerpos gordos! Nos arrastran a callejones, mi muchacho, y nos acaban en la boca por dos chelines, cuando no están golpeándonos sin sentido! Cuando no estamos sangrando por los ojos y la boca y el culo y la concha! Nunca más me arrodillaré ante un hombre. Ahora ellos, deberán arrodillarse ante mí!« La escena vista a través de un espejo roto que la refleja en varios rostros, la mujer que es muchos y encontrados sentimientos.


La producción

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La reconstrucción acertada de una era victoriana de finales del XIX, casi al borde del Eduardismo de comienzos del novecientos; la Londres híbrida de una oscuridad medieval y una tenue aunque dorada luz eléctrica, es el escenario perfecto para este juego de folklore y ciencia, de cambios sustanciales y un laberinto de callejuelas que escenifica las mentes de sus protagonistas. Jonathan McKinstry (The Borgias, The Terror) en el diseño de producción, Nenazoma McNamee (Ripper Street, The Alienist) en el arte y la ganadora del Oscar por «The Age of Innocence» (1994), Gabriella Pescucci en el vestuario crean una ecléctico y perfecto marco al drama que roza, sugiere y hasta coquetea sórdidamente con el melodrama de época.


Eva Green y Rory Kinnear

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Eva Gaëlle Green, nacida en francia, que supo que era lo suyo la actuación cuando vio a Isabelle Adjani en «L’Histoire d’Adèle H.» de François Truffaut, ha tenido una interesante carrera en el medio, tanto cinematográfico como televisivo, desde su aparición internacional con Kingdom of Heaven (2005). Personajes cargados de dramatismo, aún en comedias como «Dark Shadows» (2012) logra en esta serie un personaje complejo, cargado de matices. La vulnerable víctima de una truculenta historia de amores perdidos y condes vampíricos, como también el desarrollo de una heroína de corte netamente trágico, al uso de las novelas góticas romanticas. La final girl, es abordada desde el quiebre y la vulnerabilidad femenina, sugiriendo una tremenda fuerza que se irá develando a lo largo de las tres temporadas.

Rory Kinnear, el actor londinense, del que seguro recordarán de «Years and Years» (2019), interpreta a la criatura del Dr. Frankenstein, que se hace llamar John Clare, mismo nombre que el poeta británico fallecido en 1864, llamado por la crítica el poeta de la clase trabajadora, y ferviente defensor de la naturaleza y la campiña en tiempos de la explosión industrial. Para entender el propósito de tal nombre citaremos al crítico Jonathan Bate; «(…) Nadie ha escrito más poderosamente sobre la naturaleza, de la infancia rural y del yo alienado e inestable«. El actor aborda un personaje fantástico; el antihéroe mixturado con el drama propio de criaturas nacidas de la pluma de Shakespeare, complejo en su psicología se desarma entre la luz y la oscuridad de su existencia. La fuerza romántica y tempestuosa de Byron, un ser fuera de su tiempo, porque presagia lo que serán los artificios propios de la Sci Fi, como la soledad e incomprensión de droides sitientes, y a la vez el pasado remoto y mitológico con su condición de súcubo, de criatura hecha por el hombre anhelando ser Dios. El versátil actor lo aborda con terror como lo patético sin perder el balance. Un carisma que roba cada escena que protagoniza.

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Acerca de Marco Guillén 2846 Articles
Aguanto los trapos a Jordi Savall. Leo ciencia ficción hasta durmiendo y sé que la fantasía es un camino de ida del que ya no tengo retorno.

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