[OPINIÓN] El Marginal 4

Después del incendio de San Onofre, los destinos de Pastor, Mario Borges y Diosito vuelven a cruzarse en el penal de Puente Viejo.

Por @mauvais1

Ha sido la llegada de los cuatro primeros episodios de esta cuarta temporada, dados por Netflix, para escribir una review antes de su estreno en la plataforma, que me han introducido en el universo creado por Israel Adrián Caetano y Luis Ortega. Y ciertamente es un viaje al mismísimo infierno de las ficciones carcelarias. El Marginal construye un todo magnifico que deja al espectador por momentos atónito ante la carga de violencia y cinismo con que se retratan sus protagonistas.

La historia, luego de las precuelas, retoma donde nos dejó el final de la primera temporada, en ese estallido apocalíptico que pareció consumirlo todo, pero que a la larga solo maceró un nuevo encuentro entre los Borges (Claudio Rissi y Nicolás Furtado) y Pastor (Juan Minujín), una filial, podríamos decir, de la «Sub21» con César al mando y, porque no podía ser de otra manera, el regreso de Gerardo Antín (Gerardo Romano), esta vez con un cargo político. La nueva cárcel, ese pozo penumbroso, el penal de Puente Viejo, es un teatro macabro que genera todo un cambio en la dinámica visual que hasta entonces tuvo la serie.

Y entonces comencé a interpretar el espectáculo como una alegoría, por un lado porque no dan mucho espacio para no hacerlo, pero también porque y más allá de alguna torpeza en su exageración, es brillante cómo todo se puede leer como si de un cuento alegórico que no metafórico sobre la perdición y la condena espiritual. He leído en incontables criticas y análisis sobre la constante búsqueda de dar sentido a la extrema, cruenta y hasta casi insoportable violencia con que se narran los hechos, y es de tener en cuenta claramente. Pero a la vez y también, la historia no tendría el sentido teatral -casi operístico- que posee sin ella. No es ni de cerca una visión realista de la vida carcelaria en Argentina, de la corrupción o el vandalismo, no hay razones para documentalizar el drama, más bien surtirlo de toda una utilería que sostenga en realidad una búsqueda de entretener y estremecer al espectador en un drama coral que bien le queda ese proscenio crepuscular que habita.

Más allá de la obvia referencia a La Divina Comedia (1472) de Dante Alighieri, al que se cita en una de las tramas que reinterpreta sus círculos infernales y los portentosos castigos de quienes lo habitan (hasta hay ríos ocultos trazando fronteras), también es un drama grandilocuente y estrafalario, de exagerada -en el mejor sentido- reinterpretación de arquetipos, de actores universales del mal. Nota positiva, nadie es bueno, nada es salvable, y aquellos que podrían serlo (en cierto sentido ya que no dejan de ser reos de algún delito) son puestos a prueba una y otra vez, y los vemos caer cada vez más profundo en ese abismo.

En esta cuarta temporada la cárcel es más que nunca un teatro, un escenario construido con visos fantásticos, un laberinto inabarcable de pasillos, oficinas, puentes, enmarañados sótanos, celdas comunales con fragmentaciones internas y patios. Escenarios dentro de otros, como los creados por Mervyn Peake y Michael Moorcock en sus Fantasías de costumbres (Fantasy of manners), porque El Marginal lo es, es una construcción fantástica y estratificada, de intrigas palaciegas, de duelos entre facciones, de luchas amorosas y perdición.

El presidio es dirigido por Galván, un sobreviviente de dictaduras y democracias que ha llegado hasta hoy gracias a sus habilidades, un zorro viejo con viejas y desagradables costumbres que ha medrado en las sombras de la política. Este nuevo personaje traza toda una nueva dinámica de poder entre los protagonistas y da a los espectadores magníficos duelos actorales entre Rodolfo Ranni (Galván), Claudio Rissi (Mario Borges), Gerardo Romano (Antín) y Luis Luque (Coco), por dar algunos ejemplos.

Nuevas e incomodas alianzas, un escenario digno de una tragedia por qué no shakesperiana, un tratado sobre los males y sus causas y consecuencias, El Marginal regresa con fuerza y aspereza, con crueldad y una violencia que conmueve. Hay amor, y compasión, hay almas torturadas por visibilizar sus ansias, más que nunca el unidos por el espanto. En Puente Viejo, el viaje será escabroso, por momentos pavoroso y dará seguramente nuevas controversias y análisis sobre la caracterización o caricaturización de la violencia carcelaria, sobre la estigmatización de sectores sociales, aunque también un viaje, en clave ficcional, sobre los oscuros recovecos del alma humana, el sobreviviente que no héroe de una tragedia y la voluntad de las almas perdidas de reconstruir vidas a pesar de ser solo sombras de lo que fueron.

Es aquí donde más encuentro parecidos con ficciones de la talla de Juego de Tronos, de la dramática (por teatral) construcción de un universo ficcional capaz de narrar los fantaseados «Y si…». Porque lo hace, y cuando lo hace, ese esperpento es magnifico.


Título: El Marginal 4

DirecciónAlejandro Ciancio, Mariano Ardanaz.

Guion: Omar Quiroga, Nicolás Marina, Andrés Pascaner, Natalia Torres, Gabriel Macias. Historia original: Sebastián Ortega, Israel Adrián Caetano

Reparto: Juan Minujín, Nicolás Furtado, Martina Gusman, Claudio Rissi, Gerardo Romano, Luis Luque, Rodolfo Ranni, Abel Ayala, Ana Garibaldi, Ariel Staltari, Daniel Pacheco, Marcelo Peralta, Facundo Espinosa, Ernesto Larrese, Juan Ignacio Quesada, Guadalupe Docampo, Jorge Lorenzo, Fernando Miró, Lautaro Rodríguez.

Productora: Underground Contenidos, Telemundo International Studios.

Serie de TV: 8 episodios.

Después del incendio de San Onofre, los destinos de Pastor, Mario Borges y Diosito, vuelven a cruzarse en el penal de Puente Viejo, liderado por un cínico director, junto al Mono y su banda, capos de los presos. A esta confrontación se suma la filial local de la Sub21. En tanto, el reencuentro entre Pastor y Diosito revivirá fuertes sentimientos para ambos. Desde afuera, Sergio Antín operará para adueñarse del poder de la cárcel. Y Emma Molinari ayudará a Pastor en un nuevo y peligroso intento de fuga.

Acerca de Marco Guillén 3937 Articles
Aguanto los trapos a Jordi Savall. Leo ciencia ficción hasta durmiendo y sé que la fantasía es un camino de ida del que ya no tengo retorno.

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