The Sinner: La Religión, La Culpa y La Fe en la serie.

The Sinner es una de las series tendencia en el catálogo de Netflix; no solo por su narrativa y visual, sino por los diferentes tópicos que allí se encuentran y que tienen más de un punto de vista y reflexión.

Por @ElPatoAlvarez_

Tanto Marco Guillén por un lado, como Giuliana Cappiello han hablado aquí sobre The Sinner; cada uno con su perspectiva y su enfoque particular. Ahora, me permito analizar desde un punto de vista quizás, un tanto polémico o urticante, como es el de la Religión y su Fe, la que atraviesa la mayor parte de la serie y es motivo desencadenante (desde mi opinión) por el que el personaje de Jessica Biel hace lo que hace.

Obviamente si no viste la serie te aviso que hay SPOILERS por doquier.


La Familia y la religión

Cora (Jessica Biel) crece en una familia donde el cristianismo es moneda corriente y donde la figura matriarcal es la que lleva esta doctrina. El término “Familia” deriva de la lengua osca (itálica) Fámulus que significa, literalmente, “esclavo o sirviente”. Esta raíz, que proviene de un lugar donde la Iglesia se fundó para esclavizar al ser humano mediante el premio-castigo del Paraíso-Infierno, no es casual. En este caso, Cora es primero (según la madre) artífice de la enfermedad de su hermana; luego, es relegada casi a una sirvienta de la misma. Todo lo que diga la madre en esa casa sobre el pecado es “palabra santa”. El personaje interpretado por Enid Graham parece una copia calcada de Piper Laurie como la madre de Carrie White en “Carrie (1976)” de Brian de Palma, donde su religión y su biblia parecen más una interpretación libre a piacere y conveniencia que siquiera lo que los sacerdotes dicen en misa (que sigue sin ser la pura verdad e interpretación).

Obviamente lo que su madre dice, Cora lo acepta desde pequeña y así se va formando su percepción del mundo y la vida: todo lo que no convenga a su hermana es pecado y será castigado por Dios. Reveladora es la escena donde la tía de las pequeñas le regala a Cora una barra de chocolates como “premio” por el esfuerzo: el envoltorio, rojo como la manzana del pecado, es dado por su tía, una actriz de teatro (las cuales son todas prostitutas, según la madre de Cora y sus “pensamientos arcaicos”).

No hace falta aclarar la gigantesca figura del Jesús Cristo colgado en la pared del comedor, como advertencia del flagelo por el que el ser humano sigue siendo culpable eternamente, sin embargo es crucial en el crecimiento de las niñas y su identificación con una figura masculina, ya que su padre le es infiel a su madre y ya es casi un desconocido sin relevancia (menos de la que ya tenía). Todo esto confluye en la dirección en la que Cora (o su inconsciente) logra enturbiar recuerdos reprimiéndolos y disfrazándolos: en la pubertad finalmente la hermana enferma comienza a dormir en su misma habitación, ya que la madre la sobreprotegía y compartía cama con ésta; este hecho confiere la aparición de la otredad (el otro que es diferente pero similar, dos caras de una misma moneda) en Cora, incluso se puede ver que su padre deja en la cama a la pequeña pero la vemos fuera de cuadro. Solamente aparecerá cuando la conformación del Ego o el Yo en la pubertad comience a manifestarse sexualmente más fuerte. La represión adquirió un nuevo envase visible con el cual (no) identificarse.

Para Cora, el enfrentamiento interno entre el deseo y el pecado se manifiesta a través de ver por la ventana (indiscreta) al vecino y su novia, y se desata a través de su hermana, quien la incita a dar un paso por el cual ella misma y su mente reprimida por la religión nunca haría. La hermana es todo lo que ella puede ser y no es; a su vez, su otro lisiado, enfermo, es la encarnación de la libertad que quiere salir a la luz pero no puede. Ninguna de las dos hermanas puede vivir sin la ayuda de la otra. Un mutualismo casi vampírico se podría decir. Así, la hermana se convierte en la burla de Cora hacia su familia y su fe, las cuales va perdiendo a medida que va creciendo.

Aún así, como podemos ver en la serie, la vida de Cora es atravesada constantemente por el mito religioso: la carga (la cruz) que fue su hermana la libera pero a la vez la oprime al liberarse ella misma en ese sótano fatídico; sótano que es la representación mitológica del Infierno y sus excesos (drogas, sexo, incluso hay unos cuernos de carnero colgados en una pared y una foto siniestramente borrosa de tres personas). También existe, virtualmente el planteo filosófico en el cual la ciencia es constantemente la antítesis de la religión y la fe, donde el accidentado “asesino” de la hermana de Cora es estudiante de medicina. Toda una ironía que alguien en su afán de curar termina quitando una vida.

Luego del trauma y que el inconsciente esconda todo lo reprimido, Cora inicia una nueva vida, en apariencia satisfactoria y madre de familia. Pero algo anda mal. Algo falta y el detonante es un tema musical u una cara extrañamente familiar que no recuerda. Siete puñaladas al supuesto extraño bastaron para su muerte. No es casual que sean siete precisamente, como dije, el mythos en Cora sigue latente: Siete los Pecados Capitales, según la religión cristiana. Y, casualmente, la primera puñalada a la yugular terminaría con la vida del muchacho: “extrañamente”, el Papa San Gregorio Magno confeccionó la lista definitiva de los mismo en el Siglo VI y, “casualmente” el primero que encabeza la lista es La Lujuria.

Una más: Cora desaparece el 4 de julio de 2012, fecha de conmemoración de la Independencia de los Estados Unidos. Más allá de la ideología política, el país se fundó bajo la fe protestante en su mayoría, quienes aún son casi el 50% de la población de ese país y, más allá de sus ramas, las más ortodoxas pregonan un castigo infernal a los que ellos llaman pecadores.

Dios se (con) funde con el hombre

Nada es casual en esta serie, ni siquiera la entrada en la investigación del fallido Detective Harry Ambrose (Bill Pullman), quien vendría a ser tanto una figura paterna como el depositario de la fe perdida de Cora y, eventualmente, su salvación de los infiernos. Una especie de figura divina. Y otra vez, nada es casual: en un primer momento, Harry actúa como un detective ante otro caso, hasta que ve que algo no cuaja del todo, no hay motivo aparente y es bastante anormal que el acusado fácilmente se presente como culpable y ni siquiera pida un abogado defensor. Una chispa se enciende en el detective de policía, algo que lo identifica con él mismo y su vida, su pasado. Así como Dios debe identificarse con el hombre para verse Dios y saber de sus falla, así el detective Ambrose.

Al comienzo, la relación entre Cora y Ambrose es tensa, para luego dar comienzo a una especie de confidencialidad, tan extraña que solo puede verse en un confesionario (ni siquiera un psicoanalista logra tal relación). Una especie de amor-odio que Cora tuvo con su fe y con su Dios, ahora trasladada a esta figura canosa, barbada, que quiere ayudarla pero no puede hasta sentirse completamente involucrado y afectado.

El detective comienza a ver que Cora sufrió mucho más de lo que aparenta, viéndole las marcas de una supuesta adicción en los brazos (estigmas), el golpe en su cabeza (corona de espinas) y comienza el camino donde la fe de nuevo es protagonista y sale a la luz en Cora pero de otra forma, sin embargo el depositario siempre es el Otro, en este caso, el detective Ambrose; quien entre muchas de sus fallas que lo hacen el anti-héroe que es, es la compulsión sexual a los castigos físicos. Esta práctica le dejó como marca visible el dedo índice y medio marcados. Esta imagen refleja el mithos en varias obras de arte que representan a Jesús con esos mismos dos dedos elevados, simbología que representa la dualidad Dios-Hombre. Más claro, echale agua (bendita).

Para concluir, hay un diálogo donde claramente se ve la actitud de Ambrose y Cora en tono de confesión: un banco, ella sentada, él sentado en el respaldo, de espaldas a ella; arriba, casi omnipresente pero un tanto resignado y descreído. Así, Cora le dice a su “Dios y protector personal”: No me abandone. ¿Trata a todos así o solo a mí? Le revelo todo mi interior y usted actúa como si nada sirviera.

Sin lugar a dudas, The Sinner es una serie que tiene muchas aristas y hoy, me he propuesto mostrar una más, que espero sea de su gusto y les revele un poco más los conflictos de sus protagonistas y, por qué no, de la vida misma.


Título: The Sinner

Director: Antonio Campos

Guion: Derek Simonds (Libro: Petra Hammesfahr)

Reparto: Jessica Biel, Bill Pullman, Christopher Abbott, Teri Wyble, Patti D’Arbanville,Abby Miller, Eric Todd, Dohn Norwood, Robert Funaro, Devin McGee,Michael H. Cole, Gretchen Koerner, Ruby Barnes, Leslie Fray, Katelyn Farrugia,Meredith Holzman, Sunshine Tovar, Anna Elizabeth y Stephanie Olah Kelly.

Una madre (Jessica Biel), víctima de un inexplicable ataque de rabia, comete un sorprendente acto de violencia y horror en el que, para mayor desconcierto, no tiene ni idea de por qué. El investigador (Bill Pullman) se encuentra obsesionado con descubrir el motivo oculta de la mujer. Juntos viajarán por un viaje desgarrador hacia las profundidades de su psique y los violentos secretos escondidos en su pasado

 

 

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