[REVIEW] 1899 – Temporada 1

Hablemos sobre la nueva serie de Baran bo Odar y Jantje Friese, los mismos de la celebrada «Dark», que se estrena este 17 de noviembre.

Por @mauvais1

El cuarto cerrado, las pistas diseminadas en él, donde solo una mente filosa puede convertirlas en los eslabones de la cadena de hechos ocurridos. El cuarto es una mansión, un pueblo aislado. La ingeniería del caso, geográficamente, tiene el mapa de un cerebro, de la victima quizás o del asesino, seguramente. Y el misterio es interno, se disecciona de la mente humana y de su compleja maquinaria…

Jantje Friese y Baran bo Odar, los creadores de la ya mítica Dark (2017-2020), regresan para un segundo round con sus thrillers que bien valen un drama de ciencia ficción como una, aunque somera, disertación sobre la humanidad rota. Esta vez el pueblo se troca por un barco en alta mar, una gigantesca maquina que surca los océanos mientras que sus tripulantes y pasajeros se estancan en sus propias miserias.

En Dark, el misterio de las desapariciones comenzaba a desenredar o, más bien a iluminar, los rincones más oscuros del pequeño pueblo, plagado de secretos, de personajes que no eran quienes con fanática obsesión decían ser. Un culebrón de engaños, falsos profetas y familias disfuncionales enmarcado en un thriller de ciencia ficción dura y pura sobre viajes a través de universos alternos, que en definitiva peroraba sobre el destino, el que pensamos impuesto y el que soñamos elegido. Pero aquí, la propuesta, como el mismo barco lo advierte, es el escape, la esperanza de un mundo diferente al que abandonan con dolor. 1899 es una recreación de la ilusión que los inmigrantes desposeídos en sus propias tierras buscan en el que todavía era llamado el nuevo mundo. Algunos cargando con sus creencias y sus miserias económicas, otros rastreando desesperados mejores perspectivas individuales. Reos de pasados mezquinos. Infelices que no advierten que aún en nuevos horizontes son ellos mismos quienes arrastran las condenas, las sombras de sus decisiones y que solo las trasladan a nuevos paisajes.

El Prometeo, el trasatlántico, navega hacia Estados Unidos. Un variopinto grupo de personajes, que van desde los países nórdicos hasta Portugal y desde Inglaterra al lejano oriente, pueblan los camarotes de las tres clases. La cruda e inamovible estratificación europea los estanca en una representación a escala de su mundo. Una que se reinterpretará una y otra vez entre ellos, dentro de ellos. Maura Franklin, despertada de una pesadilla, repasa sentada en la cama de su camarote el plan la ha puesto en ese viaje, y el misterio que comienza a desenredar es apenas una hebra de ese nudo gordiano que es la nave y sus ocupantes.

Si el espectador llega aquí por Dark se llevará varias sorpresas. Para comenzar, el misterio es mucho más prosaico, podríamos decir, que en la antes mencionada. Baran bo Odar y Jantje Friese parecen más interesados, esta vez, en el misterio Sci-Fi o fantástico que en la elaboración que los protagonistas puedan hacer de sus vivencias. Están allí, no nos confundamos, pero desde el inicio son introducidos en la compleja fantasía. Quizás esté pensado como una miniserie, no hemos visto el final aún sino apenas los primeros seis episodios, o tal vez la complejidad de lo que se quiere contar requiere esa sucinta decisión. Lo cierto es que la mística, es decir su mitología, es menos compleja y mucho menos metafórica, o tal vez alegórica, de lo que fuera la anterior.

1899 va directo al punto, no se esfuerza, decididamente no lo quiere, en construir alternativas plausibles, como lo haría cualquier thriller de misterio. El asesino es introducido desde el comienzo y las victimas dejadas atrás, poco después. Los misterios de los sobrevivientes, sin manipulación alguna, son presentados al instante, lo que llama la atención porque la construcción está puesta en lo macro, en las fuerzas que manipulan la historia. El creador, el triangulo, y otras anotaciones se amontonan en las libretas de los especuladores, pero no son insinuaciones o planteos que profundicen el misterio.

La narrativa está puesta en saber a dónde conduce, más que en saber a quiénes y por qué. Y es posible que esa sea la pieza que más ruido provoca en el entramado. Los personajes no son participantes, sino más bien hitos (complejos y sintientes, eso sí) de una historia que parece muy interesada en sus perturbaciones como metáfora y no tanto como un trauma a desenredar. Ellos contarán sobre algo externo, aunque el análisis finja lo contrario. Se supone que la experiencia es transformadora y que, de acuerdo al personaje, esta será determinante en sus decisiones finales. Aquí se trasladan advirtiendo, conociendo y asumiendo en una superficialidad extraña y desconcertante. La complejidad de los diversos idiomas, la comprensión a la que deberían someterse como herramienta para superar el drama, la reconfiguración mental que esto suscitaría y la alteración de sus percepciones respecto de los otros es esbozada pero no lo suficiente como pare ser parte sustancial de esta nueva convivencia. El engorro es superado sin explicación, sin trastornar la propia rareza.

Las alegorías, el simbolismo, las referencias literarias, la somera crítica social están ahí, aunque esta vez solo son el marco, la pista que da tridimensionalidad al paisaje. En Dark el misterio se profundizaba a través de una compleja red mitológica; mística que daba paso a un thriller de ciencia ficción sobre la física de los viajes en el tiempo y, al final, una exposición sobre las ideas del «Existencialismo» como pensamiento filosófico. Maduraba como el pensamiento humano a través de la historia podríamos especular. La tecnología más espectacular, subrayamos, podría pasar por magia para el lego. Aquí, en 1899, es otra la búsqueda. La construcción de la aventura y sus devaneos tiene otra finalidad que, como a cualquiera que no ha visto el final, se nos escapa.

De todas maneras, y como siempre, dejaremos al espectador la última palabra al respecto. Pero de nuestra parte ha sido un viaje complejo de descifrar en pocas palabras. Atractivo, sí, aunque interesantemente intrincado en su construcción más no en su enigma. Lo arcano ha dado paso a una aventura de acción física, de correrías en un barco y poco vuelo astuto en su desarrollo.

Se estrena globalmente el 17 de noviembre, sólo en Netflix.


Título: 1899

Dirección Baran bo Odar (Creador), Jantje Friese (Creador), Baran bo Odar.

Guion: Coline Abert, Emil Nygaard Albertsen, Baran bo Odar, Jerome Bucchan-Nelson, Jantje Friese, Emma Ko, Joshua Long, Darío Madrona, Juliana Lima Dehne.

Música: Ben Frost.

Fotografía: Nikolaus Summerer.

Reparto: Emily Beecham, Aneurin Barnard, Andreas Pietschmann, Miguel Bernardeau, Maciej Musial, Lucas Lynggaard Tønnesen, Rosalie Craig, Clara Rosager, Maria Erwolter, Yann Gael, Mathilde Ollivier, José Pimentão, Gabby Wong, Jonas Bloquet, Alexandre Willaume, Anton Lesser.

Productoras: Dark Ways, Netflix. Distribuidora: Netflix

Serie de Tv: 8 episodios.

Un barco de vapor lleno de inmigrantes europeos viaja rumbo a Nueva York. Todos en el barco sueñan con un futuro en el nuevo mundo. Cuando, durante el trayecto, descubren otro barco de inmigrantes a la deriva en alta mar, su viaje da un giro inesperado. Lo que descubrirán a bordo convertirá su viaje hacia la tierra prometida en un enigma de pesadilla que conectará el pasado de cada uno de los pasajeros a través de una complicada red de secretos.

Acerca de Marco Guillén 4024 Articles
Aguanto los trapos a Jordi Savall. Leo ciencia ficción hasta durmiendo y sé que la fantasía es un camino de ida del que ya no tengo retorno.

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